Diversidad cultural
- Pa´la gente

- 6 sept 2018
- 5 Min. de lectura

Tengo que contarles que jamás pensé escribir sobre mí, nunca se me pasó por la cabeza en que iba a ser el personaje de mi relato, pero bueno, si algo ha demostrado la historia es que todo es posible.
Primeros años.
Nací en buenaventura en una época (1995) donde la violencia era muy fuerte, donde los grupos al margen de la ley paradójicamente eran la ley del pueblo, quienes juzgaban y daban el veredicto ante una injusticia.
La policía hacia poca presencia, incluso ahora mismo que me pongo a pensar fueron muy pocos los policías que llegué a ver en los años que viví allá en mi tierra natal, solo veía a las fuerzas militares que de vez en cuando se paseaban por el pueblo, seguramente haciendo patrulla o comprando víveres.
Las faltas en mi tierrita se redimían con mano de hierro,“la letra con sangre entra” “al ladrón toca que reeducarlo a la fuerza”.Como no había una policía activa que atendiera al llamado de la comunidad en algunas ocasiones cuando se capturaba un ladrón la misma ciudadanía hacia justicia por cuenta propia, esa justicia consistía en humillar públicamente, desnudándolo o amarrándolo en algún poste y seguidamente le daban tabla hasta que quedaran satisfechos y creyeran que el delincuente había aprendido la lección. o cuando hablaban sobre un ladrón siempre se escuchaba seguramente en muchas partes de Colombia también pasaba lo mismo en ese tiempo, pues esa tendencia tan ortodoxa de enseñanza y castigo al día de hoy se sigue viendo; era muy popular ese dicho que los padres les recitaban a sus hijos cuando iban mal en el colegio
Recuerdos del Pacifico
A pesar de todos esos males del territorio y que muy seguramente pasa en todas las sociedades, de formas muy distintas, tengo que decir que los años que viví en buenaventura que fueron muy pocos desgraciadamente ya que tuve que partir en plena niñez, esto me bastó para permearme de aquella maravillosa cultura y de esa gente afro tan linda y amigable.
Rara vez veía a una persona “blanca” por así decirlo, pero para mí y para todos los otros era algo normal, nunca se me pasó por la cabeza preguntarle por qué tenía la piel diferente a mí, por qué los labios y los ojos eran tan pequeños y esas otras cuestiones que algunos “blancos” suelen preguntarle a los afros cuando los ven. La gente de mi buenaventura en general tiende a ser muy sociable, servicial y amable. La música y el baile hacen parte de nosotros y de nuestra cultura ancestral, en las cuadras nunca faltaba el vecino que ponía música para toda la cuadra y nunca fue criticado, es más la misma gente iba a la casa del vecino a acomodarse, a sentar, a hablar y pasarla bien. Esos actos de socialización son muy característicos en todo el valle, tuve la oportunidad de viajar a varias ciudades y pueblos de mi región el Valle del Cauca, el Choco, Cali y Cartago.

Después de tener la oportunidad de estar en diferentes espacios y con vivir con cada cultura, logro observar cómo los vallecaucanos son más sociables que los tolimenses (tierra en la que he permanecido durante un tiempo), pues los tolimenses tienden a aislarse en determinadas situaciones. Siempre nos preocupamos por tener las tradiciones intactas porque son lo que definen quienes seremos y son las que dicen quienes fuimos por eso desde la danza y la comida se trata de mostrar lo nativo, las herencias de décadas de esclavitud. Por eso, los artistas de los diferentes géneros musicales en sus canciones siempre tienden a tener unas cuantas canciones que hagan referencia a esa época de esclavitud, esto se hace con el fin de no olvidar, porque bien que dice el dicho “el pueblo que olvida es fácilmente manipulado”.
Tierra Pijao
Cuando tuve que despedirme de mi Valle hermoso y venir al departamento del Tolima me sentía muy triste, pues dejaba a mis familiares, mis amigos, a la raza con la que me sentía identificado y nunca tuve problemas por mi color de piel.

Al primer pueblo del Tolima al que llegué con mi familia fue en Anzoátegui me dio duro, muy duro, primero que todo por el clima, Anzoátegui es un pueblo frío mañana, tarde y noche, pues venía de vivir en pueblos de clima caliente donde las bajas temperaturas solo eran en la madrugada y parte de la mañana.
Otro cambio drástico fue la gente, pues veía a muchos mestizos y blancos, no conocí a ninguna familia negra en aquel puebl y los adultos nos trataron con mucha normalidad; mis problemas de identidad se presentaron cuando llegué al colegio, comenzaron esos malos comentarios, esas miradas raras como si yo fuera un objeto despojado de toda subjetividad. Un objeto raro al que ellos miraban y trataban de comprender porque tenía los ojos, labios y orejas más grandes que ellos, y además de eso, porque tenía la piel tan oscura.
Fueron situaciones que tuve que vivir y afrontar de la manera más pacífica en todo mi tiempo en el Tolima. Eso de mirar al otro como un bicho raro es doloroso y más cuando vienen comentarios de burla, en la mayoría de los casos siempre escuché lo que tenían que decir, así fuera la bobada más grande del mundo los escuchaba calladamente, esperando mi turno para responder, cosa que siempre hago y sigo haciendo hoy día pues soy partidario de la libre expresión así esa libertad del otro me duela.
En lugar de resentimiento, odio o cualquier tipo de pensamiento negativo que pudiera tener por esa discriminación en el Tolima, lo único que tengo es un profundo agradecimiento hacia todas esas personas, pues en vez de volverme débil me convirtieron en una persona fuerte, con carácter y con mucha paciencia, demasiada diría yo.

Bueno, ya pasando a otro plano y hablando un poco de la cultura Tolimense, me pude dar cuenta que aunque Ibagué se denomina la capital musical de Colombia sin ánimos de ofender o crear conflicto es muy "apagada" en ese aspecto, pues comparándola con Cali o con Buenaventura, que sí son muy encendidas, gracias a que tienen muchas academias musicales y de danza en donde hacen eventos culturales a lo largo del año, y la gente siempre está atenta de esos eventos animando y apoyándolos. Pero, en Ibagué hay un alejamiento de las personas a las diferentes manifestaciones artísticas, es como si quisieran desconocer sus orígenes de indígenas nativos de América, pues a los eventos culturales que he ido en diferentes partes de Ibagué y del Tolima -donde la Gobernación y la Alcaldía intentan promover una integración y un sentido de pertenencia por la región mediante actividades culturales- la gente no va, y si asiste es para ver a los hijos o algún artista famoso que va a llegar al final del espectáculo.
De acuerdo a lo anterior, cabe recalcar que estoy generalizando casi en todo lo que he escrito, pues si me pongo a enfatizar las particularidades de las ciudades vallunas que visité y las tolimenses en las que he estado esto daría para una monografía, desde donde podría analizar las particularidades y luego las generalidades de la cultura de dos regiones totalmente distintas y la pretensión de este escrito no es esa, solo quería mostrar algunos pensamientos que tengo sobre el cambio de una región a otra. La ciudad de Ibagué en la que llevo viviendo hace más de 7 año me ha acogido muy bien y ya me acostumbre a vivir aquí, que lindo es la multiculturalidad, siempre tengo presente que soy afro, que no puedo olvidar mis orígenes, y eso es muy importante porque crea una identidad, la identidad y la dignidad son cosas que no se pueden perder en ningún momento de la vida.



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