“La travesía por mi salud”, Miguel Antonio Albañil.
- Pa´la gente

- 26 oct 2018
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Entre fila y fila, entre espera y espera, estaba un señor longevo de 78 años, Miguel Antonio Albañil, nacido en las tierras del sur de Colombia, cerca del Nevado del Huila. Hace 20 años, se trasladó de su tierra natal, buscando mejores oportunidades en la llamada ciudad musical Ibagué.
Don Miguel recién llegó a esta capital, trabajó en la construcción, en un día de trabajo se enteró del programa de vivienda social, tiempo después fue beneficiario. Su casa se la entregaron posteriormente, es pequeña, cálida y está ubicada entre grandes cerros, en Cerros de Granate.
Las calles están despavimentadas y cuando hay días de invierno, la lluvia ablándese la tierra de estas peñas llevándolas entre casa y casa.

Hace dos años don Albañil, estaba con su esposa y su hijo, la tierra estaba entrometida en su cuarto, en el de su hijo, en la sala, dañando muebles, tapando el piso, él intentando sacarla de su hogar, hizo una mala fuerza y un dolor lumbar, esta con él desde ese día.
Miguelito, como lo llama su hijo el menor de los seis que tuvo, fue al médico en ese tiempo, sin embargo, donde le correspondía sacar citas con el especialista, le mamaron gallo como dice el coloquialmente, le decían “venga otro día”, “llame después”, “No hay agenda” esto último significaba que los médicos ya tienen suficientes pacientes y no pueden atender más.
Proceso para la atención:
Pero hoy en día el dolor es aún más fuerte, Miguel, retorna hacer las vueltas para que esta vez sea atendido, deja todo listo la noche anterior y se levanta cuando el sol duerme.
El anciano se pone un sombrero ancho color marrón, que tapa sus canas; una camisa, que abriga su pecho; un pantalón negro descolorido y unos zapatos que acompañan su marcha. Mientras que su esposa le prepara unos huevos revueltos con arroz, arepa y agua de panela, con el propósito de que se vaya bien desayunado, “Ojalá no le vaya a dar la pálida mientras hace tanta fila” comenta ella.
Se desayuna, y las 4:00am por tarde está saliendo de su casa a pie hasta donde pasa la primera buseta naranja en la principal avenida del barrio San Isidro, para entonces, ya son las 5 de la mañana.
Tarde llega don Miguel Albañil al hospital tipo 5:20am, pese a levantarse tan temprano está a riesgo de que no le entreguen ficha, pues ya hay más de 60 personas, una tras de otra esperando una boleta con un número plasmado, la primera persona en la fila llegaría más o menos a las 3:30 o 4:00am seguramente viviendo otra travesía igual o peor que la del señor Miguel.
Cuando las dos funcionarias llegan a las 6:30 de la mañana, bien vestidas, con tacones, diferenciándosen entre los pacientes, una con un rollito blanco con más o menos 60 papeletas para citas médicas y la otra, con las 40 boleticas color rosa para citas odontológicas.
En estas filas no hay prioridad, ni mucho menos clientelismo, pero si las notorias clases sociales, unos más vulnerables que otros, mujeres embarazadas, unas con el abdomen más notado que otras, ancianos unos más arrugados que los demás, esperando que las elegantes mujeres pasan por orden de llegada en la fila, al final de la hilera se ve tensión personas como don Miguel que van a pedir cita, esperan que no se queden sin ficha y que mucho menos alguien se les vaya a colar.
Pasan 10 minutos a don Miguel por fortuna le toca la boleta blanca número 66, pero no todos tuvieron tal suerte, alrededor de 23 personas sin ficha se quedaron, tendrán que volver mañana un poco más temprano, las filas se rompen, unos se sientan a esperar, otros calculan el tiempo aproximado para el llamado y aprovechan para hacer otras vueltas.
Cerca del lugar, en una oficina se encuentra un señor alto, apurado, de camisa y pantalón de drill, Don Héctor, encargado de “Atención al ciudadano” del Hospital San Francisco, a él se dirigen varias personas, incluso las que se quedaron sin fichas, el señor trata de dar solución y afirma que se tiene prioridad con las personas que vienen de zona lejanas y rurales, a ellas se les da citas priorizadas.
Don Miguel, se deja guiar por el olor magnífico de tinto caliente que viene después de las rejas que destinan la entrada y la salida del Hospital San Francisco. Le pasa 500 pesos a la vendedora y se dirige donde pueda escuchar el llamado de la señorita que se encuentra en la taquilla.
Son las 7:20am de la mañana se escucha el primer llamado “B1” se acerca a la ventanilla la primera persona que punteó la fila. Don Albañil contempla las demás personas y por un momento comenta: si la salud es una prioridad por qué tanta espera, acaso uno los pone a esperar con el pago del impuesto, vaya uno y póngalos a esperar a ver si no le quitan la casa, le responde una joven con un tono de injusticia, que también espera a su lado.
Modelo de atención
Don Miguel, la joven y la mayoría de las personas que esperan allí, no saben que existe un Modelo de Atención Integral en Salud, que establece que la entidad de salud debe llevar el servicio a la comunidad y no al contrario. Así lo manifiesta en una entrevista el entonces Ministro de Salud y Protección Social Alejandro Gaviria Uribe.

Además, traza entre sus páginas que las entidades de salud hagan llegar el servicio tanto a las zonas urbanas y más aún a las zonas rurales, donde es tan difícil la movilidad y no hay accesibilidad a la salud.
Pero en la sala de espera en su conversación don Miguel se queda callado e inmediatamente habla de su hija Anita Albañil quien tiene una dolorosa enfermedad, cáncer, él no sabe que será de ella y es lo que más preocupa a la familia, hace tres meses se complicó, ahora necesita una enfermera que la cuide y aunque pertenece a otra EPS distinta a la de su padre, también le toca el mismo proceso y está en espera que le autoricen las quimios.
Pasa mitad de la mañana, y por fin don Albañil, escucha su llamado “B66”, se dirige a la ventanilla, le dan la cita para la semana entrante, espera que ahora si le traten su dolor lumbar...



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