DÍAS DEL PASADO: MONUMENTO PROMETEO ARTESANO
- Pa´la gente

- 18 dic 2016
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MOLDEADO
Hierro eres y en hierro te convertirás... tan solo eso era yo, un metal maleable, tenaz, de color gris plateado. Diego fue el pedernal que al chocar con mi vida la convirtió en chispas de luz y esperanza.
Con mucho amor me tomó en sus manos cálidas y me entregó a cuatro muchachos que había encontrado en la calle, unos hombres por los que incluso sus familias habían perdido la esperanza, entregados a un vicio que destroza mente y cuerpo. Diego vio en ellos al mejor equipo, los convirtió en sus hijos, en sus amigos, en sus cómplices de hazaña. Inició con ellos un curso de soldadura, cálculo y convivencia. Les dio ropa, overoles, botas nuevas, una razón y lo que nadie les había dado: una oportunidad, la misma que me dio a mí.

Durante el proceso de aprendizaje una chica del SENA, muy guapa por cierto, se interesó en mí. Por supuesto que la quería dentro del proyecto, pero Diego consideraba que el personal que ya tenía era el necesario, pues le interesaba más la parte humana que la técnica; además le habían advertido lo enamoradiza que era la muchacha. Le puso miles de trabas y una prueba de soldadura. Al final resultó que realizó “un cordón de soldadura ascendente y descendente sobre cabeza y plana impecable”, no entiendo lo que eso significa pero sé que bastó para que el maestro aceptara a su nueva alumna.
Cuando terminó la teoría continuamos con el diseño, para este era necesario un modelo. Diego me comentó que quería hacerme del reflejo de un hombre verdaderamente aguerrido, así que fue a la plaza de mercado. Después de buscar por cuatro horas lo encontró, era un muchacho que cargaba bultos a un camión. Esperó y le invitó una cerveza que se convirtió en cuatro canastas, pues resultó con cinco compañeros más. Fue la mejor forma de convencerlo, aparte de pagarle, por supuesto.
Lo llevó para que nos conociera, pero cuando vio a la ayudante se negó a despojarse de sus ropas; bastó una frase dura del maestro para que dejara a un lado la timidez. Sorteamos las partes del cuerpo que les correspondería realizar a los discípulos, y ahora el apenado era yo, la chica sería la encargada de moldear mis genitales. Cuando ella debía comprobar proporciones con sus suaves manos, el maestro estaba atento para “evitar distracciones”.
Durante los cinco meses de mi realización nos convertimos en una gran familia, pasábamos prácticamente todos los días juntos, compartiendo lo bueno de la vida. Muchos fueron a visitarnos: personajes de la cultura, la política y la iglesia. Era toda una celebridad.
FUNDICIÓN

El día que me llevaron a conocer la ciudad fue todo un acontecimiento, habían muchas personas, dos remolques, una grúa del ejército y policías con sus patrullas para cuidarme en el camino hasta la glorieta que en adelante sería mi trono.
Muchos decían que me iba a derrumbar, no creían que los tres puntos de apoyo que Diego había diseñado y un polo a tierra fueran suficientes para mantenerme en pie; pero yo tenía absoluta confianza en él, aunque lo vi al otro lado de la calle algo nervioso tomándose media botella de aguardiente de un sorbo. Dio la señal para que me soltaran, fue un momento maravilloso, el mejor de mi vida, me conecté con la cordillera central de los andes, con la tierra de los Pijaos.
Celebramos hasta las cinco de la mañana. Después de acabar con todo el aguardiente de la tienda más cercana, el grupo de trabajo se fue a dormir agotado. No me quedé solo, todos me admiraban, se detenían a tomarme fotos para apreciarme con total minucia y manifestar la majestuosidad que en mí imperaba. Era un orgullo para la ciudad.
Pese al cansancio y lo duro que Diego estuvo trabajando, regresó tres horas después de haberse ido, hablamos una infinidad. Me confesó sus miedos, aflicciones e inseguridades, pero también me comentó sobre las cosas buenas; yo le expresé lo orgulloso que estaba, le agradecí por permitirme ser, por regalarme la existencia.
Infortunadamente no todo fue tan bonito en mi vida, los hombres pueden llegar a ser muy crueles. Tiempo después llegaron a quitarme la tranquilidad, ese día tenía un mal presentimiento, nadie le avisó a Diego para que me cuidara.
SEPARACIÓN

Me bajaron del pedestal y me botaron en el piso de las instalaciones del SENA, ahí estuve casi un año condenado al olvido. Los días pasaban siempre iguales, siempre grises. Eso me dolió mucho más que el choque del tractocamión meses atrás, ese por lo menos me dejó intacto; pero lo de esta vez era grave, no era un dolor físico. Nadie se detuvo a pensar que no solo dañaron mi cuerpo, me despojaron de mi esencia, de mi ser.
La alcaldía se contactó con el SENA y ellos le pagaron a unas personas que sabían soldar, así que sin el consentimiento ni la supervisión de Diego intentaron abusivamente reincorporarme. Por supuesto me dejaron más roto que nunca, mi mundo ya no era el mismo, estaba estropeado y vacío.
Hace no mucho Diego me visitó, hablamos de todo un poco, de cómo eran las cosas cuando era su hijo único y el más amado, de cómo ha cambiado el mundo, de nuestras vidas y del ocaso. Él me amaba y aún lo hace, la distancia no ha podido cortar el lazo de complicidad entre los dos. Ojalá las personas que me ven a diario sintieran un poquito de ese querer, ya solo soy un pedazo de hierro que decora a medias el paisaje citadino.
Mi nombre es Prometeo Artesano, quien construye oficios en la tierra y otorga trabajo a los hombres, nacido en 1985 en la ciudad musical de Colombia…



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