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LA ECONOMÍA DEL REBUSQUE; UNA FORMA DE VIDA.



(Crónica)

Luego de una madrugada lluviosa, la ciudad empieza a despertar y el amanecer es inevitable, Don Juan quién se encuentra trabajando en la plaza desde muy tempranas horas del día, realiza una práctica cultural que desde hace mucho tiempo lleva como rutina diaria de 6:00 a.m. a 6:00 p.m. difícil, ¿cierto?. En resumen es fin de semana, don Juan se dirigió más temprano a su trabajo con la intención de que sus clientes encuentren todo en orden, en buen aspecto y listo para ser vendido.

Observo detenidamente y puedo ver diferentes puntos de ventas que hay en la plaza de mercado “Chapinero” de la ciudad de Ibagué o “Plaza la 14” como es conocida popularmente por la comunidad. Allí desde que alumbran los primeros rayos del sol, ya hay todo tipo de mercancías a la venta que se pueden encontrar exhibidas en el suelo, en carretas, en mesas improvisadas, guacales o lo más recursivo que se pueda imaginar, para llevar a cabo su venta.

-“¡papa!, ¡papa!, ¡cebolla!, ¡cebolla!".

- "a la orden que va a llevar".

- "mono le tengo la cebolla a dos mil el atado".

- "¿cuánto vale?”.

Esas son una de las muchas frases que se pueden escuchar a la hora de ir de compras a las plazas de mercado de Ibagué, pero eso sí, esta plaza tiene algo en particular y es que además de estár muy cerca del centro de la ciudad; también es muy fácil de ubicar entre la calle 14 con carrera 1°, muy cerca de la tradicional calle 15.

Cuando aprecien por primera vez el lugar, pensarán que es una de esas plazas de mercado de la antigua Persia, donde hay animales de corral a la venta. Y eso no es todo, también hay: lechona, tamales, insulsos, tinto, pintadito, bizcochos o el típico corrientazo para el desayuno o el almuerzo. También se puede encontrar cualquier cosa que sea necesaria para completar los tres golpes del día, porque desde que uno empieza a adentrarse en los puestos informales y formales, la multitud de personas no se hacen esperar, ya que muchas de ellas tienen que comprar la remesa de la semana o del mes.

Al iniciar la mañana, ya se encuentran bastantes personas, dentro y fuera de la plaza. Luego de hacer un corto recorrido por las instalaciones del lugar, para poder ubicar a Don Juan o “juancho” como sus amigos cercanos le dicen. Empecé a sentir el ruido que permanentemente se da por tantas personas que confluyen en el lugar, continuando con el recorrido que había iniciado minutos antes, alcancé a apreciar que en la plaza se encuentran muchos puestos vacíos; y eso es muy raro.

Luego de 20 minutos de búsqueda, al fin logré ubicarlo (don Juan) en su puesto de trabajo sentado en uno de los lugares más transitados y visibles de la plaza, localizado en la segunda puerta principal. Nos saludamos rápidamente, dado que ya nos distinguimos en ocasiones anteriores cuando por casualidad he comprado algunos cebollas o tomates en este lugar. Charlamos brevemente y sin rodeos, me comenta que a esa hora él está ocupado atendiendo a todo aquel que llega a consultarle por los precios para hacer la posible compra.


Él aprovecha lo que más puede cuando la multitud de personas arriban a la plaza a comprar a los precios que les puede ofrecer; sin embargo, es consciente que entre semana las ventas no son las más óptimas, por lo tanto opta por sacrificar unas horas más de su tiempo en los fines de semana de 5:00 a.m. a 10:00 a.m. para hacer las mejores ventas. En ese momento determiné que don Juan, es una persona común y corriente que trabaja muy duro para poder salir adelante en la vida. Sobre todo, en sus primeros años de juventud, señala él.

Rápidamente un café bien caliente para el frío y continúa con su labor. Es muy atento, audaz con los clientes. Alguien se acerca y le pregunta - a ¿cómo la libra de yuca?, él responde: A 2 mil pesos la libra y media.

Comenta que es una yuca muy buena, seguido le muestra un trazo ya preparado, “ eso es para que la gente se dé cuenta que está buena, en condiciones de ser comestible.”, y agrega “que no se le pierde mucha comida”. En ese momento miré a la señora, estaba casi convencida de la posible compra, luego don Juan le señala que “lo único que se le va ha perder es la cáscara”, reforzando lo señalado anteriormente. La señora sonríe al escuchar esas palabras de convencimiento, así que decide pagar la yuca sin vacilar. Antes de marcharse la señora se dirige nuevamente a don Juan, con el propósito de pedirle el favor que le cuide (por un corto tiempo) en un rincón del negocio su mercado, porque en ese momento según ella, le faltaba algunas cosas por comprar en otro lugar.

Desempleo a la orden del día.

Entre papas, cebollas, tomates, zanahorias, mazorcas de maíz y otros productos agrícolas, Don Juan sigue atendiendo. Yo me retiro por unos minutos a la segunda puerta principal de la plaza, por supuesto miro los alrededores de la vía otra vez y concluyo en ese momento que hay muchas personas informarles trabajando para hacer dinero. El ejemplo más significativo sobre el trabajo informal y seguridad social en Colombia se registra según los datos oficiales del DANE; (en el trimestre de mayo 2016 – abril 2017), en abril de 2017 la tasa de desempleo en las 13 ciudades y áreas metropolitanas se ubicó en 10,7%, mientras que en abril de 2016 la tasa de desempleo fue 9,1%, es decir: el desempleo aumentó significativamente con 16 punto porcentuales.


Naturalmente el comportamiento que se presenta en las zonas rurales (dispersas) o en cabeceras municipales, es diferente al registrado en las ciudades capitales y áreas metropolitanas, debido a la diferencia en su desarrollo económico, sin embargo esta franja no caracterizada en cabeceras municipales y zonas rurales, podría representar un buen porcentaje negativo en el desarrollo del Producto Interno Bruto (PIB) de la nación.

“Eso (trabajo informal) en realidad tiene en jaque a la plaza” comenta Don Juan, ya que hay puestos en el primer y segundo piso del edificio desocupados. La situación en la plaza siempre ha sido grave, porque la administración y los vendedores formales no hemos sabido administrar al usuario o cliente, la verdad es que la competencia de precios pueden acabar con algunos puestos formales. De cualquier modo, esta vez me miró con sus ojos cafés claros, y con la seriedad del caso dice: a 100 metros fuera de la plaza no debe de existir ningún tipo de ventas formales e informales que contengan cualquier producto agrícola, ello desencadena un acelerado estancamiento inminente en la plaza. Se refiere a varios factores que ocurren con los vendedores formales, como por ejemplo: pagar los servicios públicos, pagar los $60.000 pesos del arriendo por hacer uso del espacio dentro de la plaza y por último, las posibles pérdidas económicas que se podría reflejar en la no venta de sus productos, a causa de este fenómeno.

“Aquí que lo más rentable es salirse para la calle y de cualquier forma posible, no dejarse quitar del espacio público la mercancía.”

Por el momento, narra que hace algunos años mucho antes de formalizarse, tuvo que guerrear (pelear) contra el ESMAD (Escuadrón Móvil Antidisturbios), porque según me ha contado, en varias oportunidades la policía lo sacó (cuando era trabajador informal) a bolillazos de la plaza por no dejarse quitar sus productos. Incluso señala, que también sufrió maltratos por parte de los integrantes de la Secretaría de Espacio Pública de la Alcaldía Municipal de Ibagué, por los mismos hechos mencionados anteriormente.

“he recibido golpes, humillaciones y robos; porque aquí viene la policía y en su momento, me quitaron mis cosas, también vienen y le dicen que se quite de este lugar (la calle) porque está prohibido, entonces uno no sabe a dónde ir a trabajar honradamente con su oficio.”

Y sí, uno puede comparar lo expresado por don Juan y ver que en la esquina de la calle 14 con carrera 1°, hay dos o tres agentes de la policía con un camión tipo turbo, haciendo señales a las personas que deambulan con algunos tomates u otras cosas que se puedan vender. Por el momento, no pueden estar en una supuesta línea imaginaria que los policías reiteradamente le dicen a las personas; la idea es que no deben pasarse de este punto imaginario, por lo contrario tomarán medidas como lo señaló don Juan.


La sensación de hacer un acercamiento con él ha sido de muy buen provecho, dado que en un instante de la mañana (8:30 A.M) me ha dejado cuidando el puesto de trabajo por unos minutos, el lugar queda en unas escaleras con improvisadas cajas de madera o guacales. Incluso ha dejado colgado en una de las columnas del edificio un casco de moto con el dinero que ha producido.

Estuve pendiente por un momento del negocio de don Juan mientras regresó, todo fue por petición de él. De inmediato sonríe, solo era para comprar un cigarrillo que en un breve momento se fumó. No todos nacimos para ser vendedores en la plaza o en cualquier otra actividad, sin embargo la vida le enseña a las personas, como podría ser de la mejor manera y la forma correcta:

“uno debe de ser amable, respetuoso, atento, y lo más importante, ser honesto con las personas, porque ellas (los clientes) son quienes nos ayudan comprando y como resultado se da una buena venta”.

Las oportunidades están para todos.

El nombre completo de Don Juan es “Juan Darwin Tafur”, nacido en Ibagué Tolima el 10 de abril de 1973: en sus primero años de juventud su abuela fue quien le enseñó el oficio de ser vendedor ambulante, en un principio en la plaza de la 28. Todo empezó por qué su novia (su actual esposa) quedó embarazada, por lo cual tenía que solucionar el sustento y varias necesidades más esenciales; así que su amplia experiencia en entender cómo son las dinámicas “ la movida” del lugar, hace pensar que uno puede ver el sitio todos los días y todo puede pasar desapercibido.

En un principio no existió un contacto visual, todo por la incómodo de relatar parte de su vida, ya que no es fácil retomar nuevamente esas memorias tan trágicas que muchas veces puede tener un hombre. Pierde la mirada con facilidad, probablemente imaginando aquellos momentos. Lo cierto es que relata con un grado de detalle los difíciles días que vivió, llegando a reflejar en su rostro parte de esa angustia, tal vez son algunas de esas cosas que verdaderamente lo hizo madurar y tener la cabeza nuevamente en la tierra. Sus gestos no verbales, revelan que se escondiera de alguien o algo, pero no es así, todo es invención o secuelas de su largo tránsito por las calles de la ciudad de Ibagué. Por lo general, ahora goza de buena tranquilidad que paulatinamente (reconoce) se ha ido ganando, y dice:

- “la calle no es para todo el mundo, porque hay que saber vivir en la calle, y si usted va por la vida muy muy rápido (velocista) le cuento que no durará 2 o 3 años, o como no puede durar 1 día, por la simple razón de que usted o cualquier otra persona no sabe convivir con las personas y no sabe administrar su vida”.


Retoma el semblante nuevamente, pero antes hace una pausa rápida y continúa narrando que estuvo en el mundo de las drogas durante 18 años. Agacha la mirada con facilidad pero nuevamente levanta el rostro, dice que tenía 36 años de edad y luego de haber caído “siete veces al abismo del no retorno” (muchas veces pensó que ese sería su fin), pudo al fin encontrar la luz en la palabra de Dios. Esa palabra que ignoró durante un largo tiempo y que ahora lo tiene en sano juicio aprovechando lo mejor de su familia e hijos: “eso no trae nada bueno (las drogas), a mi me tuvo atrapado durante 18 años y no me dejó nada; estuve caminando las calles de Ibagué como habitante de calle, con una melena, mueco, barbado y oliendo a feo”, concluyó.

En ese momento es interrumpido por un señor que llega a comprar.

- ¡Sí señor, qué le puedo colaborar!.

a ¿cómo?, pregunta el señor.

- la libra y media por dos mil. Mire que le tengo un trozo de yuca preparada para que se dé cuenta que es muy buena.

El señor revisa la yuca y con algunos reparos vuelve a preguntar por el precio, don Juan sin ningún problema responde aludiendo a lo anterior. El señor le pregunta - ¿por qué tan cara?, don Juan responde señalando que tal vez en esta oportunidad llegó a $50.000 el paquete de yuca en el descargue.

Ya eran las 10 de la mañana y había bajado el flujo de personas, así que con más claridad en sus palabras me ofrece otro café, “a la orden tinto o café en leche” ofrece la señora, quien horas atrás nos había ofrecido. Él charla con ella y hasta bromea, así que yo seguí disfrutando de un delicioso café dado que en ese momento hacía frío, por qué otra vez llovía. Retomamos la conversación y sin rodeos le pregunté ¿cómo hace él para conseguir los productos agrícolas? y ¿cuánto es el costo?

El descargue es la compra de productos agrícolas al por mayor en los días martes y viernes en horas de la madrugada, esta actividad se realiza a esa hora para evitar altercados con la policía; regularmente puede existir la posibilidad de cambiar en un día o varios días antes (el descargue) a lo establecido. Manifiesta Don Juan que se según sus cuentas, él le invierte cerca de $800.000 pesos para poder surtirse de toda clase de productos agrícolas, eso también incluye un presupuesto para poder desplazarse hasta la plaza de la 21 y regresar a su negocio.


El campo abastece a las grandes ciudades como: Bogotá, Medellín, Barranquilla e incluso Ibagué. En cuanto a los intermediarios, estos aparecen según se ha el trabajo y modo conseguir a muy bajo costo los productos, que son revendidos en las plazas de mercados a muy alto costo, es decir: que existe una cadena de proveedores e intermediarios quienes son los que condicionan los precios hasta su destino final, en este caso Don Juan. Por ejemplo: muchos de los trabajadores formales e informales no se dan por enterados de los datos que arroja la Asociación de Bancos de Alimentos (ABACO), quienes a través de un estudio realizado en el 2012, encontró que 154.000 toneladas de frutas y 261.000 toneladas de verduras se pierde en la poscosecha, es decir: que nunca llegan a comercializarse en Colombia, debido (muchas veces) a la poca demanda del producto cuando está caro o viceversa.

Don Juan comenta que prefiere dejar un poco más barata o regalar los productos agrícolas (la comida) a sus clientes, cuando siente que ya están por perderse del todo. Es por ello él, considera que es un pecado desperdiciar la comida tirando todo a la basura, por lo cual recalca que en este momento existen personas que están aguantando hambre, porque no tiene el dinero suficiente para comprar. Paralelamente piensa que es necesario ayudar a las personas a la medida que se pueda y él lo hace desde su pequeño negocio familiar.

Tan pronto deja de llover, Don Juan se enfrenta a sus recuerdos más viejo como si fuera ayer; dice que cuando tenía 15 años de edad salió de su casa y para poder sobrevivir, aprendió a trabajar en las plazas de mercado de esta ciudad. Nuevamente comenta que empezó en la plaza de la 28 con su señora, por lo cual allí tuvo que arreglárselas con dos cajas de tomates y una arroba de cebolla que su abuela le ayudó a conseguir según cuenta, “mi abuela esa vez me ayudó y yo tuve que responder por los 700 pesos de la arroba de cebolla (de ese entonces), también por los 500 pesos de las dos cajas de tomates, así que en su totalidad fueron 1.200 pesos”.

También menciona que lleva 25 años casado con su señora esposa y que a sus 43 años de edad se siente orgulloso de sus cinco hijos (que pudo sacar adelante) y sus dos nietos que tiene ahora. Y no es para menos, siempre viste a lo juvenil como si fuera un rapero de hip hop, con zapatillas Adidas color negro, de suela naranja intenso, además de un camibuso negro con franjas azules horizontales, lleva puesto una pantaloneta corta azul que le llega hasta las canillas, igualmente lleva muchos collares de plata con diferentes dijes y varios anillos incluyendo (creó yo) el de matrimonio. Pero lo más interesante de todo es que tiene en su brazo izquierdo un tatuaje con el nombre de su señora “Amparo” y en el antebrazo una especie de brújula que simboliza los nombres de sus hijos, los cuales son representados por cuatro hijas y un hijo.

Es fácil comprender por qué se ha dedicado buena parte de su vida a esta actividad, pero lo más concreto de todo esto es que actualmente se levanta a las 4 de la mañana, para luego estar a las 5 a.m. muy puntal en su trabajo. Agrega que cuando llega a la plaza, ya hay personas trabajando desde la 1:00 a.m. o 3:00 a.m, de la madrugada, arreglando por ejemplo: la carne, las verduras y todos los productos que llegan a la plaza para ser vendidos.

El ambiente se despeja y es hora del almuerzo, don juan se relaja un poco, ya ha vendido buena parte de sus paquetes de cebollas cabezonas, zanahorias, tomates y papas que tenía en exhibición. Seguidamente llega una de sus hijas (la más joven) que se hallaba con doña Amparo ayudando en el negocio familiar; esta vez desde la calle. Saluda a su padre y le dice que las ventas han sido muy productivas y debido a eso, necesitan más paquetes, don Juan ya tiene listos.

Doña Amparo ejerce su actividad informalmente, dado que para ellos es un brazo económico que la familia tiene por aparte desde hace algunos años. La realidad es que ella, aunque trabaja en conjunto con su esposo en el mismo oficio (vendedores de productos agrícolas), él lo ejerce desde la plaza y ella desde las calles circundante a la plaza en una carreta, todo con la finalidad también de hacerse a un buen capital de ganancias para sobrevivir junto a su familia.

El vendedor ambulante constituye una economía que tienes fines lícitos, pero que a su vez ejerce una actividad ilícita, porque: no tiene que pagar impuestos, seguridad social, declaración de renta, etc. Por eso mismo, y por estar en condición de informalidad, su presupuesta se refleja a la medida que trabaja y llegue hacer en el día; por ende en Colombia según un reciente estudio del Banco Mundial, la economía informal representa el 39 por ciento del PIB del país, así lo documenta el portal “las 2 orillas”.

Por último, lo más contraproducente que puede existir, es que a pesar de tener todas las ilusiones Don Juan y Doña Amparo de seguir tratando de sobresalir en una sociedad, que día a día los ve en la plaza de la 14 trabajando para hacer su sustento, esta nunca podrán cambiar su pasado pero sí podrá reivindicar su actividad en un futuro cercano.


 
 
 

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