'Cincuenta años pintando e historiando'
- Pa´la gente

- 24 jun 2017
- 8 Min. de lectura
"Los hombres geniales empiezan grandes obras, los hombres trabajadores las terminan" Leonardo da Vinci
Cuando las tribus indígenas de los Panches y Pijaos habitaban las montañas de la región Andina de lo que entonces era llamado por lo invasores españoles “El virreinato de la Nueva Granada” y que hoy conocemos como República Colombiana, donde se libraron incontables batallas entre las tropas invasoras y las tribus que defendían con sus vidas su territorio. Aunque los españoles contaban con artillería fina y sofisticada para la época, no les fue sencillo desterrar de la faz de lo que hoy es el departamento del Tolima a sus guardianes indígenas que resistieron hasta el último momento. Mientras la maestra leía estas historias en el salón de clases, Ramiro Mayorga que en ese entonces era un niño de apenas 9 años de edad, las reproducía en su mente una y otra vez para después dibujarlas en el revés de sus cuadernos. Allí empezó su gusto por el arte.
Los años pasaron y Ramiro tuvo que dejar la escuela cuando cursaba quinto de primaria para empezar a trabajar en una fábrica de ladrillos. Cierta tarde, luego de una jornada de trabajo exhaustiva, Ramiro decidió ir a deambular un rato por las calles del centro, sin sospechar que este paseo lo conduciría de nuevo a su primer amor, el arte.
Mientras caminaba por la calle tercera se fijó en un hombre que sentado en el suelo pintaba paisajes. Los colores, la formas y texturas pintadas en los lienzos causaron en Ramiro curiosidad y admiración; dos sensaciones que lo motivaron a iniciar su vida como pintor, pues luego de ello empezó a destinar el dinero que obtenía en la fábrica de ladrillos para comprar Cartulinas, Lápices carboncillos y pinturas; comenzó a pintar todas las noches, a leer acerca de pintura, a buscar personas que le pudieran enseñar técnicas y corrientes artísticas; desde aquel día Ramiro Mayorga decidió que la pintura sería su arte y propósito en la vida.
No pasó mucho tiempo antes de que el trabajo de Ramiro se convirtiera en su mejor carta de presentación laboral artística, pues los primeros que conocieron sus obras las apreciaron no solo como piezas artistísticas, sino como representaciones históricas muy útiles a la hora de enseñar. Por ello, algunos de los profesores de infancia de Ramiro decidieron contratarlo para que realizara murales en los colegios y ayudará a proyectar momentos históricos en los tableros de las clases de historia.
A falta de recursos, ingenio y proactividad. Luego de unos meses de aprendizaje empírico, Ramiro sintió que éste no era suficiente y aunque bien sabía que no podría pagar una carrera artística en una universidad, decidió apostarle a la academia, para ello tuvo que tocar muchas puertas y hablar con muchas personas e ir de arriba para abajo mostrando su trabajo.
Luego de muchos intentos ingresó becado a un taller de pintura y escultura brindado por el Instituto Municipal de Cultura de ibagué y que tenía como sede el Centro Cultural Roberto Ruíz, allí se capacitó por dos años; después continuó su formación en el grupo de pintores profesionales “Viva el arte” donde permaneció por diez años.
En la galería ‘Viva el arte’ se enfocó en el aprendizaje del embellecimiento de la ciudad; ayudó en la realización de murales reconocidos como el que aún está en el IBAL de la Carrera quince, los murales de las afueras de la terminal de transporte y el del viaducto del SENA, que por cierto ya fue reemplazado.
Los anteriores talleres son considerados por Ramiro como tesoros invaluables, pero no tan trascendentales para su vida artística como lo fue su paso por el taller de historia del arte en la Universidad del Tolima, pues con ello encontró una visión más profunda del arte: pintar e historiar a la vez.
Ramiro indica que se inclinó por la pintura histórica porque piensa que a través de esta puede ayudar a rescatar aspectos identitarios, culturales y patrimoniales de la región y del país”.
“ Yo creo que mis pinturas ayudan a revivir el pasado y a reconocernos a través del mismo, un ejemplo claro es el cuadro que titulé Folclor, ya que en él se puede apreciar cómo se celebraban las ferias tradicionales que dieron nombre a un reconocido barrio de la ciudad; también visibiliza tradiciones y creencias propias del Tolima, como la música, la gastronomía, los mitos y leyendas y la hospitalidad que tenían los Tolimenses con los forasteros”-
“ un joven que no conoce su pasado, que no sabe nada de la historia de su región o país difícilmente tendrá sentido de pertenencia, no luchará por cuidar el patrimonio, ni se interesará en participar en la creación de espacios culturales para su ciudad; es por ello, que me empeño en enamorar a los jóvenes de la historia a través del arte, para que a su vez conozcan su cultura, su patrimonio y se motiven a trabajar por la preservación y la creación de obras que embellezcan la ciudad”-
Ramiro afirma que en Colombia no se le ha dado el manejo adecuado al patrimonio histórico y cultural, pues el Estado se ha encargado de destruir lugares emblemáticos con la excusa del progreso, ha centralizado el arte y el patrimonio trasladando piezas autóctonas de regiones específicas a la ciudad de Bogotá y además invisibiliza expresiones culturales que son importantes para la conformación de la identidad de los colombianos y que se podrían convertir en un referente de turismo cultural y así generar empleo a las personas que lo necesitan.
Según Ramiro un ejemplo claro del detrimento patrimonial y falta de planeación o proyección cultural en Ibagué, fue la destrucción de la antigua Estación del ferrocarril para convertirla en una terminal de transporte, pues no se estimó el valor patrimonial e histórico que poseía tal infraestructura, la cual podría convertirse en un referente turístico de la ciudad, que contribuiría en el mejoramiento de la calidad de vida de los habitantes del sector.
- “ Lo que pudo ser un lugar agradable en la ciudad para encontrarse y recordar, se convirtió en una terminal descuidada con unos alrededores deprimidos e inseguros”-
Ramiro Tiene 62 años de edad y pinta desde los doce, es decir que lleva 50 años trabajando día a día en el arte y para el arte, la cultura y el patrimonio; no tiene un registro exacto de su galería, pero afirma que el número de cuadros y murales en carboncillo, lápiz, óleos, acrílicos, lacas y collage se acerca a seis mil. Una recopilación considerable de momentos, tradiciones, lugares y personas que hacen parte de la identidad colombiana y que vale la pena conocer, por ello compartiremos unas cuantas:
Para iniciar la obra ‘Mitos del Tolima’ que fue un hito en la consolidación del estilo artístico de Ramiro, pues en ella complementó por vez primera técnicas de su mayor referente artístico Salvador Dalí, con su identidad Tolimense.
Las obras surrealistas del pintor español fueron admiradas y copiadas por Ramiro durante varios años hasta que un maestro le explicó que dicha práctica era considerada como una violación a los derechos de autor y que por ello podría ser judicializado.
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“Yo no sabía que estaba haciendo mal, ni que era un agravio a la obra de Dalí, cuando lo supe de inmediato dejé de copiar sus cuadros, y agradezco a la vida por ello, pues desde entonces me enfoqué en formar un estilo propio, empecé a relatar nuestra historia y cultura jugando con sus técnicas y sus corrientes. El resultado fue esta obra que me encantó.”-
‘Mitos del Tolima’ visibiliza a través del surrealismo leyendas y mitos poco conocidos en la actualidad, como la madre agua, el tunjo, la serpiente de oro, la marinilla, entre otros. Además destaca la figura de los panches y pijaos en el Tolima al conformar las montañas del paisaje con sus rostros.
‘El llanto de los muros’ rescata la importancia patrimonial de lugares como la Casa Mutis, el jardín botánico, la antigua casa de Gonzáles Jiménez de Quesada y la casa de la moneda. Por otro lado se hace una seria crítica al detrimento que el estado ha ocasionado en éstos y la pérdida que significa para el país, en materia de educación, identidad y turismo cultural
La ‘Antigua Calle Catorce de Ibagué’ es una invitación a recordar cómo era una de las calles más representativas de la ciudad en el año 1820. Cabe destacar que la recreación del paisaje fue lograda gracias a una ardua investigación por parte del autor de la obra.
La “diosa del tabaco” es una obra que representa los tiempos dorados de Ambalema, la provincia tabaquera del Tolima, pues dicho municipio fue un gran cultivador, productor y exportador de tabaco. Gracias a su tradición tabaquera, allí se crearon mitos como el de la diosa tabaquera, pero se olvidaron con el pasar de los años. Sin embargo Ramiro pudo rescatarlo gracias a que un conocido decidió compartir con él la historia de la “diosa tabaquera” que había descubierto en el revés de una de las primeras etiquetas de tabaco que aún conservaba como recuerdo de aquellas épocas.
La obra ‘Las heroínas’ se encarga de visibilizar el papel de mujeres indígenas y mulatas en el proceso de independencia colombiana, ya que la historia se ha encargado de relatar aquellos momentos históricos dando el protagonismo a un número reducido de mujeres, como es el caso de la historia de Manuela Beltrán o Policarpa Salavarrieta, sin reconocer la colaboración de otras mujeres que lucharon con ellas por la liberación del pueblo.
‘El salado de ayer’ permite hacer una remembranza de lo que fue el pueblito tolimense hace algunos años
La obra “Proyección hacia el futuro del pueblito tolimense” es una de las obras más recientes de Ramiro Mayorga y esta pretende exponer un proyecto de articulación cultural y turística de los diferentes pueblos, corregimientos y municipios de Ibagué; con el propósito de rescatar el valor patrimonial y cultural que existe en cada uno de ellos y aprovecharlos mediante el turismo cultural.
Su creador explica que el Tolima cuenta con una riqueza natural, cultural, histórica y patrimonial invaluable, pero que ni los ciudadanos, ni los dirigentes se han encargado de cuidarla y aprovecharla como han hecho otras regiones del país. Un claro ejemplo para él es el eje cafetero, donde el turismo cultural funciona como una estrategia que ha ayudado a mejorar las condiciones de vida de trabajadores informales, como artesanos, guías, dueños de restaurantes y hostales, entre otros.
-” Lo han logrado gracias a que optaron por una cultura territorial solidaria, es decir que todos unieron fuerzas para que el Eje Cafetero se convirtiera en uno de los mejores referentes turísticos y culturales del país. Yo creo que en el Tolima podemos hacer algo parecido”-
Ramiro comparte que lleva cinco décadas resistiendo, porque a través del arte también se resiste a la violencia y a la delincuencia o por lo menos él lo hizo. Agrega que no ha sido fácil mantenerse en el oficio pese a que en la ciudad de Ibagué se presenta una falta de reconocimiento y apoyo a los artistas regionales.
-“ Los artistas trabajamos con las uñas. En mi caso vendo cuadros muy económicos y realizo murales en instituciones educativas la mayoría de veces. Aunque la situación económica no es lo más importante, en ocasiones limita y disminuye la calidad de las obras, pues la presión, el estrés de las necesidades impiden una total entrega del artista”-
Han sido incontables las veces que él ha buscado apoyo por parte de las diferentes secretarías de cultura en la ciudad para ejecutar proyectos artísticos, pero la mayoría de veces ha recibido un no como respuesta, justificado con la falta de recursos económicos.
- “El año pasado presenté una propuesta que consistía en exponer las mejores obras de varios pintores de la ciudad en el centro; pero la secretaria de ese entonces dijo que no se contaba con dinero para apoyar mi iniciativa, sin embargo días después vi que se realizó tal como yo había propuesto, la exposición de un pintor extranjero; no digo que sea malo, pero se debería tener más en cuenta a los artistas de la región”-
Ramiro Mayorga se concibe como un apasionado por el arte, pero teme que la pasión no sea suficiente y las condiciones provoquen una migración o extinción paulatina de sus colegas más jóvenes en el Tolima. Crear políticas culturales verdaderamente incluyentes es para Remiro la mejor solución, pues sólo reconociendo y articulando a todos los artistas se pueden unificar fuerzas para mejorar desde el arte distintos aspectos culturales de la ciudad.
En la actualidad don Ramiro le camella a ese propósito y por ello nos tiene la siguiente invitación:











































































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