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Refugio canino, una nueva oportunidad para vivir


Solo quienes amamos a los animales, sentimos como propio su dolor.

En aquel encuentro con Katherine Revelo, el ángel de los perros en Ibagué, admiré y me enamoré y su arduo trabajo. Una labor llena de bondad, que ella quizás, jamás imaginó hacer en su vida pero que el destino la encaminó sutilmente a ella. Dejó a un lado su trayectoria laboral y comercial para recoger y rehabilitar perros de la calle en estado de abandono y maltrato.

Las enseñanzas de vida y de generosidad que a diario le brindan más de una cola batida, nunca las podría encontrar en otras personas u otro lugar, más que en su refugio.

Al borde de la carretera, angosta, entre trocha y asfalto, sin árboles que aliviaran los fuertes rayos del sol y en medio de edificios y construcciones, los buses y carros con su velocidad dejan estelares de polvo y tierra, mientras caminaba en medio del pasto y charcos de agua de la lluvia de la noche anterior, buscando unas tejas de zinc, las cuales rodeaban un campo, “El Campito de Kathy”.


Al ver desde lejos aquellas tejas plateadas y unos palos de guadua con alambres de púa que simulaban la puerta de entrada al “Campito de Kathy”, me acerqué rápidamente, pasando primero por una angosta tabla de madera, algo inestable, que era el puente de un entramado de pasto al otro, e inmediatamente encontrándome con aquel ser maravilloso, blanco, con algunas manchas de color, su contextura delgada, saltando de un lado a otro con una energía incontrolable, pasando entre los alambres de púa y esperando que lo siguiera, inclusive cuando de un momento a otro se entró a su casa por un hueco que con su astucia y largas uñas le había abierto a las tejas. Me contaba Katherine, animalista y dueña del refugio “El Campito de Kathy”.

Cuatro años atrás, en el año 2013, el destino de Katherine Revelo colocó en su camino ángeles de cuatro patas y con ellos, una misión animalista por cumplir. Aunque nunca tuvo pensado trabajar para los caninos de la calle, su noble corazón no aceptaba las injusticias y atrocidades a las que tristemente estaban expuestos perros y perras, quienes día a día caminaban sin descanso y con un destino incierto en busca de comida y agua. Así que un día, armándose de valor Katherine decidió elegir a los perros como sus fieles compañeros de vida.

Sin importar el qué dirán del círculo social y empresarial en los que por años y hasta este entonces la conocieron como una mujer trabajadora y, además, el cambio absoluto de su vida personal y familiar; se levanta todos los días de su cama, ya no para ir a una empresa y cumplir un horario de oficina, sino para trabajar en otro mundo. ¿Quién va a otro mundo todos los días? Solo pocas personas afortunadas como Katherine tienen el privilegio de pertenecer al mundo perruno.

Amaneceres: Alegres como decisivos

Los rayos del sol iluminan su cara y al mismo tiempo la de sus perros, quienes la esperan todos los días ansiosamente. Ella, con todo el amor y dedicación prepara la comida a tempranas horas de la mañana para los más de 40 perros que habitan el refugio “Campito de Kathy”, comida que bien sabe ella, favorece a las defensas y organismos que contrarrestar enfermedades y desnutrición de los traviesos y amorosos caninos que ha recogido de la calle.

Este es un hogar, un espacio en el que se escuchan constantes ladridos llenos de amor y alegría, en donde se ven unas profundas miradas en cada uno de los perros cachorros y adultos, es allí en donde se respira la combinación de la naturaleza con el olor característico de los peludos, un lugar amparado por un angosto y largo techo, en donde cuelga un plástico largo que cubre un poco de la lluvia y el frio de la noche sin puerta que los resguarde. Dentro de este espacio que está dividido por una malla de alambres para separar los perros de las perras se encuentran llantas de caucho, tablas de madera y cobijas para simular las camas, también varios platos llenos de comida y agua. A las afueras en el pasto por donde corren y se divierten los perros se encuentran dos casas de madera, que personas voluntarias han ayudado a construir, ya que la llegada de nuevos perros es constante e inesperada día a día.

Cuando ella llega al refugio, la gran cantidad de peludos la reciben con sus lengüetazos, ladridos y una efusividad expresada en los más fuertes movimientos y latigazos de cada una de las colas largas de sus hijos perrunos. En especial Tommy, un perro de contextura delgada, color café, mirada tierna y espíritu aventurero, quien ha sabido ganarse todo el amor de Katherine, convirtiéndose en su mascota favorita, creando lazos fuertes de amistad y confianza desde hace varios años, tanto así que Tommy es el único perro del refugio que no se encuentra en adopción.

Sin embargo, Katherine no desfavorece a los demás perros porque a todos los trata por igual y busca las mismas condiciones de bienestar.


Estar en medio de tantos perros y sin sentir temor por si alguno es agresivo o no, o por los saludos efusivos que dejaban mis zapatos y pantalón llenos de huellas con tierra, no es como entrar a un restaurante, a la universidad o a una casa, es entrar a un nuevo mundo fuera de lo común, donde por primera vez me conocían, pero la bienvenida es de total ternura como si fuera la mejor amiga de ellos. A primera vista, de inmediato, me di cuenta de las necesidades del Campito de Kathy y de cada uno de los perros por sus diferentes condiciones de salud, sin importar tamaño, edad o raza. Aunque me imaginaba con todo lo que podía encontrar en este lugar, fue inevitable la profunda tristeza al estar en total contacto con las limitaciones de los perros, aquellas de las cuales ellos quizás no tengan idea por su noble corazón y entusiasmo con la vida. Es preciso en este momento donde crecía mi admiración por Katherine.

En aquel albergue, se respira un ambiente fresco y a la misma vez húmedo por la gran vegetación con la que cuenta el lugar, palos caídos con los que juegan los perros, casas de madera y camas de llantas o canecas de pasta cubiertas con cobijas, es donde los cachorros duermen.

A ellos no les importa tener comida de la mejor marca o si comen de la más económica, no les importa si el sitio donde están es bonito o feo, si hay dinero o no al día siguiente; un alma como el de ellos solo puede agradecer estar bajo techo, tener comida asegurada y sentirse amados por su madre y hermanos, cuidarse entre ellos y rozar su cuerpo peludo con el pasto sin el temor de ser golpeado o gritado por cualquier persona.

A pesar del agotamiento físico por el arduo trabajo que el refugio y los perros no dan espera y que, la mayoría de veces realiza sola, Katherine tiene en pie su corazón y coraje, sin dudar un solo minuto que cambiar y salvar vidas caninas vale todos los esfuerzos y sacrificios, porque no hay nada más gratificante y que llene su corazón, que la lealtad y sonrisas de cuatro docenas de perros que la acompañan día a día.

Heroína canina

Este refugio no solo es de perros, aquí también Katherine, busca su tranquilidad y paz, con lo que consigue despejarse de distintas cargas personales. Aunque necesite dinero para el sostenimiento diario del albergue, con el hecho de jugar, hablar con ellos, llamarles la atención por alguna travesura y que no se quiten de encima de sus piernas, se van las preocupaciones y solas llegan las ayudas y soluciones.

Pero no cualquier persona acepta este estilo de vida como lo ha hecho Katherine, convirtiéndose en la mujer luchadora por los que no tienen voz, porque además de satisfacer los estómagos de cada uno de sus perros, también dedica todo su tiempo a limpiar excremento, desinfectar el piso, lavar los platos de comida, hacer curaciones y transportar a la veterinaria a uno de los perros que más necesite atención y todo depende de si ella cuenta con los recursos económicos, los cuales lastimosamente no son fijos, para poder mejorar la salud de tan solo uno de ellos y además, contar con el dinero para los medicamentos y tratamientos de cada perro.


Además de cumplir con largas jornadas en el albergue, Kathy, como la llaman sus allegados, debe seguir en busca de actividades como vender lechona, dar a conocer su albergue por redes sociales para promover la adopción, hacer campaña de concientización en los colegios, esterilizar a los perros que rescata y pedir ayuda a sus contactos para seguir con la batalla que un día empezó y asegura, no dejará.

Esto tiene como trasfondo, el poder hacernos parte de esta realidad y saber que existen seres inocentes que necesitan de una humanidad sensible, consciente y amorosa, pero sobre todo darnos cuenta que para ayudar no se necesita tener millones de pesos, porque incluso quien los tiene no es tan capaz de enfrentarse a situaciones precarias de los animales como Katherine lo saber hacer.

De los metales a los ladridos

Katherine Revelo se dedicó a ser una exitosa comerciante, trabajó como gerente de la empresa Claro y en ese entonces tenía un hogar, vivía con su esposo e hijo. Al pasar el tiempo, conformó una empresa familiar de estructuras metálicas junto a su pareja con la idea de tener un trabajo independiente.

Hasta ese momento Katherine nunca había trabajado con animales, pero desde su niñez tenia inculcado el respeto y amor por ellos, ya que sus abuelos vivían en una casa grande donde tenían gallinas, pollos y perros. Y así fue como empezó el gusto e interés por ellos.

Un día cualquiera, sin planearlo, la vida de esta mujer emprendedora dio un vuelco total al llegar un perro tras otro a la empresa de estructuras metálicas. El buen corazón de ella no le permitía ignorar el hambre y la sed de cada perro que se le acercaba. Comenzó por ofrecerles comida y agua, abriéndoles día a día las puertas de su vida.

Sin ningún impedimento, Katherine refugió a tres perros dentro de la empresa. Pero seguían llegando más perros, algunos maltratados y otras perras embarazadas. No siendo ajena a la situación diaria de los perros en la calle, los seguía ayudando y cada día llegaban más y más perros porque sabían que encontrarían comida y agua como muchas veces atrás. Y como si hablaran, llevaron más de sus amigos callejeros a aquella empresa donde sabían tratarlos bien.

De un momento a otro, Katherine se dio cuenta lo agradecidos que aquellos perros estaban con ella y tras esto rápidamente fue creciendo esta labor de cuidar perros callejeros.

Llegó el día en el que ella decidió ser animalista, trato de seguir trabajando, pero los perros y el construir un nuevo refugio más grande fuera de la empresa le consumían todo el tiempo, así que sin más opción se retiró del área comercial para ser animalista por completo.

Katherine emprendía una nueva etapa mientras finalizaba otra, la relación con su esposo.

- A él le comenzó a molestar los perros y no quería ser parte de esta aventura. Cuenta Katherine.

Sin embargo, ella tenía metas claras, como una mujer luchadora se propuso seguir rescatando y rehabilitando perros de la calle. El amor y sentido de pertenencia hacia ellos hizo posible emprender una admirable labor social, siendo consiente de los cambios que debía afrontar. Primero que todo ya no contaba con entradas fijas de dinero, seguido a esto, los comentarios de sus amigas y personas de trabajo no eran los mejores, recibió críticas que la hacían mucho más fuerte para demostrarse a ella misma que si podía cambiar vidas, dándose cuenta que durante muchos años vivió en un mundo plástico con personas vacías espiritualmente, y que ahora está rodeada de personas valiosas, de buen corazón y que la apoyan en su labor.

A medida del paso del tiempo, Katherine se dio cuenta de que los perros y en especial a los que ella ayudaba, son más importantes que el resto de personas, le aportan cosas buenas a su vida: felicidad. Ellos necesitan de ella y ellos la han hecho crecer como persona.

A Katherine dejó de importarle el dinero, no lo ve indispensable porque sabe que el hecho de ya no tener carro y casa propia nada se compara con la tranquilidad y felicidad que ella siente al ayudar a los perros.

- Es un trabajo agradecido, siempre hay una satisfacción, sonrisa, lealtad y son cosas que no se encuentran en otras personas ni en un trabajo común. Afirma con serenidad.

Me cuenta mientras limpia con la escoba, jabón y desinfectante, que en el albergue se paga arriendo y servicios. No siendo una labor nada fácil y encaminándose a un futuro auto-sostenible de su albergue, cada mes sigue proponiendo actividades lucrativas que puedan ayudar a las necesidades de los perros, también contando con el apadrinamiento de algunas personas voluntarias.

- Yo podría dejar la labor y dejarlos a su suerte que es totalmente incierta, pero pienso en ellos y no podría hacerlo porque solo me tienen a mí. Dice con un tono de voz nostálgico.

Katherine, bien sabe que en la calle no hay lugar para el amor, por eso en los días soleados y hasta en los más lluviosos llega un peludo de cuatro patas tras otro, con sus lengüitas rosaditas y secas, sus estómagos rugiendo, añorando pasar por sus bocas gotas de agua y comida servida con amor y manos generosas.

Luz de vida a las afueras de la ciudad

Por las calles de Ibagué, deambulan ángeles inocentes quienes no pidieron venir al mundo, pero que un día abrieron los ojos y sin saber de su futuro en medio de tanta crueldad, jugaban con sus hermanitos, trataban de dar pasos firmes y expresaban su amor y alegría con besos de lengüetazos a su madre, quien poco tiempo después deja solos a sus cachorros y la vida de ellos comienza a ser más difícil cuando aún no conocen como es vivir en la calle, bajo la lluvia y el sol, sin comida y sin nadie que los acompañé en su adultez y vejez.

Lastimosamente, todos los días al salir a la calle veo perros comiendo basura y muriéndose de frío o de sed, muchos son atropellados por personas que sin escrúpulos los dejan en la mitad de la calle. Los perros también son maltratados, así como muchas personas lo son, tanto el uno como el otro tienen derecho a la vida, pero indiscutiblemente existe la crueldad humana que sin compasión atacan la integridad física y psicológica de los perros, sobre todo perros callejeros que no tienen un refugio y no cuentan con el respaldo de una persona amorosa, como lo es Katherine, que está a cargo de uno de los miles que caminan diariamente por las calles de la ciudad.

La maldad y rencor son cosas que no conocen estos seres dependientes del humano, pero si conocen del miedo, consecuencia de los actos más atroces hacia ellos. Sin embargo, su inocencia, ternura y alma agradecida son la esencia más profunda de su ser.

Al entrar nuevamente a este lugar, el saludo de estos lindos perros no cambia, igual de efusivos, encima de mí, y con ciertos cambios tanto buenos como malos. Había nuevos cachorros junto a su madre, una canina criolla y adulta, los pequeños salen de su canasta que tienen como cama y sin dudarlo, como si vieran un juguete para ellos, muerden mis zapatos y la bota del pantalón, a lo que yo reacciono con una risa.

Pero, por otro lado, me encuentro con la triste noticia de la muerte de dos cachorros a causa de una enfermedad, el moquillo, y de los pocos recursos para salvarles la vida. A ellos los conocí el primer día, eran dulces y tiernos, pero estaban muy débiles y sufrían de mucho frío. Me dio pesar, pero más pesar y dolor note en el rostro de Katherine, ya que para ella fue una batalla perdida.


La pena de no poder hacer nada, sentirse impotente para evitar la muerte de un perro, sobre todo como lo fue uno de los perros más significativos para ella: Paco, un perro emblemático, viejo e inteligente del refugio; es devastador y muy doloroso para Katherine: “me dolió mucho su enfermedad y su muerte, traté de salvarlo y no pude al final y este suceso me marco por completo. Y muchas veces es por recursos económicos”. Cuneta con voz baja.

El amor de Kathy por todos los perros no tiene límites, alza su voz por todas las injusticias hacia estos animales, ya que para ella las personas que no tienen respeto por un animal no se les puede llamar personas y son totalmente desconfiables.

En medio de ladridos y olfateos a mi alrededor, puedo presenciar por primera vez como es la separación de un cachorro y sus dos madres, canina y humana. Realmente es impactante cómo la perra adulta trata de hacerse notar para que su hijo no sea adoptado, le duele y queda triste viendo desde la puerta como se marcha el pequeño de ojos claros en manos de dos niñas.

Para la rescatista animal es satisfactorio que un perro sea adoptado, su labor también es conseguirles hogar, a pesar de que en poco tiempo logra querer y apegarse a los perros, así trate de no hacerlo es difícil y siempre le afecta el hecho de que uno de ellos abandone el refugio.

Para Katherine, el significado más grande de hacer esta labor es tratar de sembrar semillas y cambiar un poco el mundo, para que las próximas generaciones aprendan a valorar la vida animal, enriquecer el corazón con este tipo de labores siendo ricos como personas, recibiendo como pago tranquilidad, agradecimiento y no dinero.


 
 
 

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