El sonido del olvido
- Pa´la gente

- 10 jun 2018
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Días Fríos
La neblina encerraba los cerros de Monserrate, y las personas bajaban por la carretera con sus gabardinas largas y pesadas. Parecía Londres, solo qué en la calle había señoras que vendían su frutica y su tinto. Bogotá es una ciudad que si no se lleva amablemente empieza a atrapar el espíritu y no deja salir a nadie jamás. Por eso cuando se camina por esas mojadas y turbias calles del centro, un pequeño sonido de música hace palpitar más rápido el corazón, y las piernas funcionan de otra manera. El alma se alegra y de alguna forma busca salir del cuerpo para estar libre, para dejar ataduras.
Daniel Bustos quien por el año 2012 estudiaba filosofía en la Universidad Javeriana también tomaba tinto a diario y se dejaba llevar por las notas que salían de las calles, las que muchos escuchaban, pero poco reconocían. Se extasió al ver a unos pequeños tocar lo que sería música de la costa; empezó a ver palmas en el centro de Bogotá y como un torrente y vehemente mar se abría paso entre las calles al compás de la flauta que rápidamente desfogaba notas.
Al concebir que esto le fascinó, decidió empezar un arduo y fatigante estudio sobre las costumbres y cultura de los afrodescendientes en la costa caribe colombiana. Le fascinaba la idea de encontrar una mente, un pensamiento colectivo sobre las interpretaciones de la realidad, un filósofo afrodescendiente.
Se levantó una mañana de junio, y empezó a guardar lentamente su maleta, llevaría toda su excitación y coraje para realizar este proyecto en un lugar lejano. Donde no había cerritos y selvas de edificios. San Basilio de palenque sería su punto de partida. Este corregimiento ubicado en el municipio de Mahates, en el departamento de Bolívar, es reconocido por tener una característica peculiar entre los habitantes. Su lengua; es una deliciosa fusión como su música, entre, español, bantú africano, portugués y francés. Ha lo que llamada “criollo palenquero”. Resultaba intrigante conocer todo sobre esta comunidad.
Cuando ya tenía todo empacado y organizado se sentó en el asiento del avión, lleno de pensamientos y miedo. De su boca salía un sabor citadino a frío, solo esperaba que el calor del mar bajara un poco sus nervios y le ayudara junto al viento a realizar todos sus proyectos, un sonido golpeó su silla, su cuerpo se echó para atrás y el avión despegó con fuerza.
Días cálidos
La llanta del avión había pisado tierra costeña y de ella salía humo cálido. Una mancha verde se extendía a su derecha, y el sonido bramante del mar azotaba con fuerza y desasosiego. Sabía que este viaje sería una de las cosas más importantes en su vida académica, y decidió emprender su camino hacia el pueblo que estudiaría.
Debemos entender primero que la marginación social en este sector de la costa azota con bastante fuerza y más que todo a las etnias afrodescendientes, una parte contiene el potencial simbólico histórico, la otra donde los gringos y europeos se hospedan y pasan unas agradables vacaciones y por último el olvido; casas pequeñas hechas de tejas y calles destapadas.
Varias palmeras y horas de camino le llevaron a San Basilio de Palenque, donde conoció a El gato, así le conocían todos sus amigos por allá. Gato era un hombre esbelto y delgado de brazos largos y pies pequeños, ojos perdidos y orejas grandes, es quizás por esto, que le decían el gato, sus brazos eran tan largos como sus piernas, y los dedos de sus pies eran cortos, como de gato caribeño. Este le dijo con voz agraciada y un poco de tufo a whisky:
- Ey rolito, ven pues para acá y te llevo donde los compas, para que los conozcas, así te relacionas y de paso les comentas lo que quieres hacer, eche. Le gritaba gato mientras lo conducía a un grupo de señores sentados en una casa vieja y con techo de paja.
- Mira aquí les traigo a Daniel, él es de Bogotá y hace unas horas llegó, yo les comenté lo que quería hacer aquí, estudiar cosas, como los de por allá. Comentaba gato mientras le presentaba a toda la pandilla, Chente que le conocían con cariño en el pueblo por disfrutar las cosas sin temores, divertirse y compartir mucho con su familia, hacer fiestas y celebraciones constantemente y siempre encontrar un motivo para hacerlo.
Pablo que era alguien más alto que gato, pero bastante gordo y Asprilla que no dejaba de cantar una canción, “allá va pal mar, allá la deje, allá donde sopla el viento allá mismo”. Daniel se acomodó en una banquita al lado de ellos, y les comentó que quería saber todo sobre esta famosa lengua y que cuanto tiempo llevaba en la región, un silencio se sintió en todo el lugar, y ahí arremetió chente:
- Tu sabes que nosotros tenemos que vivir de algo, y pues aquí somos pobres y necesitamos de la ayuda, de cualquier tipo. Si tú nos pagas un millonsito por traducirte y enseñarte, todos quedamos contentos y listo, tranquilo como el amora de ahorita.
Daniel, frunció el ceño mientras bajaba tragos amargos de limonada que doña carmelita le había entregado, para que se climatizara. De forma inmediata respondió, asegurando que sus capacidades económicas no eran suficientes para poder realizar un pago de estos. Inclusive había gastado de más en los viajes en avión y nunca había sido partidario de la mercantilización de la cultura, por lo que se desmotivó bastante y no disimulaba su arrepentimiento por creer inocentemente que conseguiría mucho en aquel lugar.
Los árboles se tumbaban cerca de una casita por la calle principal del pueblo, Daniel se encontraba de espaldas hacia ella, reposando las malas noticias. Hasta que Chente se acercó y le dijo con cara amigable.
-Mira manito, yo puedo llevarte donde alguien que de seguro podría interesarle algo de lo que haces, o de pronto te ayuda a buscar una nueva idea, no sé, piénsalo.
Daniel sin perder nada, se arriesgó y decidió seguir a Chente, es allí en aquella casa verde que conoció a Guillermo Valencia, escritor de palenquito y tamborero de Petrona Martínez, quien le aseguró que de verdad tenía que conocer a alguien, que era especial, y poco reconocido.
Tan solo debían recorrer 20 minutos para llegar a su destino, tiempo suficiente para que la invasión de sensaciones hiciera cuestionar a Daniel sobre su anhelado viaje, miraba al cielo mientras sentía cada rayo de sol penetrando su piel e imploraba que no fuera en vano. Cauteloso Daniel se bajó de la motocicleta y se acomodó el cabello. Es allí donde su vida cambió para siempre. Los esperaba un señor de casi 90 años, así lo interpretó Daniel. Llamado Magín, de cuerpo largo y delgado de tez negra, se encontraba descansando en el corredor de la entrada de su hogar, le dio la mano, se presentó y le dijo:
- Ayúdame, yo soy cantante.
Días de folclor
Al escucharle cantar, “espíritu maligno ¡ay! que tú no puedes conmigo, me mandaste a decir que tenías amores nuevos, por contesta te mande que yo los tuve primero, ¡ay! espíritu maligno” le llevo a una mejor época, cuando su mama le preparaba sus guisados favoritos y le dejaba salir a jugar por las calles de Ibagué.
Esta vez su alma quería salir de nuevo de su cuerpo, pero ya no era en la fría Bogotá, era en el calor arrullador de la costa y la cantaba un señor longevo que encarnaba el mito de ser el cantante activo más veterano de Colombia y quizá del continente americano que vive no solo de lo que recuerda que compuso, sino de la maestría y belleza de su canto. Ensaya todos los días con sus músicos y demuestra que en medio de su pobreza, la música es lo único que tiene.
Valía mucho, cada gramo que pesaba ese señor era oro en el patrimonio cultural y material, así que pensó que debía hacer algo por él, a pesar de que su formación es académica porque es filósofo y trabaja con textos, era consciente que no le podía grabar un disco ni un documental, no podía conseguirle plata porque no tenía los medios, pero aun así le dijo:
- Encontraré la manera. Mientras le miraba fijamente y con ojos efervescentes.
Le pidió una fotocopia de su cédula donde dice: “manifiesta no saber firmar” y quizá eso fue impedimento para registrar algunas de sus canciones, pues Magín, es analfabeta, también unas cuantas fotos y se propuso a conseguir ayuda.
La historia de vida de Magín es tan complicada como el nudo de un barco que llega lentamente hacia la costa y se ancla al malecón. Luis Magín Díaz García nació el 30 de diciembre de 1922 en Gamero-Bolívar, es hijo de Felipa García una señora con una voz más tierna que las musas del olimpo, y de Domingo Díaz con la mismísma cara de Magín solo que con bigote más abundante.
Sus primos y sobrinos recuerdan que Magín era mayor que su prima Irene, quien nació en 1916, y que un señor en Gamero que en este momento tiene, según su cédula, 97 años. Eso aumentaría la edad de Magín a 100 o más años. Más que los 100 años de soledad de Gabo, junto al rio, junto al mar, con el calor y con la música.
Magín ha tenido una vida llena de altibajos, pero en este momento crucial de su vida, ya con 100 años encima y el cansancio de que no se reconozca su música, lo único que le queda es ella, inesperadamente siempre le saca fuerzas desde lo más profundo de su alma, y le ayuda a componer las canciones más hermosas jamás oídas.
Con una dedicación de más de 80 años en la música, todavía sigue cantando y bailando. Es una influencia anónima y subterránea, no por eso poco significativa, que armó de valor a Daniel para dejar a un lado sus limitaciones económicas y laborales para poder de alguna manera mostrar su canto al mundo.
Viaje a Bogotá; convertir el frío al calor con la música.
Daniel regresó a Bogotá de forma inmediata pues su excitación desbordaba, había encontrado lo que tanto tiempo buscó, alguien que le necesitaba y un genio musical, que moría lentamente en la sombra sin el reconocimiento que por mucho tiempo esperó. Bajo la presión epistemológica que tuvo sobre su proyecto final de grado recogió cada pedacito de información y empezó el proyecto; para divulgar estos valores culturales del folclor de Magín en toda Colombia, cuya voz fue silenciada por el racismo en nuestro país.
Pero esta no es la imagen que queremos destacar, de ninguna manera:
- Siempre fueron pobres, malos, ladrones, borrachos, perezosos ese es más o menos el estereotipo, pero a mí siempre me parecieron agradables, hospitalarios, atentos, pero sobre todo esa chispa de alegría y energía que contagian. Desde la ignorancia me preguntaba, por qué no había filósofos negros y en Estados Unidos abundan, pero no se estudian, en África también y hay escuelas de filosofía africana, pero nadie los mira. Comentaba Daniel con entusiasmo.
En Bogotá no fue fácil conseguir los fondos suficientes para la realización del proyecto, ni de sacarle un propio disco a Magín, pero a Daniel esto no le dejaba dormir, se levantaba a la madrugada, prendía un cigarrillo y miraba por la ventana mientras en Bogotá llovía. Cuando cada gota caía en el techo, era una melodía inconcreta, un sentimiento que se aplastaba y ya no quedaba nada de él, pero por ahí dicen que cuando algo te motiva y de verdad importa, siempre llegará.
Un día recibió una llamada, su proyecto había sido asignado como uno de los ganadores en la Convocatoria para Estímulos Culturales “Icultur- Bolivar ganador” realizado por la Gobernación del Bolívar y el Instituto de Cultura y Turismo de Bolívar, cuyo premio era una jugosa cifra de 30 millones de pesos con la finalidad de democratizar el acceso a las oportunidades que ofrece el Instituto para dinamizar el sector cultural bolivarense. Por consiguiente muchas personas se motivaron junto a él a realizarlo; le sacarían un disco a Magín.
Su felicidad desbordaba, veía en Bogotá ambiente de costa, todos bailando, sonriendo vestidos para el calor, aunque en realidad él era el único entusiasmado, todos seguían iguales caminando a sus aburridos trabajos para seguir con sus vacías vidas. Daniel, de inmediato habló con Guillermo Valencia y le solicitó los contactos necesarios para llegar a Petrona Martínez y el productor de ella. Cuando le conoció le contó sobre el proyecto de Magín, ella quedó encantada y conmovida.
Luego buscó incesantemente a Gualajo, el rey de la marimba en el pacífico, es como hablar de Carlos vives para el tropipop y coincidencialmente él había conocido a Magín en un evento y sin pensarlo aceptó. Entusiasmado, exaltado y conmovido Daniel llamo a Magín, le habló suavemente, le dijo que ya podría grabar su primer disco, que se viniese inmediatamente a la capital puesto que le tenía una enorme sorpresa.
Magín, llegó a la capital un día frío y nublado, se quejaba constantemente del frio que arremetía en su cansado y viejo cuerpo. Daniel se quitó su saco y se lo obsequió, le condujo en un automóvil hasta el estudio de grabación.
Es así que Magín llega, se sienta, empieza a mover la garganta y se entona a cantar, con el alma con el cuerpo y con fuerzas que no conoce, con su propia vida. Por su edad y condiciones es alguien muy impredecible. De un momento a otro puede cantar una canción que nunca nadie le ha oído. Y eso es también parte de la magia, pero en el estudio pone muchos obstáculos, porque a veces se va a grabar una canción y él no quiere cantarla y termina cantando otra. Pero finalmente se logra adecuar todo el proceso a él para que con esa potencia y lucidez brinde lo mejor.
Daniel le mira desde afuera, alguien golpea la puerta, es Carlos vives que llegó con una nueva canción, le hace seña de aprobación a Daniel y le quita el sombrero a Magín, se lo pone lentamente en su cabeza y lo mueve un poco a la derecha, le da una palmadita en la espalda y le dice, con ojos exaltados y efervescentes, ahora si vamos a cantar Rosa juntos.
El mayor deseo de Daniel es que Magín vea el disco y el documental antes de morirse:
-Él no se acuerda de mi nombre, los logros son evidentemente para mí, no he hecho plata, mi capital económico no aumenta pero mi capital social y cultural sí. Con este trabajo quisimos hacer el mejor disco posible de música tradicional con un señor que es prácticamente un ancestro y un ser humano maravilloso. Pienso que creamos una joya de la magnitud del gigante que es Magín Díaz.



















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