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La vida en el desierto de la Tatacoa



Entre historias y tonadas armónicas, don Miguel Ángel González relata el pasar de los años en el desierto de la Tatacoa.

“Siempre que llegan las personas como turistas, hay que saberlos guiar, atender, recibir y contarle las historias merecidas que tienen los lugares como este. Este valle tan hermoso que tiene paisajes maravillosos y demostrarles esta bella tradición que en este lugar se vive”

Cinco generaciones de ancestros lo documentan para narrar la tradición de la familia González y el transcurrir del tiempo, en la segunda zona árida más extensa de Colombia; el desierto de la Tatacoa. Un escenario natural, que precisamente no es un desierto, sino un bosque seco tropical.

A este hombre de 60 años Dios no le dio hijos, pero como él lo dice le dio unos sobrinos por quienes luchar. Es el eje principal de la familia y lucha con uñas, manos y pies para poder conseguir el sustento para su hogar.

En el desierto de la Tatacoa las tierras de color ocre y gris acompañadas del verde de los cactus, le genera a sus visitantes curiosidad, asombro y deseos no solo por conocer todo el desierto sino que también por seguir descubriendo las maravillas de Colombia. Don Miguel, es fiel testigo de esta maravilla, además agrega, que debido a la ausencia de luces artificiales, este desierto permite admirar el firmamento, siendo protagonista su cielo estrellado.

En medio de una caminata en el valle de los xilópalos, sitio turístico de este bosque seco tropical, don Miguel quiso compartir sus historias por medio de cuentos poéticos y anécdotas de vida; la energía y el sentido de pertenencia han sido siempre sus aliados.

¿Dónde y de que vivieron sus ancestros?

Son 5 generaciones ya hasta donde estoy yo, naciendo y viviendo en el mismo lugar, obvio la casa de los tatarabuelos eran con techos de láminas, bareque y otras cosas que manejaban antiguamente, pero todos hemos sido de la región.

Demetrio González, era mi padre quien murió a los 100 años, en la era de ellos se vivía del ganado, de la cría de chivos y de todo un poquito. El turismo ha venido llegando hace aproximadamente 30 años.

Mis bisabuelos vivieron de la ganadería, de la cría de cabras, de la época en que llovía. En el tiempo de ellos si llovía, en cualquier lugar sembraban caña, sembraban plátano, sembraban maíz, todo se daba; esto era cultivable pero por falta de agua es que no se dan las cosas, la tierra es muy buena, lo que hace falta es el agua. Ahora puede pasar un año sin caer una gota de agua y así todo muere.

¿Con quién vive en la actualidad?

Actualmente vivo con mis hermanos, hermanas y los sobrinos; yo hago de papa, de marido, de hijo y de todo un poco. Entre todos seguimos las costumbres y tradiciones de nuestros ancestros, aquí nacimos, aquí nos criamos, y al igual que mis viejos, aquí moriremos. La casa de los González seguirá siendo de los González.

Se comenta que el desierto permite admirar las maravillas del espacio, ¿Han presenciado ustedes alguna lluvia cósmica?

Aquí perfectamente cuando el cielo está totalmente destapado, tenemos el privilegio de ver a campo abierto, a pura visión las lluvias cósmicas, las estrellas fugases y todo esto por épocas, me parece que hay una en agosto y otra al terminar el año.

Es mágico, nosotros hemos visto muchas desde cualquier lugar del desierto, gracias a que no hay tantas luces artificiales, pero ya existe un lugar aquí que es el observatorio de astronomía, donde aprovechan la favorabilidad que tiene la Tatacoa para la observación celeste, ahí tienen todos los tipos de telescopios que se requieren.

Raro sería no poder apreciar fósiles de animales como tortugas, peces, cangrejos, incluso osos perezosos que eran encontrados cuando la lluvia removía la arena. Estos fósiles son entregados por los habitantes de la región al museo paleontológico del municipio de Villa Vieja en Huila, donde el padre de don Miguel, Demetrio González también aportó en gran medida a este museo.

El desierto de la Tatacoa lo recorren varias especies animales como lo son los conejos, el gato montés, los tigrillos y el zorrillo, para la parte montosa se encuentra el venado, el Cajuche, el armadillo y diferentes clases de aves de carroña. La Tatacoa, cascabel o como la llamaban los indígenas “Yararaca” no se encuentra con frecuencia en la región.

¿A qué se debe el nombre desierto de la Tatacoa?

Aquí la culebra más venenosa era el cascabel, la que en los asentamientos indígenas Totoyoes llamaban “Yararaca”, por eso el primer nombre que tuvo este valle fue “valle de Yararaca”, por esa serpiente que era la más venenosa, peligrosa, de colmillos agudos y por la cual murieron muchos indígenas, a lo largo y a lo ancho de la quebrada Tatacoa, que desemboca en el río magdalena, esta era la fuente más precisa para todas estas serpientes.

¿Cuál es el estado actual de la quebrada Tatacoa? La quebrada Tatacoa era un río con suficiente agua y con buena cantidad de peces, pero con los cambios climáticos, la sequedad ya se ha chupado el agua, algunas veces vuelve, pero de nuevo se consume o la arena se la toma, la poca que queda va saliendo hasta hacer el recorrido al rio magdalena, hoy en día está bastante seca.


Este lugar es bastante significativo para todos ustedes, como han hecho para defenderlo y mantenerse en el tiempo, es decir, ¿quiénes toman las decisiones en el desierto de la Tatacoa?

Aquí han querido venir a apoderarse de muchas cosas, a tomar decisiones, pero con nosotros no han podido, porque aquí los que mandamos somos los moradores, los que hemos sufrido y vivido aquí. Que nos vengan a poner condiciones, así como así no. Hay que cuidar y trabajar juntos, pero tampoco dejarse dominar por otros.


 
 
 

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