Una ilusión esperada
- Pa´la gente

- 3 jul 2018
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“Un embarazo por subrogación es el alquiler del útero de una mujer. Pero no solo es eso, también requiere un proceso emocional que lleva consigo nueve meses de gestación y un final al cual se termina en una sala de partos con mucho dolor”

Ser madre o padre biológico es un anhelo que no siempre es posible. La ciencia llega hasta donde pueda llegar y desde luego no resuelve todos los casos de infertilidad que hay en nuestro mundo. Además, es justo decir que la adopción en Colombia es una larga travesía repleta de obstáculos: listas cerradas, años de espera, valoraciones de idoneidad… y es aquí donde se abre otra puerta, la de la polémica maternidad subrogada o alquiler de vientre.
Orlando Ordóñez y Carlos Contreras son una pareja LGBTI (Lesbianas, Gays, Bisexuales, personas Transgénero e Intersexuales) que llevan más de quince años con una relación que para más de uno no estaría bien, pues lo correcto sería hombre y mujer como lo es el mandato de Dios. Orlando, tiene cuarenta años de edad, es Ginecólogo de profesión, estatura promedio, piel trigueña y cabello negro corto. Conserva un sentido del humor contagioso, una sonrisa de oreja a oreja que le hace quitarse unos añitos de encima. Carlos, como se diría en un lenguaje coloquial es la parte “femenina” de la relación, tiene cuarenta y tres años y sueña con tener una familia con muchos hijos, y es quien está pendiente de la casa y solventa los faltantes del hogar, mientras su pareja llega después de un arduo día de trabajo.
El deseo de un hijo comenzó en gran medida para Carlos, de la misma forma que a un niño no se le quita la idea de tener como sea su juguete preferido. Esta pareja sentía que para darle un nuevo significado a sus vidas, les hacía falta la chispa de “un amor chiquito” que los iluminara con su sonrisa y ocurrencias, como lo podría hacer un bebé. “La decisión no fue nada fácil, pues sentíamos que nos hacía falta vivir esa etapa en nuestras vidas, pero no sabíamos qué tan fácil podría ser criar a un hijo y sacarlo adelante. Además con todos los prejuicios que la familia y la sociedad hacen porque una pareja como nosotros quiera un bebé”, dice Carlos.

Una gran oportunidad
Es en Mayo del año 2017, cuando Carlos y Orlando toman la gran decisión de alquilar un vientre por reproducción asistida, es decir, que uno de los dos donaría su semen para dar vida a ese ser que anhelaban tanto. Aun así faltaba lo más importante, encontrar a la mujer que estaría dispuesta a otorgarles la posibilidad de tener a su hijo. Como es común y con el auge que tienen las redes sociales, un anuncio en Facebook dio luz verde a la feliz búsqueda, sin embargo, lo primero que ellos querían en aquella mujer que les daría la felicidad infinita, consistía en una serie de condiciones tanto físicas como emocionales. Inicialmente que fuera alta, rubia, delgada, estrato social medio y segundo, con un ritmo de vida saludable y estable.
Todos los gastos correrían por cuenta de Orlando y Carlos, y la mujer como la llaman ellos por cuestiones de seguridad no tendría ninguna situación de precariedad. La vivienda, la alimentación, las medicinas necesarias y la vestimenta sería solventado para que su bebé no corriera ningún riesgo. Eso sí, antes de cualquier trámite, primero se firmaría un contrato en el cual se especificaría que después del nacimiento del bebé, este sería entregado sin ningún tipo de inconveniente. La madre no podría verlo ni tocarlo con el fin de que no se fuera a encariñar con él. “Este fue uno de los requisitos por el cual optamos para así no tener ningún tipo de inconvenientes ni malentendidos”, expresa Orlando.
El monto gastado para alquilar el vientre, fue de $30 millones sin contar las comodidades en que debe estar la mujer para gozar de una gestación saludable“Es una felicidad tan grande cuando conocimos y besamos a nuestra hija, no creíamos todavía que fuera nuestra, hasta que la tuvimos en nuestra casa”, dice Carlos y Orlando.. Transcurridos los nueve meses del proceso, nace Samantha el 18 de febrero del año 2018 a las 11:25 AM. La tan anhelada espera para conocer a su hija se hacía más fuerte y los segundos les parecían minutos, hasta que por fin se abrió una puerta blanca y de allí salió como un ángel, una mujer vestida de blanco con una bebé en brazos. Mientras que una lágrima caía sobre sus rostros, retratando la felicidad que embargaba el momento tan esperado, Orlando y Carlos recibieron a su hija, la tomaron en brazos y la abrazaron fuertemente.
Después de culminar el proceso y desde hace cinco años haber vivido en la ciudad de Ibagué, Carlos y Orlando deciden mudarse definitivamente a la ciudad de Cali por una mejor oferta laboral para Orlando. Hoy día, Samanta ya tiene cuatro meses de vida, y los acompaña en cada decisión que emprenden. Es una niña de piel clara, rubia y de ojos color marrón. Impacta a simple vista; tiene un cuarto propio adornado de accesorios color rosa, y así mismo tiene todas las atenciones del mundo y no le hace falta nada. Samantha, es la luz de los ojos de la familia Ordoñez Contreras.



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