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Yagecero Urbano


El yagé se ha venido popularizando en algunas ciudades centrales de Colombia como: Medellín, Bogotá, Cali y pasto; presenciar la aparición y diseminación de rituales asociados a la cultura indígena hace parte de una herencia cultural ancestral que había estado oculta, pero que desde hace una década muchos citadinos hacen parte de ella.

Uno de estos personajes que ha conocido el ritual de yagé es Johan Julián Acosta Arce un joven ibaguereño que con tan solo 19 años de edad y un poco más de 1 metro con 70 cm de estatura, ha logrado aprender la sabiduría de esta medicina. Hace alrededor de dos años, siendo un menor de edad “Juli” como popularmente lo llaman, viajó al Valle de Sibundoy, parte alta del Putumayo, por motivos familiares, hecho que le causaba demasiado aburrimiento, pero que cambió su percepción totalmente cuando pisó estas tierras.


Al descender del avión con su familia, lo primero que Julián observó fue unas majestuosas montañas que abrazaban la inmensa selva. Asegura que sintió “un viento muy frío, una tranquilidad que se podía agarrar con las manos”. Después de recorrer un largo camino, llegaron al lugar donde se iban a hospedar, era un bastante sencillo, una casa construida cerca de la orilla del río, con un par de tablas de madera y en la parte exterior varias hamacas amarradas de los árboles. Así como esta, varias casas se sumaban, formando un barrio o comunidad como allí suelen decirlo. Al entrar a casa del pariente, “nos recibió un anciano con un saludo muy amable y un abrazo que decía bienvenidos”

La estancia de Julián en el Valle de Sibundoy fue de gran provecho, allí aprendió varias cosas, entre esas, comprender los rituales indígenas y sus propósitos, cambiar la concepción de la vida ,valorar más la tierra y los usos que se le dan, confirmar la diferencia cultural y, entre otros, conoció a un Taita indígena, “un hombre moreno de cabellos negros, contextura robusta, ojos oscuros y un carácter fuerte pero noble, cuando el anciano se veía caminar desde lejos se notaba que su vestimenta era extraña, llevaba muchos collares, una ruana de vivos colores, una corona de plumas en su cabeza, y venía masticando tranquilamente una hoja, lo que a Julián le despertó su curiosidad, le causó mucha intriga saber el significado de cada elemento que llevaba consigo el taita” asegura la madre de Julián. Cuando el Taita llegó al lugar, Julián se acercó y empezó a preguntar todo lo que se le venía a la cabeza, el señor muy calmado y receptivo aceptó el cuestionario y comenzó a soltar respuestas algo complejas de entender. Julián sentía deseos de saber y empaparse sobre todo lo necesario para comprender la cultura y los rituales indígenas y por conocer el funcionamiento de la AYAHUASCA. Fue así como el Taita Emilio Chicunque Chindo de 57 años, reconocido en la comunidad como uno de los mayores conocedores del ritual, como uno de los líderes mayores de la comunidad, le dio la fortuna de darle a conocer el ritual más importante para ellos, el yagé.


El taita, al ver el interés y la casualidad de la presencia de Julián en estas tierras, decidió introducirlo en el mundo del yagé, con el fin de seguir transmitiendo y perpetuando a nuevas generaciones jóvenes indígenas el conocimiento. Aun sabiendo que Julián no hace parte directa de la descendencia de los nativos del putumayo, el taita decide compartir la medicina con él y asevera que permitir a un tercero hacer parte del ritual depende de la pureza del alma, de los actos de la persona que la va a beber, de las intenciones y los procesos que tiene en el cuerpo y en el pensamiento. El Taita recalca que es el mismo yagé quien determina y acepta al individuo que puede tomar y el que no, “Juliancito después de haber adquirido el conocimiento suficiente sobre el camino de la medicina y descubierto que su cosecha de energía es bonita, que demuestra que si lleva un camino derecho, que tiene sus buenos hábitos con la naturaleza, se puede hacer uso de ella, sin embargo es un proceso de aprendizaje” asegura el taita Emilio.


Se trata de un encuentro privado, donde se consume ritualmente el psicotrópico enteogeno, siempre bajo la guía de un especialista. Por lo general, un Taita yagecero nacido en el Putumayo, cuando ofrece la bebida entra en un proceso de confrontación con la muerte, la figura del Taita se va configurando como un guardián protector que carga con todo lo malo del ritual; para llegar a esta posición es necesario un proceso arduo, que implica un trabajo con el cuerpo, la mente y el alma, este ritual se ha dado a conocer de manera progresiva en la ciudad con el rótulo de “medicina tradicional indígena”. También se ha ido introduciendo poco a poco en diferentes sectores económicos que lograron sacar el ritual de la selva y proponer una urbanización y elitización de las tomas, sentido se reafirma que, aunque el yagé haya hecho presencia en la ciudad desde hace tiempo, sólo hasta hace poco empezó a ser referenciado por las elites y la clase media urbana así lo menciona Alhena Caicedo Fernández en su texto el uso del ritual del yajé: patrimonialización y consumo en debate.

En la actualidad, las tomas del Yagé se presentan al público urbano como una alternativa terapéutica o de curación, con una connotación espiritual y dirigidas generalmente a las personas que no tienen cercanía con este tipo de rituales, lo que a su vez promueve el uso del yagé como una práctica indígena legítima que hace parte de una herencia cultural compartida con nuestros antepasados que debe recuperarse y reivindicarse. En ese mismo sentido Julián se relaciona con el taita Emilio y dan inicio al proceso de urbanización del yagé en la ciudad de Ibagué.

Luego de varios meses de aprendizaje y enseñanza de la medicina, el taita y Julián deciden transportar el brebaje a una finca ubicada en villa Restrepo donde algunos ibaguereños conocen el ritual y se benefician de la medicina, los encuentros se realizan de manera esporádica, se toma la medicina y se vive el yagé.

Julián argumenta que sus ambiciones con el yagé no van más allá de aprender, actualmente es la mano derecha del taita Emilio. Por su parte el Taita durante el ritual tiene claro que para guiar ese proceso deben de pasar muchos años de formación, y adquisición de la sabiduría ancestral, asegura que por ahora para él es suficiente ayudar a sanar el ser humano, curar sus enfermedades del cuerpo, mente y alma, ayudar a construir una espiritualidad que cambie los sistemas de vida donde no seamos un peligro para la madre tierra.

Por otro lado, Julián tiene el apoyo incondicional del taita quien afirma: “Juliancito tiene muy buena energía y muy buena categoría, tiene buenas acciones y la medicina lo acepta”. Según el taita ese es el primer paso para ser parte del yagé, de la ceremonia y de la confrontación con la muerte.


Por ahora, Julián seguirá adquiriendo experiencias y aprendiendo de esta sabiduría ancestral, de este patrimonio que todos los colombianos hemos heredado gracias a nuestros antepasados, Julián también cuenta que está muy agradecido con Dios, el universo y con el taita Emilio por compartir la magnífica experiencia de ser parte del yagé, dice que próximamente volverá al Valle de Sibundoy con el fin de apropiarse de este territorio, de su gente, de sus hábitos y sus costumbres.


 
 
 

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