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Un corte a la antigua



Algo agitado y preocupado porque ya se acercaba la hora de sustentar los diferentes trabajos finales del semestre universitario, me era necesario tener una buena presentación personal, por lo que me dirigí a la barbería donde acostumbro ir, pero esta se encontraba cerrada, motivo por el cual me vería obligado a buscar rápidamente una solución.

Caminé en las calles copadas de gente por el centro de la ciudad en busca de un buen lugar, mi tiempo empezaba a agotarse, luego de una larga búsqueda encontré en un angosto callejón, una pequeña casa, la fachada de color blanco ya gastada, tenía un letrero rústico donde decía barbería de “Ciro”.

Sin muchas opciones, decidí entrar por aquellas puertas negras y envejecidas. Los interiores de este lugar eran impresionantes, su piso embaldosado a blanco y negro me hacía creer partícipe de un duelo de ajedrez, sentí que el mundo se me movía, los espejos enmarcados en mármol, un mesón en donde se encontraban unas tijeras, cuchillas bien pulidas, además de las paredes blancas que inspiran un ambiente relajante adornadas por fotografías antiguas de su familia, también algunos cuadros que mostraban el estilo de corte que los clientes podrían escoger, estos me remontaron a las años 50. Estaba nervioso porque pensaba que estos cortes me harían ver anticuado.

Entre tanto, un señor pequeño, con bigote estilo italiano, con una que otra cana en su cabeza, sin contar las arrugas y lo rígidas que parecían sus manos, de las cuales lo único que brillaba era un reloj de oro que ya parecía gastado, con bata azul, pantalón negro, sus zapatos muy bien lustrados, se me acercó y con una voz grave y quebradiza me dijo:

- Joven, siéntese y me dice que corte desea hacerse, y de una vez le advierto, yo no sé hacer figuritas en la cabeza, nada de estrellas, chulos ni esas pendejadas, como varoncito. Por cierto dígame Ciro, con confianza mijo- exclamó el hombre mientras alistaba sus implementos.

- No, la verdad ando buscando un cambio de peinado, quiero algo mas serio, tengo una presentación de la universidad, necesito ir bien presentado-.

Pongo en sus manos mi imagen Don Ciro

Luego de eso, el señor se puso su tapabocas y prosiguió a encender la máquina para llevarla a los costados de mi cabeza, temí por instantes poner en manos desconocidas mi peinado. Aunque el procedimiento que hizo es el mismo que haría cualquier barbero, lo interesante fue la manera minuciosa y precisa de su trabajo. No le preocupó el tiempo, no le angustiaba sus otros clientes.


A medida que iba puliendo el corte, iba tomando partida en la conversación sobre su vida, con duda me atreví a preguntarle por las fotografías que estaban colgadas.

-¿Don Ciro que pena la pregunta, ¿quiénes son los que están en esas fotografías?-

Una sonrisa nostálgica se marcaba en su rostro y respondió: -ellos son todos mis antepasados, como usted sabrá esto es un linaje familiar, aunque yo lo veo como una maldición.

Intrigado le pregunté, ¿por qué es una maldición Don Ciro?

- Pues son rumores familiares mijo, se dice que el primero de mi familia en ejercer este oficio, antes de morir pidió que por lo menos uno de todos los hijos que tuviera debía dedicarse a esto, desde eso todos en nuestra familia lo han cumplido.

-¿Usted cree eso? le pregunté mientras Don Ciro sacudía con su brocha mi espalda.

- Pues mi padre, que en paz descanse, me pidió que le enseñara el oficio de la barbería a uno de mis hijos.

- ¿Qué cree que pase si no cumple lo que le pidió su padre?

-La verdad no sé, pero creo que algo malo ha de pasar, ¿no?, este oficio es lo que queremos mantener como un patrimonio familiar, tengo fe de que será así.

Luego de un silencio incomodo, Ciro afirmó, -Nunca imaginé que detrás de una barbería existieran tantas historias y más que eso el respeto por un trabajo que quizás ha quedado en el olvido. Mi papá me enseñó este oficio, yo no aprendí otra cosa que no fuera cortar pelo, esta es la herencia que me dejó y la verdad no sabe cuánto le agradezco ahora, que me haya presentado este bello arte, esta pasión que me llena de ganas para seguir adelante.-

- Don Ciro ¿qué es lo que hace tan diferente el barbero de ahora al de antes? le pregunté


- Pues mijito, mucha de mi clientela prefiere dejarse crecer el cabello a ponerle la cabeza a otro, antes el respeto que se le tenía al estilista era único, el vínculo que se forjaba entre barbero y cliente era muy fuerte, ahora no existe una relación así mijo, para mí eso es importante.-

La barbería se convertía en el punto de encuentro de muchos hombres para hablar de temas de varones. Desafortunadamente, los tiempos cambian, y una vez más, lo moderno, lo rápido y lo práctico acabó con el nombre y los atributos que tenía una persona para denominarse barbero, ser el confidente, el mensajero, el cuenta chistes, el terapeuta, el psicoanalistas, y en algunas ocasiones el médico, eran atributos que se agregan al oficio de ser barbero.

Detalles finales

Luego de los detalles que hizo el barbero, que también fueron hechos con mucha paciencia y cuidado, llegaba parte de los retoques finales, una cuchilla algo antigua, fue la que una y otra vez pasó por mi barbilla con mucha delicadeza. Nunca pensé que un corte clásico me diera tanto estilo.

-Mijo es que esto es como una disciplina, yo hago esto desde que era un peladito, muchos de los barberos de hoy en día hacen un cursito y creen que con eso van a darle satisfacción al cliente, definitivamente si alguien quiere ser babero, tiene que amar este oficio, aunque hay muchos barberos que aman es el dinero y no su trabajo.

Un final inesperado

Luego de que pasaba la cuchilla por mi barbilla, miraba cómo había quedado su trabajo, para ser un barbero con tantos años de experiencia, no se fiaba de su experiencia, por el contrario, verificaba cada trazo, la precisión que manejaba era asombrosa.

Entre una charla tan amena me dio el toque final, de la nada don Ciro tomó la silla y le dio tres vueltas, tomando con una mano como si fuera un artista la bata que me había puesto, y con un amable gesto de reverencia dijo:

- Para que vea que nosotros los viejos también tenemos nuestros secretos. Con una cara de asombro y una sonrisa le afirmé:

- La verdad eso no lo esperaba, pero con esto estoy más que satisfecho, muchas gracias Don Ciro ¿cuánto le debo Don Ciro?

- Mijo, deme cinco mil pesitos y recuerde siempre a la orden

Luego de retirarme de aquella barbería pensé en cómo un corte de cabello podía prestarse para hablar de maldiciones, nuevos tiempos, antiguas costumbres que nunca se van a olvidar, regresar a las largas pláticas y no al afán de la vida cotidiana. En definitiva no habrá nada como respetar lo tradicional, nada mejor que un corte a la antigua.


 
 
 

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Pa' la gente
2023

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