Aceras convertidas en escenarios
- Pa´la gente

- 13 dic 2018
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Para algunos son una verdadera epidemia que se apodera de los lugares públicos. Para otros, son una lucecita que alegra los días grises de la ciudad musical de Colombia, Ibagué.
Los artistas no solo se aprecian desde una sala de museos, conciertos o estantes de obras; están también en las calles mezclados con los ruidos e historias cotidianas. El arte que se presencia en la carrera tercera de la ciudad de Ibagué, es una propuesta en movimiento que le brinda a la gente la oportunidad de agudizar su sensibilidad, apreciar otras culturas y romper con la monotonía.
La carrera tercera se extiende desde el Instituto Ibaguereño de Acueducto y Alcantarillado (IBAL) hasta la calle 23, un camino extenso donde diariamente transitan automóviles y personas en su rutina cotidiana, pero en medio del trayecto, entre la calle 15 hasta la Plaza de Bolívar se encuentra un grupo de personas, entre ellas: comerciantes, cantantes, pintores, caricaturistas y artesanos que hacen uso de la calle para dar a conocer a todos los transeúntes sus productos o muestras artísticas.
También se encuentran establecimientos como almacenes de ropa, la biblioteca Darío Echandía, teatro Tolima, banco de la república, la alcaldía, la gobernación, colegios, conservatorio del Tolima, plaza de bolívar y el parque Murillo Toro. Los escenarios informales han sido los espacios más acogidos por estos grupos de personas para llevar a cabo todas sus actividades, cada uno con un objetivo y una perspectiva diferente.
La carrera tercera se ha transformado con el paso del tiempo sin dejar su esencia; pues los transeúntes y comerciantes de años atrás, recuerdan la vía como una parte de la ciudad movida por la interacción de los comerciantes y artistas que se ubican en ella. “La carrera tercera siempre ha sido la vía comercial más importante de Ibagué.

En la historia de la ciudad, los primeros comerciantes llegaron a este lugar y los sitios públicos más importantes se ubicaron sobre esta vía. Y aunque la ciudad ha crecido de manera acelerada en los últimos 50 años y el comercio se ha descentralizado a otros lugares, la tercera sigue siendo el espacio preferido para comprar, negociar, pasear, hacer amigos y para la expresión cultura.
El pasar de los años siempre va de la mano con los cambios y las ciudades no son la excepción de estas transformaciones sociales e infraestructurales, que inciden en el comportamiento de la población en ciertas zonas de la ciudad. La historia de la calle tercera empieza cuando “apenas era una calle con tierra donde pasaban carros con mercancía” dice Gloria Leal, ex comerciante de la zona.
La presencia de las personas en la calle tercera era casi inevitable para quien pasara por la ciudad. La ciudad nació y creció en la carrera tercera, desde sus inicios fue un camino obligado para transportes de mercancías, desfiles militares, protestas políticas y marchas fúnebres. Todas las dinámicas sociales giraban en torno a esta vía.
En medio del ruido de la gente al caminar entre la calle 15 hasta la Plaza de Bolívar ofreciendo productos para el estrés, ropa y calzado, se escuchan risas, instrumentos y voces de artistas que complementan la escena informal. Muchos de ellos, padres de familia, estudiantes de música, universitarios o simplemente artesanos viajeros que se dedican a estacionarse en diferentes ciudades para mostrar lo que han recolectado de otros escenarios a los cuales no toda la ciudadanía puede acceder.
Niños curiosos se acercan a preguntar sobre piedras y manillas, mientras otros simplemente pasan desapercibidos. Camilo Afanador de la empresa de turismo Tolitur piensa que “fue buena idea peatonalizar y que aunque no se ha visto afectado, es necesario administrar, darle mantenimiento, hacerle limpieza y mejorará la actividad cultural, la idea no debe ser sólo para que la gente camine por ella sino que le sirva de entretenimiento”.
Un espacio que ha generado recordación en quienes la transitan saben que es el punto de referencia de estos eventos, “Desde que tengo memoria la ciudad ha propuesto esa calle como escenario para expresiones artísticas, es una calle muy transcurrida perfecta para que la gente exprese sus talentos y sean observados” dice Juan Camilo Tarazona, profesor. La presencia de comercio permite que estos artistas tengan una concurrente visita, entre ellos está Andrés Leal, guitarrista, dice que “es un ambiente perfecto para llamar la atención de la gente y a lo largo de los años se vuelve costumbre y normal decir que la tercera es un escenario informal”.

La carrera tercera es vista también desde una perspectiva mítica, que cuenta sus propias historias desde la vida de cada personaje, aquellos que durante todo el día solo mueven el cuerpo cada vez que una moneda cae en sus cajas para hacer reír a niños cuyos padres sacan a darles recreación en esta zona del centro. Resulta ser que con unas cuantas monedas se puede acceder a estas muestras artísticas, personas que no tienen la posibilidad de presenciar estos eventos en otros escenarios privados porque su presupuesto no les alcanza.
Mientras se disfruta de la buena música del guitarrista o los pintores recreando atardeceres, las personas siguen caminando por la calle siendo participe de todas estas propuestas artísticas, Luna Rose, turista, dice que “los escenarios informales son una plataforma para ser escuchado y reconocido, las calles dan voz a los que no la tienen”.
Algunas instituciones son creadas con el fin de formar a estos artistas para hacer de aquel talento una profesión comercial, un producto que se pueda vender al público, “Es un lugar de expresión y las personas lo disfrutan, pero creo que como artista, el trabajo se está dando sin una remuneración merecida y significativa, el trabajo del artista como cualquier otro merece su posición”, dijo Fabián Gasca, maestro del conservatorio del Tolima.
“Estos escenarios informales permiten algo más que la participación económica y artística, permite interacción entre personas con gustos afines, crear ciudadanía” afirma Manuel Lache, comerciante de globos. A través del arte muchas personas buscan llegarle al pueblo dejando un mensaje en sus obras como los pintores en sus lienzos, contando realidades a través del dibujo o la música.

Las oportunidades de trabajo que se ven actualmente son de difícil acceso en la cuidad, Según el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (Dane), el desempleo en la Ciudad Musical durante el trimestre móvil noviembre (2016) - enero (2017) fue de 12.6 por ciento y aunque el trabajo informal impide un incremento del trabajo local estos escenarios informales se han consolidado como escenarios para estos artistas.
“Algunos artistas somos empíricos y no tenemos la oportunidad de pertenecer a alguna academia por cuestiones de tiempo o dinero, entonces somos vistos como personas que estamos aquí (carrera tercera) solo por el rebusque”, dijo Andrés Leal, guitarrista.
Muchos artistas callejeros viven de lo que recolectan en su diario vivir, con lo que presentan en las calles, sin embargo, buscan visibilidad de sus talentos, algunos ya hacen público su número telefónico como lo es el caso de Sebastián Mejía, caricaturista “Es importante empezar a darme a conocer, hay personas que me llaman para eventos o fiestas”. Los artistas y músicos de calle han sido “un fenómeno cultural con antiguas raíces de la época en que no existía ni la radio ni la televisión.
El teatro no estaba al alcance popular y entonces los artistas de calle eran los espectáculos más asequibles, después del circo. Por lo general, estos artistas son jóvenes, llegan de diferentes puntos del país y hacen del arte urbano su único medio de subsistencia o lo utilizan para pagar los estudios. Algunos poseen instrumentos, pero otros se las arreglan como pueden: por ejemplo, dos enormes tachos de pintura invertidos pueden servir como tambores de batería, mientras que también se ven personas de edad mayor tocando la guitarra o la guacharaca.
El punto está en ver que estos escenarios permiten el esparcimiento cultual y rompe con este fenómeno social que pretende la lógica de consumo cultural, de convertir todos estos factores en un mercado de la industria de espectáculos. Estos artistas se salen de los límites de estas lógicas y conforman un universo donde se mezclan talentos, estilos, clases sociales y nacionalidades.
“La creación de espacios culturales asequibles a los sectores desfavorecidos, y estimulados especialmente, puede crear canales de integración inéditos”. (Kliksberg, 2000). Son necesarios estos espacios informales para que existan vínculos sociales. Cada uno de los personajes se conoce con los otros y se cuidan entre ellos como una familia. “Desde mi perspectiva digo que todos tenemos algo que enseñar y estos espacios permiten que se lleguen a conformar grupos de trabajo que desencadenen otro tipo de actividades, no solo es lo que uno ve ahí, detrás de cada una de estas personas hay una historia y cosas por enseñar.” , dijo Felipe Suaza transeúnte.
Existen proyectos con base a estas temáticas de escenarios culturales informales de que refieren como una integración de lo educativo y cultural dentro de la sociedad civil, “Es importante reconocer los factores que ayudan a la construcción de ciudadanía que se ven hoy por hoy en las calles y que no se están teniendo en cuenta aún estos espacios informales como formación cultural.” Asegura OEI (Organización de Estados Iberoamericanos). La ciudad ya adquiere estas acciones como prácticas culturales, “años atrás solían caminar las personas cogidas de la mano por toda la tercera mientras los fotógrafos tomaban fotos y las vendían a un peso, en la casa hay muchas de esas” dijo Gloria Leal, ex comerciante.

Los mismos ibaguereños han convertido en más que polvo y pasos las cuadras de la calle 15 hasta la plaza de Bolívar, le han dado un significado patrimonial a esa zona, donde todos los días se ven subir y bajar personas con el afán del día a día, mientras que los fines de semana se prende la algarabía con las sonrisas de los niños que pintan en el parque Murillo Toro y bajan hasta recorrer a todos los artistas, estas personas que encontraron más que un uso peatonal a una calle, la han convertido en escenarios de participación social.
En estos espacios las relaciones de poder están lejos de ser una simple historia de transmisión de conocimientos o un relato de imposiciones y asimilaciones de unos sectores sobre otros, es solo un espacio en común donde interactúa cualquier clase de personas. Artistas que alguna vez pusieron sus pies para expresar su talento ahora siguen subiendo escalones que le permitió formar la carrera tercera. Algunos solo vienen por temporadas de otros lugares como, Perú, Ecuador, Venezuela, entre otros y nacionales como, Pasto, Bogotá, Cali, entre otros.
Entre guitarras, pinceles, voces y lápices se respira tranquilidad en la ciudad musical, en medio del afán y del estrés que trae el día a día aún hay personas que creen en su arte, no visto como una fuente de ingresos, sino como una manera de darle un aliento de esperanza a aquellos que viven encerrados en la monotonía, estas personas hicieron útil los espacios que normalmente vemos como calles que dividen sectores, le han dado un significado muy especial e implementaron su trabajo visible ante los ciudadanos que por allí transitan.
Estos escenarios acompañados por los artistas y los participantes empiezan a proponer otra perspectiva respecto al aprendizaje del arte y cultura como constituyente de una de las estrategias más poderosas para la construcción de una ciudadanía intercultural, que hace más amena la visita a Ibagué caminando en la calle encontrándose con una gran variedad de muestras artísticas.
Los turistas acostumbran a admirar las muestras que allí se presentan “Hacen honor al nombre que lleva “Ciudad Musical”.” dijo Luna Rose. Aunque solo sean unas cuadras que todo ibaguereño ha recorrido, el trasfondo de esta calle permite conservar lo mítico e icónico de ella, sin pensarlo ese es el valor que ha caracterizado la carrera tercera durante años permitiendo que a través del tiempo se mantenga esta postura con respecto a la visión que se tiene de esta línea de asfalto.

Los intereses y necesidades personales luego se transmiten a grupales y se descubre que no existe esa división, se presencian personas con las mismas propuestas artísticas o visiones del mundo y a partir de ello, se empiezan a implementar canales y líneas de comunicación para fortalecer estos lazos entre personas que no habían imaginado tener en común ciertos temas.
La ciudadanía ha convertido a la carrera tercera en patrimonio, en un sector que todo aquel que llegue a la ciudad tiene que visitar, muestras que permiten romper con lo cotidiano, y ver el imaginario colectivo de una integridad social por medio de la cultura. Esto, es la muestra de la clase de aprovechamiento que se le está dando a estos espacios informales que normalmente se ve como algo más de la ciudad pero que estos artistas y comerciantes ven como complemento de su vida diaria.



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