La voz amiga de Rioblanco
- Pa´la gente

- 25 feb 2019
- 7 Min. de lectura

“Siempre he sido un amante de la música, los micrófonos y la tarima. Por eso, en los años mozos y juveniles hice política y hablé cháchara”, Luis Enrique Ospina Gómez.
Desde la silla mecedora que reposa en su sala, a un lado de la pequeña y organizada emisora, algunos tenues e impacientes rayos de sol, se mezclan con el aire caliente y entran por la ventana. Luis Enrique Ospina corre la silla; la coloca en una esquina, en la otra, tropieza, la vuelve a correr, de frente, de lado, diagonal, busca cualquier ángulo tratando de encontrar un espacio que no fuese invadido por el sol… Mismo que recuerda el particular clima del pueblo.
El aire caliente entra resoplando el cabello de don Luis, secando las gotas de sudor que pasean por su frente, esa pequeña actividad lo había forzado a transpirar en un par de tic tac.

Su cabello simula un arrume de motas de algodón, blanco y espeso; que no solo refleja su edad, sino la sabiduría y perseverancia adquirida con el transcurrir de los años.
Este chaparraluno de 62 años, de piel trigueña, ojos saltones y bigote pronunciado, es uno de esos valientes, apasionados y anónimos comunicadores que ven en su labor, la oportunidad para servirle a su comunidad e informar lo que sucede en la región.
Don Luis es de madre valluna, padre antioqueño y corazón enredado en tierras ríoblancunas, donde ha ejercido su labor por más de 45 años, tierra que lo vio crecer, pues aunque nació en el municipio de Chaparral, su infancia y los mejores momentos a lo largo de su vida aún con dificultades, los ha vivido en Rioblanco - Tolima.
Sus manos ajadas permanecen adornadas con un reloj de cuero, estas se entrelazan cuando empieza a hablar, mostrando cierto carácter y pujanza en su personalidad. Hay algo que resalta a simple vista, Luis, es un hombre maduro y sabio, quien además de guardar cierto abolengo en la forma de vestir, también lo deja al descubierto en el tono de su voz, siendo muy agradable de escuchar, además, tiene una particular manera de narrar los acontecimientos, dándole a todo una chispa de humor.
Mientras acomoda el cuello de su reluciente camisa y le quita el paño a sus gafas, don Luis toma un pequeño respiro para recordar y empezar a hablar de cómo y por qué llegó a fundar la emisora comunitaria del municipio de Rioblanco, llamada Rioblanco Stereo. Este proyecto ha contribuido en su formación como persona y profesional, y para la construcción de este adorado municipio.
Las manos de don Luis se desenlazan y el rostro se le ilumina con una amplia sonrisa, al mencionar todo lo que enmarca a Rioblanco. Sus ojos se cristalizan y su alma se engrandece, haciendo parecer que los botones en la parte de su pecho, estuviesen a punto de reventar.

Cuando nace todo ...
—Este proyecto ha sido una odisea, yo le pondría a esta historia: La lucha por hacer escuchar una voz. —Sus manos se pasean por sus piernas y continúa—. Todo empezó cuando mi papá me llama para decirme que vendería la finca. Él, mi padre, quien siempre había sido el sustento de mi familia, la familia Ospina, quería vender la finca, porque en ese entonces pasaba por una racha de mala suerte, de mala situación económica y a eso, se le sumaba que hace poco había fallecido mi madre y esto último lo llevó a sentirse bastante solo. Decía que la finca era muy grande para él, que no se hallaba sin alguien que lo acompañara. Mis hermanos y yo habíamos salido en busca de un mejor futuro, pues Herrera, el corregimiento de Rioblanco donde estaba ubicada la finca, no brindaba muchas posibilidades. Este bonito, pero atropellado corregimiento había sido una zona muy afectada por la guerrilla, así como toda la zona sur del departamento del Tolima.
Primeros recuerdos
Se me aguan los ojos al recordar lo que sentí cuando escuché a mi papá contar esto, una sensación de escalofrío y zozobra recorrió mi cuerpo. —Don Luis recuerda, mientras el cristal de sus lentes se empañan—. No pude evitar sentir un nudo que me apretaba la garganta, pues lo había descuidado un poco, quizá bastante... Tratar de surgir en otras tierras me hizo olvidar un poco mis raíces y a mis seres queridos. Sin embargo, nunca dudé en oponerme y le respondí que allá estaría muy pronto, no solo para acompañarlo en sus últimos años, sino para sacar la finca adelante y ayudarla a prosperar. —Ospina se recupera, mientras las esquinas de sus labios se levantan y esboza una amplia sonrisa—.
—Así fue, volví a la finca donde había crecido, los recuerdos que tenía de mi infancia, permanecían intactos, mi relación y cercanía con cada espacio, me hacía poner chinita la piel. —Suspira profundo y hace retumbar su espeso bigote, desempaña sus gafas, sacude su camisa como tratando de darse aire, toma aliento y regresa—. ¡Bueno!, Resulta que llego y me pongo a sembrar y a producir café; de algo habrían de servir los pesos que ahorré mientras trabajaba por fuera del Tolima. Tras esta labor, se funda una asociación de agricultores, la cual conformamos varios muchachos inquietos y emprendedores, muy jóvenes por cierto.
Resulta que para esa época, donde los cultivos y las cosechas marchaban muy bien, no contábamos con nada para comunicarnos, no existía nada de lo que hay hoy en día... —Dirige su mirada hacia mi pierna, donde reposaba el celular que grababa esta entrevista—. Ni llamadas, ni celulares, nada de eso, por lo menos no aquí en el pueblo. Eso nos traía muchos inconvenientes, ya que necesitábamos estar pendientes de lo que sucedía y muchas veces, los muchachos estaban dispersos por varios lados del Tolima. Por eso, en aquel entonces, habíamos estado pagándole a un jornalero para que estuviese llevando y trayendo razones, pero llega un momento donde los muchachos de la asociación no ven más rentable seguir pagándole a una persona para estar comunicando recados; entonces es así, como entre todos se les ocurre una descabellada pero grandiosa idea.
Recuerdo que entre todos los que hacían parte de ese proyecto liderado por agricultores, me proponen montar una emisora… “—Si, usted es el pollo, el que le gusta hablar por micrófonos, ser sociable y andar en esas...” —Así me dijeron, yo quedo sorprendido con la propuesta, pero es imposible negar la emoción que sentí, y la idea desde ahí me quedó sonando, pues siempre me ha gustado parlotear y hacer vínculos. Le hablo a todo mundo.
La idea demoró más en decirse que en hacerse, a fin de cuentas, no resultó tan descabellada. — Don Luis, demostrando comodidad al hablar, se quita los lentes y ríe mirando con complicidad a su mujer. Vuelven los lentes a su sitio y retoma—. Entonces empezamos y reunimos recursos, montamos la emisora y compramos además 77 radios, uno para cada uno de los que hacían parte de la asociación, pues de nada servía montar la emisora, si nadie me iba a escuchar. —Vuelve y ríe mientras las esquinas de sus ojos se unen y su bigote rasca el borde de su nariz—.
Motivación de Luis
—Esta emisora, el proyecto de mi vida, nació bajo la necesidad de comunicar, pero ha tenido muchos percances. Sin embargo, como un hombre verraco, pujante y echado para adelante me he parado en la raya y no la he dejado caer. - Al parecer, los suspiros y las risas de hace unos minutos, habían ido desapareciendo mientras se acercaba a estos recuerdos-.

—Uno de los recuerdos que tengo bien calcado en mi mente, es en una época donde las FARC obligaban a los pueblitos a hacer paros y si la gente no los hacía, les quitaban a miembros de su familia y los mataban. — Queriendo por un momento, no volver a hablar de esto, don Luis respira profundo, manda saliva y vuelve—. Yo creo que ese corregimiento donde crecí, además de bello es muy verraco.
Resistencia
Resulta que cuando este grupo llega a Herrera los habitantes se niegan a hacer lo que ellos piden. Yo estaba muy chino y recuerdo que un día en multitud, nos vestimos de blanco y nos paramos en el parque central como símbolo de protesta, ellos ese día no pudieron hacer nada, pero más adelante si intentaron varias veces silenciar a Rioblanco Stereo, o más bien a mí, pues se dieron cuenta de la existencia de esta emisora y el servicio que le brindaba a la gente.
Después de varios intentos por silenciarme, intenté rendirme, pero ellos fallaron al tratar de hacerlo, así que trasladé la emisora para acá: para Rioblanco, donde he estado ya hace 14 años. Ésta pequeña, pero cálida casita, es el punto de encuentro para mucha gente, todos los días tengo visita. Aquí mi mujer me ha colaborado con todo para seguir adelante, siendo insistente y perseverante.
Para los ríoblancunos, esta emisora es el punto de convergencia para hacer realidad las ideas, los proyectos y el desarrollo del municipio, sirviendo además para hacer inclusión a los niños y jóvenes que desean participar en ella y a la comunidad en general. Me gusta estar rodeado de distintos tipos de personas, que aportan siempre algo a la emisora.
—Mientras el fundador de Rioblanco Stereo da un suspiro, nota que los rayos de sol han cesado un poco, saca su pañuelo, seca su frente y regresa—.
—Ellos ven en Rioblanco Stereo algo realmente importante y en mi el motor para que todo marche bien. En este pueblo la emisora es como un patrimonio, al que han ayudado muchas veces para que salga adelante. —Eleva su mirada y esboza una media sonrisa—. Recuerdo cuando uno de los transmisores se quemó, entre varias familias hicieron actividades y recolectaron dinero para que le emisora pudiera seguir transmitiendo. No es solo importante para mi y para mi esposa, es importante para todos en general, sin exclusiones: niños y viejos, adolescentes y jóvenes, hombres y mujeres, en fin...
“Él es un hombre apasionado por los micrófonos, la colaboración y la música. Pero muchas veces se ha sentido cansado y ha pensado hasta en cerrar e irse, pero yo he estado ahí para motivarlo y levantarlo cuando se desanima, pues para mi, esta emisora y él son mi vida entera.” Expresa la señora Julia Ortegón, esposa de Don Luis.
—Si no pudo silenciarme gente mala hace 20 años, cuando empezaba con este lindo proyecto, no podrá hacerlo ahora el cansancio y los percances que se presenten. Voy a superarlos en compañía de mi comunidad y mi mujer, quien ha sido un gran apoyo. Todo esto, para seguir sirviendoles y construyendo mi segundo hogar, Rioblanco.
—Termina mirando hacia la ventana, como enseñándome todo el pueblo—.



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