El juego de tatuar
- Pa´la gente

- 4 may 2019
- 3 Min. de lectura
Por: Andrés Fuentes
Mientras se dispone a ponerse los guantes de latex, John lo mira con ojos idos, pensativos. Ante su asombro e inmovilidad, Enrique lo alienta con un: Hágale parcero que no le dolerá. John, no deja de observarlo con sonrisa temerosa y se acuesta en la camilla. Dice que le pongan buena música para pensar en otras cosas. De repente, suena una canción de la agrupación de rap Crack Family que por arte de magia lo incita a cerrar los ojos.
Abre el segundo cajón de la gaveta que tiene para guardar los implementos del oficio y saca una crema transprente con la que se unta las manos. Los tatuajes que lleva en todo su cuerpo hacen ver a primera vista, a una persona fuerte y ruda. Pero Enrique, es todo lo contrario. Es humilde y sencillo.
El significado de cada uno de sus tatuaje dan testimonio de ello, cada trazo resulta simétrico si se le alinea con alguna época o momento de su vida, como lo cuenta la rosa roja que cubre su pierna derecha, que nació días después de la muerte de su abuelo Pompilio. Santandereano de noble corazón y carácter, que dejó una huella imborrable en su vida.

Hunde su pie derecho en una pedalera metálica con forma de calavera y la máquina empieza a sonar. Este sonido particular, como de coser, sumado a las gotas que estrellan en los cristales de la ventana, hacen del lugar un espacio invadido por una música desordenada que a veces se asemeja a una guerra de insectos.
Lo que se tatuará John será la palabra "familia", porque segun él, es lo único que nos hace mover en un mundo tan porquería. Tal vez, John, tenga razón pero lo único cierto hasta el momento es que ese pequeño trazo dolerá. Mientras "kike", como es conocido en el barrio Boquerón, empieza su jornada de trabajo, nos va contando parte de su vida. Su personalidad amigable nos hace sentir cómodos en la prematura conversación.
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Después de casi una hora de bastante trabajo, Kike se toma un descanso y se baja el tapabocas para hablarnos mejor. Cuenta que la vena artística se debe a su padre, quien ha dedicado gran parte de su vida a la pintura sobre lienzo y a la restauración de esculturas. Kike tiene 24 años y desde los 17 hace parte de este pintoresco mundo.
Sus inicios estuvieron ligados a un amigo de la infancia, quien después de ver varios de sus dibujos e ilustraciones quedó sorprendido y lo invitó a su casa a que observara varias sesiones de un trabajo que estaba realizando. A partir de ese momento Kike sintió que había pisado tierra firme de otro planeta.

Aunque toda su vida experimentó esa sensación de pasión por el dibujo y las artes visuales, Enrique no se atrevió a estudiar una carrera universitaria. Tal vez, por la confianza que se tiene con el lápiz y las agujas. Después de todo, la experiencia hace al artista, como reza el dicho. Para Enrique, un buen tatuaje se basa en el realismo de los trazos pero también en su significado. "Cuando descubres alguna sensación o sentimiento. tratas de ponerle nombre para recordarlo. Así sucede con los tatuajes" dice Enrique Rojas, mejor cnocido como "kike", mientras retoca la "L" de familia y le pregunta a John como se siente.
La tarde cae y con ella cesa la lluvia. El paisaje es frío y melancólico. John termina con los ojos cerrados y retuerce los labios. Me dice que por hoy está bueno de dolor, que mañana será un día mejor y que falta poco para terminar el tatuaje. Se levanta de la camilla, se pone la camisa y nos invita a unas gaseosas. En la panadería le arroja una pregunta a Kike: ¿Qué es lo más importante para usted aparte de tatuar?, Kike deja la Coca-Colaen la mesa y le responde: Imaginar, pues las mejores imágenes nacen allí y lo único que puedes hacer con ellas es jugar.



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