Artesanos en Ibagué, entre el oficio y la informalidad
- Andrés Mauricio Rodríguez

- 23 jun 2022
- 5 Min. de lectura
Actualizado: 28 ago 2022
Por Andrés Mauricio Rodríguez C.

Manillas, collares, bolsos wayuu; los artesanos exhiben sus obras a través de las calles de Ibagué. Es muy común encontrarles a lo largo de la Carrera Tercera, en las ferias de la Plaza Murillo Toro, o en la Plazoleta de los Artesanos, lugar insignia de la ciudad visitado tanto por los locales como por ciudadanos extranjeros que desean conocer una parte de la cultura tolimense, ofreciendo desde una amplia variedad de sombreros fabricados con fibra de palma hasta aretes de colores llamativos en mostacilla checa.
Sin embargo, poco conoce el colombiano de a pie las dificultades que el día a día trae consigo para quienes han decido hacer de la artesanía tanto su trabajo de tiempo completo como su estilo de vida. Una de las mayores adversidades se encuentra en los espacios, ya que, para muchos, a pesar de que la libertad de no tener un lugar fijo les permita llevar un estilo de vida nómada y libre, también quisieran disponer de espacios en donde generar los ingresos suficientes para llevar una vida digna junto a sus familias.
"Una de las mayores adversidades se encuentra en el manejo de los espacios, ya que, para muchos, a pesar de que la libertad de no tener un lugar fijo les permita llevar un estilo de vida nómada y libre, también quisieran disponer de espacios en donde generar los ingresos suficientes para llevar una vida digna junto a sus familias".
Tal es el caso de Eduvigis López, una mujer santandereana que encontró en la artesanía tanto su medio de sustento como su estilo de vida. —Al artesano lo han diferenciado entre el artesano empírico y el formado por academias como el SENA —mientras continúa dándole forma a una manilla con un cuarzo de color blanco —ahí está el problema; es que si no tengo un título no me favorecen —. Para ella, uno de los principales problemas radica en que las entidades gubernamentales les han excluido de diversas formas.

Ella ha optado por comerciar con su arte de forma independiente e informal, llevando su propio ritmo y jornada, algo muy común entre quienes ejercen el oficio. Tal decisión ha sido tomada luego de años de desilusiones al tratar de integrarse con las dinámicas propuestas por varios gobernantes a través de los años, que le han dejado un sabor agridulce al no sentirse identificada con la forma en como les tratan por haber adquirido tales conocimientos de manera empírica.
Experiencias previas organizadas por las administraciones de la ciudad han desarrollado una creciente desconfianza por parte del gremio, ya que, en palabras de los mismos, sienten que los programas a los cuales han sido invitados buscan ante nada el favorecimiento de intereses políticos, sacando provecho de su labor artística para el mejoramiento de la imagen de la ciudad, sin otorgar el debido reconocimiento a la labor del artesano.—En la medida que la artesanía se puede sociabilizar, uno debe tener sentido de pertenencia para poder transmitir; al artesano lo utilizan para justificar las ayudas del Estado, y entonces hacen ferias — afirma Eduvigis López.
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Varios son los artesanos para quienes los eventos de exposición les generan inconformidad, ya que, a pesar de que participan en ferias organizadas incluso por terceros a través de permisos otorgados por la Alcaldía, acceden a estas principalmente para fortalecer su red de contactos y por necesidad. Tal es el caso de Harold Cerazo, quien trabaja obras en metal con fines estéticos, y quien manifiesta sentirse olvidado por el Estado, pues los eventos resultan de difícil acceso, encontrando que, para su pesar, solo quienes tengan “palanca” gozan de un acceso oportuno a estas actividades.

Y es que en las ferias artesanales de la ciudad se encuentran todo tipo de mercancías de manufactura colombiana y tradición ancestral. Sandalias, gargantillas, cerámicas y prendas icónicas tampoco escasean. Rosa Campo Epieyú, una guajira que ha heredado el conocimiento en bordado de piezas wayuu y quien ha viajado hasta la capital tolimense junto a varios cientos de bolsos tejidos por ella y por los miembros de su familia, expresa que estas ferias han sido de gran ayuda para la venta de sus productos, pero el artesano se ve obligado en numerosas ocasiones a modificar su obra para adaptarse a las tendencias del mercado.
"La ventaja de esto es que uno se relaciona, le da a uno la oportunidad de conocer otras personas y aprender de otros compañeros" Comenta la señora Rosa Campo.
—La ventaja de esto es que uno se relaciona, le da a uno la oportunidad de conocer otras personas y aprender de otros compañeros — Comenta Rosa Campo. Las relaciones que los artesanos forjan resultan ser una de las razones por las cuales aceptan participar en las ferias, ya que si bien encuentran inconsistencias en cuanto a la forma en cómo se ven representados, interactuar con otros artesanos les permite hacerse de una red de contactos para compartir experiencias y conocimientos, algo fundamental en el comercio de sus obras.

Por otro lado, existen algunas alternativas como la Plazoleta de los Artesanos, remodelada en 2019 con una inversión de 490 millones de pesos a cargo de la Alcaldía de Guillermo Alfonso Jaramillo, así como del Instituto de Financiamiento, Promoción y Desarrollo de Ibagué, dándole forma a los hoy conocidos 32 stands alimentados por paneles solares. En ese entonces, el acceso a los stands se realizó por medio de un sorteo realizado el 21 de enero del mismo año, según información publicada por el portal Artesanías de Colombia, en 2019.
Las opiniones por parte de quienes habitan estos espacios de la plazoleta son mixtos. Si bien resulta beneficioso un lugar fijo en donde dar a conocer su trabajo, los stands padecen de ser demasiado reducidos. Tatiana Machado, una artesana que trabaja diariamente en la plazoleta, afirma que resulta difícil adaptarse al tamaño de los stands; sin embargo, complementa, ha sido una gran ayuda para ella y su familia, ya que el mejoramiento de estos espacios también ha potenciado las ventas y atraído la atención de los extranjeros, un público imprescindible para un artesano.

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En la Plazoleta de los Artesanos existe una gran variedad de historias. Nelson Muñoz, quien cumple 23 años trabajando en las técnicas aprendidas durante su juventud, se siente agradecido por poder contar con uno de estos espacios, pues le parece que el costo de arrendamiento es muy razonable y el acceso a servicio de electricidad, agua y vigilancia, le genera confort en su jornada laboral; no obstante, en la Plazoleta tampoco está permitida la comercialización de elementos como pipas y cuchillos, algo que sí puede resultar rentable para quienes exponen su obras de manera libre. —En un centro comercial vender es muy duro, porque dos millones mensuales no deja de valer un local, mientras que acá le cobran a uno cien mil pesos — Afirma Nelson Muñoz.

Ser un artesano en Ibagué no es una labor sencilla. La libertad de su oficio no siempre va en consonancia con ligarse a un espacio específico, pero hacerlo les resulta ocasionalmente provechoso. Los artesanos han desarrollado desconfianza gracias a repetidas ocasiones en que sintieron escasa representación de su trabajo. Si bien se han fomentado espacios para que expongan su obra, estos también poseen limitaciones. Las redes de información han sido la manera clave en como aprenden en conjunto, se dan la mano y sobreviven en medio de los diversos intereses que en ocasiones sacan partido de su trabajo.


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