Diana Rubio: Corazón vinotinto y oro, que late a ritmo de trombón
- Natalia Gualanday

- 27 feb 2020
- 7 Min. de lectura
Actualizado: 5 mar 2020

En Ibagué existen muchos artistas jóvenes que le apuestan a la transformación no solo de sus vidas sino la de sus comunidades. La música y el arte en general han sido una excusa perfecta para transformar pensamientos, hábitos y canalizar pasiones. Diana Rubio es una fiel prueba de ello. A sus 27 años es música empírica, tiene casa propia y se dedica a lo que más le apasiona: viajar, hacer vibrar su trombón y enseñar a otros a través del ejemplo.

Los primeros pasos los dio participando como fundadora de un proyecto que en su momento se llamó Semillas Corazón de Oro, espacio en el cual fue aprendiendo sobre trabajo social con los jóvenes. Se dedicó a la fundación y la escuela de música junto a dos chicos del Conservatorio dando clases de música a hinchas del Deportes Tolima. Durante cinco años regando las semillas, realizando y promoviendo actividades para que los jóvenes, en especial los de las zonas más vulnerables de Ibagué, se empoderen de su territorio y sean partícipes de las actividades culturales realizadas, gestionando los lugares para los ensayos y consiguiendo los instrumentos que hacían falta.

Más tarde, por los bailes de la vida, decidió unirse a una nueva fundación creada por la Revolución Vinotinto Sur y las semillas que había sembrado dieron raíces. “Separé mi proyecto que era Escuela Cultural la Musical de Colombia, y empezamos a trabajarlo aparte. Ahorita recién fundamos Raíces de mi Tierra Pijao, y por medio de ella se están haciendo jornadas deportivas y actualmente se dedica a todo lo que es el proceso cultural de la barra”. Arte Vinotinto, cuenta Diana, se encarga de toda la parte artística en cabeza de su amigo Jota, compañero de viajes, quien pinta y da talleres a los jóvenes.
Hace cinco años la Escuela viene evolucionando como proceso y revolucionando corazones que llegan pintados de vinotinto y oro. Su lucha incansable ha permitido que esta escuela siga funcionando, a pesar de que no encuentra apoyo en las instituciones públicas, esto no le ha impedido continuar con el proyecto. “todo ha sido auto gestionado. Una vez nos regalaron una trompeta”, la cual se turnaban durante los ensayos. “En este momento hay gente que está estudiando en el Conservatorio de manera gratuita, becados. Están estudiando hace seis meses teoría y clase personalizada de instrumento. Eso fue una gestión que se hizo por medio de la Gobernación y la Secretaría de Inclusión Social”, esto último se logró presentando las evidencias del trabajo en la escuela, de las actividades y manifestaciones artísticas como la comparsa que hace su aparición en eventos públicos y en las tradicionales fiestas folclóricas locales.

“Siempre hemos visto Escuela de Música en la calle o en un parque. En la Universidad del Tolima nos abrieron un espacio en el salón detrás de la enfermería, pero se venció el convenio y se perdió todo el trabajo que teníamos ahí, claro que era como tentativo también porque ellos solamente nos prestaban para tomar la clase”.
Ahora, la escuela se improvisa en la casa de Diana, “pero chévere que ellos tengan un lugar propio donde llegar. Por la administración pasada tenemos un salón en el Jordán Segunda Etapa que está asignado a nosotros, pero llega la nueva administración y otra vez nos quitan el salón y otra vez en la calle”.

De esta manera se construye desde el arte, la convivencia y un mismo sentimiento deportivo, la ciudad musical y cultural que tanto se pregona desde la institucionalidad y que la ciudadanía ibaguereña lo exalta con orgullo ignorando tal vez estos procesos de base. “Tratamos el tema de resolución de conflictos entre la misma hinchada porque nos damos cuenta de que muchas veces esos pelaos tienen problemas entre ellos mismos siendo de la misma hinchada”. Diana reconoce que el problema no son los jóvenes sino la forma de vida que pueden tener algunos.
“Trabajamos en eso enseñándoles a resolver sus conflictos de una manera más sana. Queremos con el proceso artístico que la revolución sea una revolución de conciencia y de mentes en cuanto a las otras hinchadas, algo más artístico. Que se vean las chicas haciendo teatro, sus danzas, los músicos tocando su música autóctona y que nosotros no tengamos que copiarnos de ninguno, sino que podamos mostrar nuestra propia esencia que estamos tratando de desarrollar por medio de la cultura”.
Con su manera espontánea de ser, diciendo lo que piensa, carga una sonrisa inmensa, así es Diana Rubio, con la voz grave que indica lo mucho que la ha utilizado para alentar a su equipo, enseña lo útil que es el compromiso por una causa que como ella comenta, nace de su esencia, esa misma que le aporta a su barra. “Yo me fui a aprender un poco más y traer más conocimientos, no estaba nutriendo mi cerebro entonces me fui de viaje y esa es la mejor manera de aprender sobre música y arte”. Vivió en Perú seis meses. El año pasado fue la primera mujer en dar toda la vuelta en la Copa Libertadores detrás del Tolima. Viajó en compañía de su instrumento, el trombón. Llegó a Paraguay, también recorrió Buenos Aires y tuvo la oportunidad de tocar con dos hinchadas de Argentina. Primero con una barra de la C que la llevaron a viajar como visitante hasta la Patagonia, luego con los hinchas del San Lorenzo, después estuvo en Brasil y continuó en Bolivia.

“Se aprendió resto, no solo de fútbol sino de cultura general y a aprender a viajar porque mientras yo estaba viajando me marcó mucho que se murieron como siete pelaos y muertes trágicas. Se siente impotencia porque la mayoría de la gente solo ignora, pero es una problemática. Nosotros no podemos perder más nuestra juventud. Por ahora vamos a trabajar mucho con eso a hacer más campañas de no más viajes en mula. La barra de nosotros está activa en cuanto al plan fútbol en paz, queremos que vuelvan los visitantes, la campaña de sí al visitante para que como ya hemos hecho con la barra del Once Caldas en Manizales, nosotros vamos y ellos nos dan logística a nosotros de la misma barra de ellos para que no pase nada y que la barra entre tranquila y nosotros acá los recibimos igual para que ellos entren. Entonces se vuelve más interesante. Sería chévere que las guerras fueran de carnaval en vez de que se estén matando los chicos”.

“Es una problemática que solo pasa en Colombia y yo tenía la idea que lo facho lo habíamos heredado de los argentinos y no, eso es de acá, más bien heredado de Europa que si se mataban pero imagínate en pleno siglo 21 y pasando ese tipo de cosas, entonces que pasa, que los amigos dicen, no es que los sureños nos mataron al parcero entonces van a venir los sureños y los vamos a matar entonces ahí estamos trabajando fuerte para ver si cambiamos”.

Suele suceder que a las personas que trabajan en proyectos sociales se les señala de no tener un “trabajo de verdad”, en esto Diana no fue la excepción, en un principio también causó en su familia desconfianza frente al trabajo que con convicción y corazón se empeñaba a defender con su instrumento y sus amigos barristas al lado. “Mi vida es gestionar, pero yo no gano un peso de eso, todo es por amor y a raíz de eso me llegan cosas lindas, la vida lo recompensa, pero me decían usted no tiene un trabajo búsquese un trabajo de verdad. Ahora ellos me dicen hija que orgullo de verdad que usted saque una comparsa de noventa personas, entonces ya mi familia me apoya”.

El barrismo social tiene como objetivo cambiar la perspectiva que tiene la sociedad en general sobre las barras y así mismo aportarles a las jóvenes oportunidades para ocupar su tiempo en escenarios y actividades que alimenten su espíritu y su desbordante energía se aproveche en temas que construyan una mejor comunidad. “Si hemos notado que han cambiado varias cosas desde que hacemos el trabajo social, hay una escuela de vientos donde todos tocan de una manera profesional, más de un pelao mejor que uno del Conservatorio; yo misma he visto como he mejorado en mi instrumento” Y es que Diana también tiene su propio proyecto musical donde participa con su instrumento en una banda de ská llamada Ibanaska, ya reconocida en la escena musical alternativa Ibaguereña.

Diana dice que es una socióloga frustrada porque se dedica con disciplina a la música y no queda mucho tiempo para estudiar, pero expresa que le gustaría enfrentarse tal vez a una licenciatura, “dicen que uno nos necesita de un papel para acreditarse como algo y pienso que en este momento de pronto si lo estoy haciendo indirectamente, sin graduarme”.
Dianita, así le dicen sus allegados, quienes la destacan como buena amiga. Su generosidad también la cultivó en el colegio ‘Santa Teresa’, instituto de monjas donde participaba en las actividades misioneras. “siempre he sido una persona muy dada a ayudar, aprecio mucho la amistad sincera que me ofrecen, la hermandad. Ellos (sus compañeros barristas) hasta la vida darían por mí y yo la daría también por ellos”.
Diana Rubio, tiene un mensaje pa’ La gente.
“Le puedo decir a la gente de Ibagué que dejen de mirar por encima del hombro y la problemática desde arriba y a la administraciones próximas que ojalá continúen con todos estos procesos como gestores de paz y todo lo que ha servido de verdad a los chicos para avisparlos así sea solamente por capacitarlos y les hago la invitación a que sean más tolerantes con el prójimo , que no juzguen y miren lo que hay más allá y lo que está detrás de todo ese trabajo que están haciendo los chicos y que un futuro o 4 años después yo te pueda decir que han disminuido los tasas de mortalidad, que ya no son cien sino quinientos”.

Una joven guerrera que a pesar de los momentos duros por los que le ha tocado pasar entiende que la vida es para ser felices. “yo tuve un accidente cuando tenía 14 años, se me borraron muchos recuerdos. Después de que conocí la música todo cambió. Yo era tímida, ahora soy más arriesgada y me di cuenta de que hay que pensar en lo imposible porque ya lo posible se agotó”.

Con una gran disposición de servir, Diana recibe a las personas que se le acercan. Tras sus lentes gruesos tiene en sus ojos un brillo sincero, sus palabras son tan coherentes como sus motivaciones. Escucha y entiende perfectamente lo que la vida y sus interlocutores le manifiestan. Respira tranquila. Su lento y seguro andar, son el reflejo de su lucha constante por avanzar.
“Todo lo que se ve con los ojos puede engañar fácilmente, puede ver un chico de la barra mal vestido, pero por dentro tiene un corazón que le hace falta ser escuchado. Así como ve una persona con corbata que roba”. Diana seguirá en la escuela de música generando nuevas formas de ‘aguante’. No solo dentro del estadio sino también desde afuera.
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