Décadas de resistencia desde los sentidos
- Pa´la gente

- 13 jul 2020
- 6 Min. de lectura
Actualizado: 6 nov 2020
Por: Marcela Peralta
El trabajo comunitario es una labor necesaria en sociedades inequitativas y marginadas como lo es la sociedad colombiana. Visibilizar a las comunidades silenciadas por la violencia o azotadas por la delincuencia, es una tarea ineludible en la defensa de los Derechos Humanos.
A sus 46 años, Yenny Alexandra García Montaño, tiene claro que a través del arte es posible hacer distintas lecturas de la realidad, y a partir de esta, “no permitirse la indiferencia, ni ser un ladrillo más en la pared”.
Docente desde los 20 años y guía comunitaria desde su infancia, cuenta que mientras realizaba sus primeras prácticas profesionales en colegios de secundaria fue difícil implementar una pedagogía distinta a la tradicional, debido a los procesos al interior de los colegios y al rígido sistema educativo. Según Yenny su padre, Saúl García, educador por vocación, inspiró en ella la docencia relacionada con el contacto directo y el trato digno a las comunidades.

“Sentía inconformidad al evidenciar el mismo control escolar vivido en los tiempos en que me habían educado, me preguntaba, ¿hasta cuándo?, fue una decepción profesional, sospeché que me traería problemas laborales mi deseo de promover el gusto por las artes y practicar una pedagogía libertaria en busca de cultivar la sensibilidad y el diálogo fraterno, en vez de relaciones de dominación”.
Este desencuentro en sus primeros años de labores, llevó a Yenny a inclinarse con más agrado hacia el teatro y la música en los espacios comunitarios. En 1997, participó del Festival Regional de Teatro Mohán del Yuma; también fue integrante del grupo “País portátil” en la Universidad Tolima, dicho acercamiento a las artes escénicas fue su boleto de viaje por muchos municipios del Tolima, lo cual la animó a continuar su formación en talleres teatrales en la Casa Antonio Camacho. De este modo, vio en el teatro, la danza y la música, herramientas para comunicarse, según Yenny los lenguajes artísticos potencian la lúdica y desarrollan una pedagogía que puede promover además de inclusión social, acciones de denuncia directa junto a las comunidades.

Hacia 1997, Ibagué contaba con tradición teatral, más no era visibilizada. Yenny, que se había graduado como licenciada en lenguas modernas ese año, había tenido la oportunidad de hacer parte del teatro regional, y sentía necesario que la escena local y universitaria se fortaleciera para hacer uso de las artes escénicas como apoyo a colectivos y grupos de intervención comunitaria.
“He viajado a muchos lugares con la música desde el 94, con mi guitarra, el teatro, el rock, con mi cuerpo, con pistas de hip hop, siempre para combatir con mi voz y con arte la injusticia social, como una manera de leer los contextos y participar en procesos comunitarios o de resistencia. No podemos ser indiferentes, ni ser otro ladrillo en la pared".

En 1998, emprendió su recorrido por la educación superior, en ese momento con el Instituto de Educación a Distancia -IDEAD de la universidad del Tolima, del cual hace parte de manera consecutiva desde 2002 hasta la actualidad. A la par de su ejercicio profesional, se involucró con el Centro Cultural de la UT para participar en talleres de danza, cine y en el Centro de Proyección y Memoria Musical (CMPM).
Así pues, el ejercicio académico con el IDEAD, fortaleció su experiencia profesional y a la vez artística, ya que dictaba clases en la zona rural del Tolima. Santa Isabel, Melgar, Murillo, Rovira, Espinal, son algunos de los municipios que Yenny recorrió, siempre con la amabilidad y el carisma que la caracterizan, la zona rural le permitió aprender más de la docencia, pues había más contacto entre comunidad y maestro, ya que este cumplía no solo la función de educar, sino además escuchaba y se involucraba con los líderes de aquellas localidades.
También en 1998, surge el Festival Rockoncha, como una idea gestada por Yenny, Arturo González, Willliam Rodríguez (Peche), Said Cabrera y algunas de las bandas de rock de Ibagué. Durante ese año, ella fue representante cultural de los jóvenes en la Alcaldía, lo cual permitió que su propuesta se pudiera llevar a cabo. Este festival alcanzó dos versiones y sirvió como impulso a lo que luego se consolidó como Festival Ibagué Ciudad Rock, espacio en el que las bandas locales de ese momento se dieron a conocer.

Aunque el rock sentó bases fuertes en la carrera musical de Yenny, no fue el género que le permitió un espacio de denuncia social, pues los intereses de las bandas por ese entonces, se manejaban bajo la necesidad del reconocimiento, y no tanto hacia la intervención comunitaria, como lo pensaba Yenny, con su propuesta de escuelas de rock en los barrios de Ibagué y toques permanentes en la UT.
En 1999 estudió en Medellín la especialización en Pedagogía Contemporánea los fines de semana, y a su vez, encontró un universo artístico, que la envolvió y la llevó a conocer el Teatro Matacandelas y La Escuela Popular de Arte ubicada en la Comuna 13, en la cual estudió entre semana. Así fue como conoció más colectivos sociales, y le fue posible entrar en contacto con comunidades de Medellín sacudidas por la violencia y la desigualdad social.
En el año 2000, regresó a Ibagué, específicamente al Cañón del Combeima, donde emprendió una más de sus travesías. En esa época la lectura fue el puente que entabló con los habitantes del corregimiento de Juntas, por medio de una biblioteca comunitaria que se nutría de libros prestados de la biblioteca Darío Echandía. Al mismo tiempo asumió un giro en su vida, la maternidad trajo al mundo a su único hijo, Daniel.
El 2003 fue un año de importantes cambios frente a la visión de mundo que tenía Yenny, cuando empezó a hacer parte de la Revista El Salmón, cerró un ciclo de rock que había marcado su vida y por medio de campañas pedagógicas en colegios públicos de Ibagué conoció el Rap, género musical que representó para ella una forma de denuncia social directa y de empoderamiento.
Yenny García regresó al sur de Ibagué gracias al Rap en el 2005, con la agrupación Enigma Gangster. Recorrió de nuevo las calles que desde niña había transitado. Para ese momento la violencia se había recrudecido en los barrios y asentamientos del sur, las ejecuciones extrajudiciales, mal llamadas limpieza social, estaban azotando a los jóvenes que no se encontraban por “el camino correcto”. Talleres de Hip hop, Graffitti, Break Dance y Rap protesta, fomentaron un movimiento social y cultural de resistencia en las periferias colombianas, en medio del primer mandato de Álvaro Uribe Vélez. Nuestra ciudad no fue la excepción.

El arte ha sido el norte en la labor pedagógica de Yenny García, aportando desde distintas áreas académicas y culturales. Sin embargo, no ha sido solo su formación la que le ha permitido tener dicha acogida en los barrios donde la ley la ejercen los mismos actores barriales, son la sencillez, su voz y la empatía las que han abierto las puertas de los lugares que ha recorrido.
“Me siento agua flotante en búsqueda de recuerdos futuros, desde la bruma lanzo sonidos, reclamos junto a otros y otras que decidieron ser portadores de sueños. Norma Patricia, la rosa que nunca muere, Rockoncha, las comunidades invisibles, los salmones espantapájaros, Peregrina, Piel Canela, la montaña Dulima, la abuela Belarmina, el teatro y los estudiantes, las tamboras, han sido luciérnagas en este largo camino”

Bruma, nombre artístico de Yenny en la escena del rap en Ibagué, dedicó gran parte de su tiempo a la cultura de resistencia desde 2005 hasta hoy, lo que la motivó a participar en proyectos pedagógicos como el del Liceo Colombia, a promover escuelas populares de arte, conciertos, muestras artísticas y jornadas lúdicas en los barrios de la periferia de Ibagué.
En el año 2017 inició su participación en el Centro de Memoria y Proyección Musical de la Universidad del Tolima, cantó sobre las tarimas de ruedas en algunas de las Marchas Carnaval y además, dio un giro significativo hacia el feminismo, hizo parte del Colectivo de Mujeres del Tolima donde recibió formación y participó en conmemoraciones emblemáticas del 8 de marzo y 25 de noviembre, junto a sus compañeras Piel Canela y Le Femme Crew. Asimismo, es miembro de la Corporación Casa de la Mujer Constructoras de Equidad y también lidera Dulima Vive.
En 2018 se graduó como licenciada en teatro de la Universidad de Antioquia, trabajó ese año como docente de teatro y pedagogía en el Conservatorio del Tolima, participó en la beca de creación Malabares para la Mano derecha junto a La Multicolor y materializó la idea de conformar una Casa Comunitaria que diera lugar a procesos artísticos y culturales. En la actualidad, este espacio es el hogar de estudiantes de distintas áreas que aportan a las dinámicas de la Casa Dulima y su proyección social.
Desde el 2018, hace parte de La Confluencia Juvenil del Sur de Ibagué, SURgiendo, la cual reúne agrupaciones y colectivos, para construir territorio y mejorar las condiciones de sus habitantes. En el 2019, fue invitada a participar en la obra de Circo Teatro Ensueño en Alas de Mariposa con El Zaguán y se articuló a la Comisión de la Verdad como artista, desde allí busca por medio del canto, reconocer la dignidad de las víctimas del conflicto armado en Colombia. Hoy sigue levantando su voz por la vida y creyendo que es posible re-existir en colectividad.

Hace 20 años, Yenny es reconocida por su incesante ejercicio cultural comunitario en la ciudad de Ibagué, el que le ha formado como actriz, cantante, docente y sobretodo una persona empática y consciente de las injusticias sociales.
“Aunque mis talleres y mis presentaciones son esporádicas, se dan sobre todo en épocas de vacaciones escolares o fines de semana, es grato notar el agradecimiento de quienes han tomado mi vida como referente de mujer en resistencia, que sigue nadando a contracorriente en defensa del territorio y de nuestra memoria viva”.







Hola soy hija de saul hernando garcia cristancho me gustaría que habláramos .
Tengo entendido que siempre supiste de mi existencia y por cosas de la vida no nos hemos encontrado.