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El diablo de don José Luis

Por: Andrés Chamorro


Foto tomada de la biblioteca gráfica de San Bernardo, Tolima La vaca Loca
Foto tomada de la biblioteca gráfica de San Bernardo, Tolima La vaca Loca

San Bernardo es un pequeño corregimiento de Ibagué - Tolima, donde la violencia y el aislamiento son rasgos que han caracterizado a esta población, muchas son las historias que han quedado olvidadas por los estrechos y boscosos caminos que conducen hacia este lugar, en los que aún suenan cumbias y guabinas que con tamboras y flautas se entonaban para dar para dar inicio las tan esperadas fiestas de “San Bernardo”.


Caracterizadas por ser festividades llenas de bailes y disfraces, donde niños, adultos y ancianos podían divertirse gracias a las ideas de Don “José Luis”, uno de los campesinos del pueblo, con sus inventos llevaba fiesta, parranda y diversión a cada una de las personas quienes con su sombrero y poncho, esperaban las lo locuras de Don José.

El Encuentro


Luego de un largo y exhausto día de trabajo, Don José se dirigía a su casa. Cansado se fijó en una gran rama que para muchos tendría una forma de cualquier otra rama, pero él vio algo distinto, algo que quizá podría ser un símbolo icónico de estas fiestas, así que con pintura roja lo diseñó y con una máscara decidió darle forma y nombre al que sería el Diablo de San Bernardo.

A pesar de que ya sabía lo radical que sería esta idea, José Luis llegó con el “Diablo” al pueblo, en cuanto todos lo vieron, decidieron hacer una caravana para celebrar el que sería el nuevo ícono de las fiestas de San Bernardo.


Foto tomada de la biblioteca gráfica de San Bernardo, Tolima La vaca Loca

Este desfile y estos disfraces se convirtieron en una tradición anual, cada máscara roja, sus guitarras y tiples, eran símbolo de fiesta y alegría porque cada año venía el diablo a festejar con el pueblo de San Bernardo. Al rey de las tinieblas lo acompañaba una vaca de madera llamada por el pueblo como la “Vaca Loca”. Quien se conocería por ser el jinete del diablo la adornaban de pólvora para que cuando esta se prendiera en fuego, los fuegos pirotécnicos dieran la sensación de que su jinete ascendió de los infiernos.


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Con tiples y guitarras cada habitante de san Bernardo bailaba y gozaba, cada vez que el diablo de Don José Luis volvía a las calles, entre pitos y voladores se reunía todo el pueblo hasta su último día de festejo en el cual el diablo debía descender entre llamas al infierno junto con su jinete. Ese día en la plaza de toros hecha con madera por los mismas habitantes del corregimiento, se ponía a la “vaca loca” en la mitad de la plaza para que esta, entre la pólvora quemada, despidiera las fiestas de San Bernardo, anunciando que el otro año volvería a festejar una vez más en el pueblo.


Foto tomada de la biblioteca gráfica de San Bernardo, Tolima La vaca Loca

La maldición


Aquel diablo de madera era guardado por Don José cada año en su finca, las historias que se contaba de este demonio, empezaron a tomar fuerza, no solo en el pueblo, también en la vida de Don José, hasta el punto de que sus cosechas de café y su dulce de panela quedaban amargos, sus ingresos empezaron a caer, su salud empezó a deteriorarse, muchos en el pueblo empezaban a creer que aquel diablo de madera estaba reclamando la vida de este hombre.


Las personas del corregimiento ya no salían a las fiestas por miedo a que el Diablo los maldijera y quedaran malditos por él. Cada vez menos gente participaba en las festividades, por eso, llegó el día en que José Luis y su banda de diablos no regresaron a las calles y la pólvora diabólica para festejar en aquellos caminos de casa coloridas.

El olvido


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En medio del desespero de ver su suerte tan desmejorada, Don José decidió terminar con su propio invento y acabó con la maldición que él mismo había creado, decidió parar todas estos mitos, fue a su casa, tomó al diablo de madera y lo quemó en el patio de su finca. Ese día no solo desapareció una parte de las fiestas de san Bernardo, también desapareció parte de él y de su historia.



Foto tomada de la biblioteca gráfica de San Bernardo, Tolima La vaca Loca

Luego de haber quemado al diablo, la salud y la economía de Don José Luis mejoró, pero sin duda alguna, el pueblo ya no era el mismo. El alma de la fiesta al igual que su creador habían sido olvidados, hasta llegar al punto de que solo se redujera a mitos y leyendas, olvidando así que algún día, un hombre con un diablo y una vaca de madera, logró unir y hacer que un pueblo escondido en las llanuras boscosas del centro del Tolima, celebrará sus penas y tristezas, a pesar de que todas estas vivencias solo se hayan reducido a las fotografías de una sala vacía.


 
 
 

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