El final de un camino es el principio de otra lucha
- Pa´la gente

- 16 sept 2019
- 5 Min. de lectura
Actualizado: 6 nov 2021
Por: Jhenifer Rodriguez

Era la madrugada del 24 de diciembre del año 2000, una fuerte ola invernal había azotado a Cajamarca al punto de tumbar el puente vehicular que permitía a los habitantes de la vereda Recreo Bajo atravesar el río para tomar la vía que viene desde el corregimiento Anaime, hacia el casco urbano del municipio.
Johana López Morales estaba con dolores de parto en su casa situada en el Recreo Bajo, familiares le solicitaron a su vecino, Elías Báez, que la llevara en el carro al hospital. No era cualquier favor, dado que con los estragos que el invierno había dejado, tendrían que tomar la vía por el sector conocido como la Vuelta del Cinco, y esto implicaba cerca de 2 horas de trayecto hasta llegar al hospital, el doble del tiempo que si pudieran pasar por el puente.
Finalmente, gracias a don Elías, lograron llegar al hospital cerca de las tres de la mañana, hubo complicaciones y pese a llevar ya un trabajo de parto adelantado, Johana tuvo que someterse a una cesárea, “el médico no me dio mayores explicaciones de porqué, simplemente me dijo que el niño se estaba pasando de nacer” relató ella.
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Edwin Joel López Morales nace a las cinco de la mañana con el cordón umbilical enredado en el cuello “ya estaba moradito, pero gracias a Dios todo salió bien” dice Johana sonriendo. El camino apenas empezaba, desde ese momento y aún hoy, ella ha estado luchando por ofrecerle a su único hijo un futuro mejor que el suyo.
MUJER TRABAJADORA

La primera vez que vi a Johana, estaba en un tajo cortando cepas de arracacha con su mamá. Unas compañeras y yo subíamos por la vereda, nos acercamos para grabarla y hacerle algunas preguntas sobre su trabajo, pese a encontrarse ocupada nos atendió con amabilidad y con paciencia. Eso hablaba mucho de su carácter, además sus vecinos la reconocen como una madre ejemplar y una mujer trabajadora.
Testimonio de Edwin:
"Ella sabe todo lo que una mujer campesina debe saber y poder hacer, pero también lo que deben saber y poder hacer los hombres".
Es sólo que en Cajamarca ella labora de sol a sol por un jornal que pudiera no estar en consonancia con lo que hace, pese a ello, Johana siempre ha trabajado en el campo, ama las montañas de su tierra natal, el aire fresco, los animales y no se halla en la ciudad; aún así tiene un sueño, que su hijo estudie ya que ella no pudo hacerlo, es por eso que trabaja sin descanso, a veces cocinando, otras cogiendo café, escogiendo fríjol, haciendo infinidad de actividades relacionadas a la vida rural. Pero su entrega le ha costado, pues actualmente, Johana padece múltiples dolencias en sus manos.
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En la época en que su hijo estaba en la primaria, ella veía muy difícil que continuara estudiando. Puesto que la escuela rural en la que él estudió, quedaba a 10 minutos de su casa, el colegio quedaba a una hora de distancia; un trayecto de 30 minutos a pie y el resto en carro pagando pasaje; sin embargo llegando mojado y embarrado en los días de invierno, así empezó Edwin su bachillerato.
LUCHAR POR ESTUDIAR

Desde que era muy pequeño, Edwin mostró ser disciplinado, amable, obediente y comprensivo. Así lo describen su mamá y sus conocidos; pero realmente eso en Colombia no es suficiente para poder acceder a la educación si eres un joven campesino, porque desde el mismo momento en que inicias el bachillerato tienes trabas.
Siempre se habla del mal estado de las vías terciarias del país, Edwin lo sufría cada día. Después que su madre se vio en muchas dificultades para pagarle los pasajes, tuvieron que conseguir una bicicleta para que él pudiera ir a estudiar; eso aumentaba el tiempo de trayecto hasta el colegio y no resolvía el problema de llegar con su uniforme y sus útiles mojados cada vez que llovía.
Testimonio Johana:
Fue hasta que ingresó a séptimo grado que se estableció la ruta escolar, parecía, para los habitantes de Recreo Bajo que tenían a sus niños en el colegio, que todo mejoraría, solamente tenían que estar listos en la orilla de la carretera esperando que el carro pasara. Un día normal como ese, Edwin estaba esperando la ruta listo desde las 6 am, pero esta nunca llegó.
Cerca de las seis y cuarenta pasó un vecino con sus dos hijos en la moto y les confirmo que la ruta no subiría, le dijo a Johana, quien ya iba tarde al trabajo, que no le habían avisado a nadie y que tenía que mirar como mandaba al muchacho. “Los muchachos entraban faltando diez para las siete, me tocó llamar a mi hermano y pedirle el favor que viniera a llevarlo” comentó Johana.
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Este mismo episodio se siguió repitiendo durante todos los años de bachillerato que le quedaban a Edwin, a veces la ruta duraba meses sin pasar, incluso en el 2018 no hubo ruta durante todo el segundo semestre del año. Mientras habían promesas de los gobernantes de subsidios para el transporte que no parecían llegar.
Entre tanto, Edwin López cursaba su último año de bachillerato, al igual que muchos otros jóvenes de las veredas de Cajamarca. Johana debía sortearlas para ayudarle a su hijo, soñando juntos con que él pudiera entrar a la universidad pero teniendo muy claro que era casi imposible, pues pese a que los colegios públicos de Cajamarca tienen la oportunidad de salir como bachilleres técnicos, en el municipio no hay ni siquiera una sede del Sena que les permita continuar.

La Universidad del Tolima proyectaba una sede del Instituto de Educación a Distancia, pero en el momento en que Edwin terminó el bachillerato no había ni asomo de ello.
Él se graduó de La Institución Educativa el Rosario; el mejor Icfes de ese colegio, entró a la Universidad del Tolima en segundo listado, de ahí para allá la oportunidad de ingresar a la única universidad pública del departamento era mínima.
Pero Johana quería que su hijo siguiera estudiando, a pesar que él estaba dispuesto a ocuparse en un trabajo como hacen muchos jóvenes del municipio para ayudarle a sus familias. Edwin logró ingresar al Sena para continuar con los estudios de contabilidad que había iniciado con el técnico que les ofrece el colegio. Habiendo pasado tantas penurias para llegar hasta allí, todavía les quedaba mucho más porque tenía que estudiar en Ibagué, la ciudad más cercana para ellos.
Testimonio de Johana:
El reto de la ciudad

Estudiar en Ibagué implica gastos de arriendo, alimentación, aparte de tener que comprarle uniformes. Pensar en trastearse desde la vereda Recreo Bajo hasta las inmediaciones de la sede principal del Sena en Ibagué era demasiado, así que las cosas básicas para habitar un cuarto también se le sumaban a Johana entre los gastos.
Actualmente, pese a las dificultades que han tenido que pasar, Edwin está estudiando en el Sena de Ibagué, asumiendo el hecho de estar lejos de su familia con todo lo que aquello implica. Él siempre había estado con sus abuelos, su tía, sus primos y principalmente su mamá, viviendo en la misma casa, apoyándose todos.
Ahora va a Cajamarca solamente cuando la economía se lo permite, su mamá viaja cada que puede para traerle lo que necesita pero principalmente para verlo, porque siempre han sido muy apegados.
Testimonio de Edwin:
Gracias a Johana y a su hijo
Palabras de Edwin a su mamá
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