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Sueños Revelados


"¿Sabe usted por qué la fotografía es como los números?", me pregunta Luis Fernando García Parra mientras nos encontrábamos sentados en una de las bancas de la plaza de Bolívar, y a lo que él mismo responde: "Porque la fotografía no tiene fin, la fotografía es infinita".


Y es que es así. La fotografía desde sus inicios ha tenido una increíble evolución, partiendo desde los años antes de Cristo, cuando se utilizaba una caja que era llamada cámara oscura para estudiar los eclipses de sol, hasta el día de hoy donde el avance de la tecnología ha posibilitado a la mayoría tener una cámara en su teléfono móvil.

Luis Fernando, es un fotógrafo de la Plaza de Bolívar de Ibagué, quien lleva 50 años de su vida trabajando en este bello arte. Nació en 1950 en una familia humilde de esta ciudad, con cuatro hermanos más que eran sustentados por su padre que también fue fotógrafo.

Marco Emilio García, padre de Luis Fernando, inició en esta labor a sus 26 años y era considerado uno de los pioneros de la fotografía de la ciudad, cuando, como dice Luis Fernando "la fotografía estaba en Bonanza". Su padre trabajó durante toda su vida por darles todo lo que necesitaban y solamente vivían de lo que conseguía fotografiando a las distintas familias de la ciudad de Ibagué.

A Medida que Luis Fernando crecía se iba interesando más y más por esos aparatos que se encargan de capturar momentos que quedan en la memoria de todos aquellos que se paran en frente de los lentes de las cámaras; y cuando su padre llegaba a casa se metía bajo la tela negra que en ese tiempo utilizaba la cámara oscura e imaginaba que también podría llegar a ser un gran fotógrafo.

Sus inicios


Mientras sonaban sin cesar los campanazos de la Catedral, y se escuchaba el cantar de las aves, pues aunque regularmente la plaza de Bolívar siempre se encuentra llena, en la mañana de este domingo la soledad permitía escuchar hasta el movimiento de las hojas de los árboles que a su vez era acompañado por el sonido de fondo de la procesión del Corpus Christi, Luis Fernando con su carisma que lo caracteriza se dispone a contarme como después de imaginar con ser fotógrafo, pudo empezar a cumplir este sueño.

De todos sus hermanos el único que decidió seguir los pasos de su padre fue Luis, y a sus 17 años empezó a trabajar en el Parque Galarza con la cámara oscura, (también llamada Foto agüita), pero a la que él llamaba fotominuto, que eran cámaras artesanales, pues se fabricaban a mano y recuerda las viejas imágenes que capturaba, en ese tiempo solo a blanco y negro. Utilizaba químicos como el fijador y el revelador y el papel fotográfico (Forter, Tura y Alfa).

Como en sus inicios vivía en su casa paterna junto a sus padres y sus hermanos no tenían ningún gasto, pero un año después tuvo que empezar a aportar en su casa y posteriormente en su nuevo hogar.

En sus ojos claros se ve reflejada cierta jocosidad al recordar como trabajaba en ese entonces, cuando ponía su cámara en un trípode de madera, al aire libre e inconscientemente las personas que por allí transitaban tumbaban su capturador de recuerdos e inmediatamente debía recogerla y poner un vidrio nuevo (ya que el que tenía se rompía con la caída) y poner nuevamente el líquido para poder seguir trabajando.

Mientras hablábamos, la mañana se torna algo lluviosa, sin embargo esto no impide que Luis me siga narrando todo el proceso que tenía que realizar para poder entregar una buena fotografía.

Durante 18 años que trabajó en este parque y con esta particular herramienta, Luis Fernando debía poner todos los materiales dentro de una cajita que era un cuarto oscuro que se hacía con triplex, le daba un diafragma, tomaba la foto y metía una manga oscura para que no pasara la luz, porque el papel se podía velar. Para saber cómo iba el proceso de revelado y fijado, se miraba por encima de la cámara que tenía una especie de visor con un vidrio rojo que evitaba que el papel se quemara.

Este proceso de revelado tardaba el tiempo que se le diera al diafragma, Luis habla de unos 52 segundos en los que ponía la personas de medio cuerpo o cuerpo entero, destapaba, volvía y tapaba y disparaba con su lente 10 ½.


Del Parque Galarza a la plaza de Bolívar


Pasan las horas, y a la Plaza de Bolívar empiezan a llegar muchas de las familias que aún tienen como tradición pasar un domingo en este emblemático lugar. Así mismo, no se hacen esperar los vendedores de globos, de helados, de mango, de algodón de azúcar, pinchos, tinto y churros que aprovechan que los fines de semana se llena este sitio para conseguir algunos ingresos.

A esta hora el cantar de las aves se pierde casi que por completo, pues la plaza se llena de voces, voces de quienes van para la iglesia, de quienes se sientan a hablar de lo que les ha sucedido últimamente, voces de los niños que corren y juegan en el parque. Además los alrededores se llenan de automóviles y la contaminación auditiva por los pitos no se hace esperar.

Luis, un hombre de más o menos 1.60 cm de estatura se pone de pie para mostrarme que estas son las mejores horas del día para realizar su oficio y continúa contándome la historia de su vida en la fotografía y por qué ahora trabaja en este lugar.

"Cuando se acabaron los químicos y el papel, decidí coger la reportería social, entonces me vine para acá a tomar fotos, en ese momento también entra la fotografía a color y se da un cambio total y fulminante". La plaza de Bolívar por quedar en medio de la Alcaldía, El Palacio de Justicia, El Colegio La Presentación, La Catedral y La Universidad Cooperativa, se convierte en el lugar propicio para que Luis pueda seguir desempeñando su labor, ahora como fotógrafo de eventos sociales.

Al llegar a este sitio y por estar más cerca de la carrera tercera, varios de los fotógrafos de la época, se ubicaban entre las calles 14 y 15 para tomar fotos sin compromiso, y el que decidía comprarla recibía un papel con el que posteriormente podría reclamar su retrato, "pero esto ya quedó abolido".

Tras 50 años de labor Luis cuenta que de los fotógrafos con los que él comenzó, solamente Gustavo Muñoz (Foto Muñoz) como se hace llamar, continúa laborando allí, y además me aclara que cada uno de los fotógrafos debe tener una tarjeta con la razón social, por lo que en este caso Luis se llama Foto Color.


Desde que empezó en este arte, Luis Fernando ha sido muy constante y afirma que lleva 32 años de estar en la Plaza de Bolívar y trabaja allí desde las 9 de la mañana, hasta las 6:30 de la tarde todos los días, "porque si usted no está continuo, es como usted tener una tienda, estuvo un rato y la cerró y el vecino vino a golpear y el señor no está para que venda media de carne, entonces mejor cierre eso porque usted tiene que ser constante", hace esta comparación y además me dice que así él no tome fotos algunos días, debe permanecer allí para que sus clientes siempre lo vean. Tal vez esta es la razón por la cual Luis Fernando tiene pecas en sus brazos y en parte de su rostro, por la constante exposición al sol.

No hay que vivir del recuerdo.


"A mi no me da nostalgia por la sencilla razón de que todo evoluciona, entonces hay que pensar en el presente, no atrás".

Entre el sonido que producía un habitante de la calle con un balde y un palo al son de una canción que él entonaba, seguía mi charla con Luis Fernando donde me decía que han resultado cantidad de fotógrafos nuevos de un momento a otro, pero que son generaciones nuevas, con las cámaras digitales ya cualquiera es fotógrafo.

Así mismo tanto para él como para los demás fotógrafos que permanecen sentados en las bancas de la Plaza de Bolívar, el trabajo económicamente ha desmejorado un 80%, pues con la era digital han llegado dispositivos como la tablet, el celular y las distintas cámaras tanto profesionales como semiprofesionales que han ido desplazando este lindo oficio.

Finalmente mientras caía la tarde, Luis con su particular forma de vestir, con sus zapatos de material y su pantalón de tela, decide hablarme un poco sobre su familia: "la fotografía no me dio plata, pero tuve una familia de cuatro hijos que los sostuve a pura fotografía". Sus hijos ya grandes, el mayor de 35 años, el otro 34 y las demás seguidas son su apoyo, pues la fotografía en este momento no le da margen de ganancia, pues entre semana apenas logra tomar de dos a tres fotos diarias, "con eso pago arriendo y todo, ahí compensa".

Actualmente vive con su esposa quien se dedica a las labores del hogar mientras el continúa luchándose la vida a punta de instantáneas de 10 cm * 15 cm, que tiene listas en 5 minutos y que vende a $6000, y con el dinero que logra ahorrar en una de las Asociaciones de las que hace parte.

"Yo me he dedicado a la pura fotografía, porque gracias a Dios he tenido una clientela hace mucho tiempo, entonces hoy en día uno vive de la clientela y de la honestidad. Uno debe ser honesto mientras le llega la hora de viajar".


Luis Fernando García Parra, con su cámara análoga Canon Tx serie 111160 colgada en su cuello y con las fotografías que siempre lleva en sus manos mientras ofrece sus servicios a los transeúntes que pasan por la Plaza de Bolívar, tomó 23 fotos mientras estuve con él, demostrando así que la tecnología y las nuevas formas de recrearse han ido desplazando oficios como éste, sin embargo Luis termina diciéndome que ha vivido de la fotografía y ha sido sabroso, por lo tanto morirá detrás de las cámaras.



 
 
 

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