Una pequeña ciudad, una gran capital musical
- Pa´la gente

- 28 oct 2017
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Ibagué está colmada de expresión musical. En las calles del centro no pueden faltar músicos tocando grandes melodías, los sonidos armónicos abundan por doquier, a unos metros se escuchan las sutiles notas del Conservatorio y la Universidad del Tolima parece encantada con los sonidos que producen los muchachos con sus guitarras.
La música es el centro de la ciudad, pues nunca se encontrará un ciudadano que no tenga un familiar músico o sea el mismo quien haga algo relacionado con la música.
Tal es el caso del señor Rodrigo Buitrago, con 45 años y habitante del centro de la ciudad quien tuvo un padre que tocaba la guitarra, el tiple y el violín empíricamente; o Don Ricardo de 52 que simplemente tiene un primo que toca guitarra. Pero también está el caso de Juan Carlos que con 20 años toca el Corno francés y su hermano con 10 que toca el fagot, o más bien de su amiga Alejandra Rivas de 20 años que toca el mismo instrumento hace 10 años y de sus hermanos que tocan la trompeta y la percusión, todos estudiantes del Conservatorio del Tolima.
Una Institución de gran importancia a nivel nacional y con reconocimiento a nivel internacional, es el Conservatorio de la ciudad. Con un arte característico de principios del siglo XX: estilo republicano, y sus oleo-retratos de músicos que marcaron la historia, cobra relevancia por la historia que cubre su fundación.
“Una de las características por la cual tenemos este título de ‘Ciudad musical’ es por la Institución, por las características de cómo fue fundada y formada, desde una escuela musical con bachillerato académico, el pionero de todos los Conservatorios del país”. –Agregó Tatiana Cecilia Arias, directora Programa de Extensión y proyección social del Conservatorio del Tolima.
Su fundador fue el Maestro Alberto Castilla, quien ofrecía clases a los hijos de la alta sociedad, de casa en casa. Pero él quiso llevar la música a los estratos más bajos, así que buscó moverse entre políticos y así creó una sede en 1881 en el Colegio San Simón. Más tarde, logró crear la sede que tiene actualmente y de donde muchos de sus egresados han logrado triunfar tanto a nivel nacional como internacional.
Se financió sola los dos primeros años, con fondos de bazares y ventas de flores, con inmuebles alquilados. Así, solo con el esfuerzo y la perseverancia del Maestro Castilla y del pequeño grupo de personas que lo apoyó. De esta manera el Maestro de inteligencia polifacética, fue una guía en la enseñanza de la música en una incipiente ciudad, abriendo las puertas para que músicos de bajos recursos se formaran.
“Podemos encontrar muchos músicos egresados del Conservatorio tocando en orquestas de todo el país y fuera del país”. –Dice Tatiana Arias orgullosa de la Institución, procediendo a nombrar ejemplos de algunos músicos.
La maestra violista Sandra Arango es considerada de las mejores intérpretes de Colombia, músico de la mejor orquesta filarmónica de Bogotá. Integrante del cuarteto Coarte, de los mejores de Latinoamérica. Se da el lujo de tocar en todos los escenarios del mundo, pues siempre la llaman a participar.
También está Samuel, ganador del primer concurso internacional de violín, director de la Filarmónica Joven. O en un nivel más moderno, Jhon Camacho que en el género del rock ha sido el estudiante con los mejores resultados y con más seguidores.
La Institución logró crecer mucho más, bajo la dirección de la Maestra Amina Melendro, quien instauró el bachillerato musical y más tarde la Facultad de Artes. Allí se abrieron diversos programas, con mucha acogida y donde el estudiante obtiene cualquiera de estos títulos: concertino, arreglista, gestor musical, director musical, gerente artístico, lutier, ingeniero de sonido, cantante, entre otros.
“Académicamente se ofrecen muy buenos programas, con excelentes docentes que han tocado en las mejores orquestas del país, hemos crecido mucho y ahora buscamos la acreditación. Hasta el año 2013 hemos dado una educación sinfónica, de música culta, pero ahora nos hemos abierto al desarrollo de la cultura musical junto a nuevos géneros como es el rock, el jazz, la música bailable y las baladas. Se sigue trabajando el aspecto sinfónico, pero ya no tan enfocado.” - Tatiana Arias.
Este crecimiento ha permitido ampliar la cobertura estudiantil, contando casi con 1000 estudiantes actualmente y donde llegan a ampliar sus conocimientos musicales personas de otras regiones del país, como es el caso de Fernando Nieto, que desde Tunja vino a Ibagué sin contar con ningún conocido, a estudiar en el Conservatorio del Tolima.
Coro celestial en la UT
La Universidad del Tolima es casi como mágica, en los bosques siempre hay alguien tocando guitarra, a veces el saxofón y otras la flauta. En uno de los salones del centro cultural está el grupo folclórico ensayando o los aprendices de guitarra clásica. Dando la vuelta casi al llegar al restaurante, está el ‘ensayadero’, donde tocan muchos grupos de estudiantes amantes de la melodía. Y si se pasa al bloque 33 encontramos la sala de música donde ensayan con el Maestro Zambrano los coros, violinistas, violonchelistas y pianistas; y en un piso más arriba el auditorio, usualmente en horas de la noche presentan conciertos sinfónicos, a veces se llena otras no.
“Antes pensaba que el público de la universidad era el más difícil, ahora me dicen directores de orquestas de otras universidades como la Nacional y hasta el del mismo Conservatorio, que realmente envidian el público de acá, pues ya sean muchos o pocos, asisten los que son, a los que realmente les gusta, sin ningún tipo de presión” – Cesar Augusto Zambrano, Maestro de música de la Universidad del Tolima.
Tan solo observando el auditorio uno logra identificar que a ese público verdaderamente le gusta lo que escucha, pues la comunidad universitaria esta movida por un espíritu musical único, aquel espíritu que unos años antes no existía, porque en los primeros conciertos los que iban, iban a burlarse además de ser muy pocos.
El Maestro Zambrano lleva trabajando en la Universidad desde hace más de treinta años, cuando llegó tan sólo había un coro a cargo de su Maestro Quarto Testa, que al morir el, lo sucedió Zambrano.
Primero fue un pequeño salón donde actualmente queda el museo de arte, “un saloncito oscuro” dice él, “donde constantemente el golpe de los balones de una cancha en ese entonces interrumpía los ensayos”. Después fue un salón cercano a la antigua cafetería, de ahí se trasladaron a la parte de atrás de lo que era el aula máxima, que luego quedo para el grupo de teatro; más tarde en el aula máxima donde se hizo una pequeña división con madera, de allí se movieron donde quedaba la biblioteca y lograron duplicar el espacio y finalmente al lugar donde se encuentra la sala ahora.
“Siempre cedimos el espacio para otras manifestaciones culturales y artísticas, porque la Universidad las necesita todas en un muy buen nivel. Una vez me quedé solo, sin escritores, sin teatro, como una vela prendida en el desierto. Uno necesita retroalimentarse con los otros artistas para que la universidad como expresión cultural funcione.” –Maestro Zambrano.
La sala de música tiene pinturas y obras artísticas de distintos estudiantes y artistas, estas expresiones reafirman el sentido de la Universidad como centro de pensamiento y arte de la ciudad musical.
Ni la orquesta sinfónica ni los coros de la Universidad hacen concursos porque su filosofía está en que la música se destruye cuando alguien le tiene que ganar a otro. Sin embargo, han tenido distintos reconocimientos donde son invitados a tocar en escenarios de otras universidades y salas como la de León de Greiff y el teatro Colon, también de otros países como Berlín, México y Argentina. De la misma manera han venido músicos de otras ciudades y Países, como es el caso del niño prodigo del chelo en Polonia que tocó en este auditorio con todos los gastos financiados por ese país.
Así como el Maestro Zambrano ha logrado que la música en la Universidad del Tolima crezca, la Universidad lo ha hecho crecer a él, le ha permitido que escriba a tal punto de publicar sus escritos pues se considera que estas creaciones amplían los conocimientos y forman un docente integralmente.
Musicalmente la Universidad abre las puertas a toda la comunidad: el coro infantil, los coros polifónicos, talleres de guitarra clásica, clases de apreciación musical, orquesta folclórica, clases para estudiantes que tuvieron algún recorrido musical con un instrumento pero que lo dejaron por estudiar otra carrera, ellos tienen la posibilidad de seguir desarrollándose en la música.
Hace poco se hizo un concierto del coro para unir la Universidad en el momento de crisis financiera que vive. El Maestro Zambrano afirma que estos conciertos son una forma de protesta en contra el recorte a las expresiones artísticas que hizo la administración.
“La Universidad pública jamás debe recortar en estos espacios, pues son los que unen a la comunidad para crear soluciones a estas crisis”, dice el maestro.
¿Realmente Musical?
Algunos ciudadanos como el ciudadano Ricardo Rojas, afirma que a Ibagué le faltan condiciones para constituirse como ciudad musical, debido a la falta de cultura de la mayoría de ciudadanos, porque “no saben ni la historia de su ciudad” y también porque a la ciudad le hace falta más monumentos musicales que representen a la misma.
Por otro lado, Juan Carlos Cruz, estudiante de Licenciatura en Música del Conservatorio afirma “La Universidad solo tiene los entes históricos que la constituyen como ciudad musical, pero actualmente no hay apoyo económico a los músicos por parte del gobierno ni moral gracias al desconocimiento e incultura de los ciudadanos, piensan que somos ‘borrachos’, la ‘ciudad musical’ es una fachada. Desgraciadamente hay mucho talento pero poco apoyo.
Así opinan muchos músicos egresados y estudiantes del Conservatorio, pues los que triunfan usualmente lo hacen solo fuera de su región, sienten sus sueños truncados al ver como se cierran las puertas en su ciudad y deben dejar a sus familias, a su suelo natal para poder sobrevivir.
En cuanto al apoyo económico, según el Decreto del Presupuesto General de la Nación publicado por el Ministerio de Hacienda, el dinero destinado a la cultura es de 302.024 millones de pesos para el año 2017.
Situación alarmante, pues en el año 2015 el presupuesto era de 390.792 y en 2016 fue de 335.438 millones de pesos, es decir disminuyo 88.768 millones de pesos, en vez de aumentar, pues según lo acordado en los Procesos de Paz de La Habana para una paz verdadera debe invertirse en la cultura. Paradójicamente, el presupuesto para el Ministerio de Defensa aumentó 330 millones de pesos de 2015 a 2017, siendo actualmente de 12.849 billones de pesos.
En conclusión, cuatro días del presupuesto para la Defensa, equivale a un año para el de cultura. Por ende, es alarmante que la cultura ocupe un puesto tan bajo en las prioridades presupuestales del gobierno.
Carlos Emilio Díaz, administrador del Teatro Tolima; afirma que en Ibagué no hay una cultura musical, pues la gente está acostumbrada a que todo sea gratis, especialmente los conciertos de música culta, entonces a los músicos no se les paga y el futuro de la ciudad musical queda estancado.
Las preguntas sobre el futuro rondan en las cabezas de los músicos, pero saben que estudian porque la música es su pasión, está en el alma de los tolimenses intrínsecamente. ¿Estará el destino musical de la ciudad condenado a vagar en la llanura tolimense? Esa respuesta solo la dará el destino, por ahora esperar que los ciudadanos se regocijen en las fiestas del folclor de mitad de año en las que tanto invierte el gobierno.



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