top of page

Lo visible de lo invisible en la ruralidad de Ibagué


Por Paulo Sánchez y Vannessa Gonzalez.

Una de las zonas más tranquilas, cargadas de naturaleza, lugar en donde muchos pueden relajarse y tomar aires nuevos cuando se cansan de la monotonía cotidiana. Un paraíso para unos, pero otra realidad para los habitantes. Ese es el campo de la ruralidad, por la que muchos de los alimentos que consumimos a diario tienen que pasar para ser recibidos en nuestras mesas.

Muchas personas ven a los corregimientos y veredas como un destino en el cual pueden pasar un buen fin de semana y más si se tiene un puente festivo. Pero más allá del asunto, la invisibilidad y las condiciones no son muy favorables para quienes cultivan en estas zonas. Un ejemplo de ello es la vereda San Francisco perteneciente al corregimiento La Florida, ubicada al sur de la capital tolimense. Sus cultivos de pancoger y de ganadería han desarrollado el sector, además de servir como sustento para 194 familias, que según el DANE para el 2012 allí residen y en donde se encuentra don Alfredo, un vecino y amigo de la vereda que realiza recorridos todos los días desde las 5 de la mañana, bajando a las personas que se dirigen a los diferentes puntos de la ciudad a vender lo que cultivan en sus terrenos y a quienes van a trabajar en las industrias cafeteras de la capital del Tolima.


Don Alfredo con desaliento y cansancio por el trayecto que ha realizado parte del día, comenta que “no cualquiera se le mide a subir por aquí, muchas veces las personas que suben solo lo hacen una vez y ni vuelven, suelen subir los docentes que dan clases en las escuelas o personas que tiene sus fincas por allá arriba y eso que el paso se complica cuando llega el invierno”. En lo que realmente, se evidencia la despreocupación y la poca importancia que las personas en la ciudad le otorgan a todo lo que conlleva la producción, la extracción, el empaque, el transporte y el precio que merece cada gota de sudor derramada en el campo por agricultores guerreros para cumplir con el sustento en su hogar. También, uno de los factores que enfrentan los campesinos y habitantes de los sectores rurales, es la manera en la que se transportan los alimentos hasta la ciudad ya que se debe tener un vehículo que aguante el trayecto y por supuesto unas vías que se presten para ello. Cosa de la cual carecen lo alrededores de Ibagué y muchas de estas zonas debido a que todo el recorrido se transforma en una esperanza para que en las vías no se produzcan derrumbes, ni tampoco llueva porque se afecta el paso en la carretera. Pero, ¿Qué hacen las personas con cuyos ingresos no dan para comprar un vehículo?, los campesinos en ocasiones pese a que la carretera se encuentre con dificultad, deben pasar a pie para que sus productos no se les queden por muchos días y ya por el estado o la acumulación de ellos, pierdan la inversión de estos y no puedan obtener la remuneración adecuada de la producción. Y ni decir el fuerte enfrentamiento con los productos del mercado, lugares en los exportan de otras partes del país o del mundo los mismos productos pero con precios más bajos para que las familias los adquieran. Lo que trae a colación un cuestionamiento clave y es que el de, ¿las personas pagarían más por los productos propios de la región pese a que en los supermercados tienen el mismo producto importado y con un bajo precio?, interrogantes como estos se han venido presentando con respecto al PIB del municipio y sobre todo al observarse la gran presencia de supermercados que llegan a la ciudad y ofrecen sus productos en condiciones más accesibles que por economizar se compran, olvidando el esfuerzo del gremio agrícola de la región. Lo que a lo largo de este año en algunos medios locales se han informado sobre los deslizamientos que genera la ola invernal en la vereda San Francisco y Charco Rico, La Florida Parte Alta entre otras. Cada vez que llueve con demasiada fuerza la naturaleza reacciona y trae consigo sus complicaciones. El pasado 5 de abril del presente año cuando el equipo se dispuso a subir, la vía se encontraba tan deteriorada que suspendieron las clases en la vereda San Francisco porque no se podía transitar ni a pie y para ello se necesitaba de una maquinaria pesada que solo las entidades departamentales o municipales tienen.


Pero, lo que preocupa a las diferentes comunidades rurales de la región es el no sentirse acompañados por las entidades municipales y regionales, ya que las secretarías de Desarrollo Rural no realizan el apoyo cuando se requiere, las maquinarias necesarias para el despeje de las vías no se encuentran en mal estado o no cumplen con el trabajo completo. Es preocupante esta problemática de la malla vial ya que desde los gobiernos se debe disponer un presupuesto para el sector rural, que cubra las necesidades básicas de la población. Lo que promete en la Ejecución Malla Vial año 2015 suministrada por la Secretaría de Desarrollo Rural y Medio Ambiente del municipio, con la observación de la construcción de una placa huella en concreto para la movilidad de transporte interveredal. Específicamente en el convenio Interadministrativo 234 DPS-FIP-2015, que después de 3 años aún sigue por ejecutar y en los archivos de una administración desinteresada por la movilidad de los campesinos, niños, jóvenes y mujeres. ¿Y la educación qué?

También, hay algo que se afecta en la ruralidad, en la que se pasa desapercibido y es la educación. Según la circular No. 000335 expedida por la Secretaría de Educación del municipio, en el 2017 fueron consideradas Zonas de Difícil Acceso a 80 instituciones educativas de corregimientos como Laureles, Dantas, Tapias, Toche, San Juan de la China y La Florida. Lo que asegura que la malla vial en estos corregimientos no ratifica la calidad educativa en los jóvenes y niños que habitan dichas zonas rurales. De igual manera, a principios del 2012 la educación rural en Ibagué está en una gran desigualdad, el rector Andrés Emilio Torres evidencia que “de cada 100 estudiantes que se matricularon en primaria en 2002, sólo 46 terminaron el grado Quinto y sólo 14 llegaron hasta el grado Undécimo. Todos los otros se quedaron en el camino”. Porque en los niños y jóvenes los padres proyectan más es el espíritu de trabajo en las actividades del campo que en la educación por no contarse con ingresos altos para poder enviar al niño a una institución educación superior. Sin embargo, pese a la poca población que quiere ingresar a una educación en las escuelas veredales, quienes trabajan para cumplir con su labor son los docentes de las instituciones. Carmenza Montoya docente de la Institución Educativa San Francisco trabaja en las sedes ubicadas en las veredas Charco Rico, San Francisco y El Cural de la ciudad de Ibagué, cuenta que en muchas ocasiones por el estado de las vías hay que suspender las clases por los derrumbes que se presentan en las carreteras. Pero, no todas las zonas rurales poseen este nivel imperceptibilidad, en Ibagué hay unas zonas más turísticas que otras por ejemplo San Bernardo y Juntas son lugares en los cuales el rubro de dinero que se destina es invertido de inmediato y el contratiempo que se presente es solucionado debido a que, estas veredas generan de una u otra manera más ingresos municipales y son más fáciles de identificar por los habitantes de Ibagué. Por el contrario de los corregimientos anteriormente mencionados, los ingresos que se generan son para mantener en pie a cada una de las familias que se radican allí. Quienes habitan por esas tierras, saben en qué condiciones producen sus frutos y asimismo les conceden el valor de venta pero cuando se enfrenta a los precios bajos de las industrias que producen al por mayor, lo que hace que los precios se han más económicos y desvalorice el producto del campesinado. En esto se demuestra que la ruralidad está parcialmente ignorada por las entidades públicas del Estado, y que si no se toman medidas puede repercutir en la población tanto social, económica y social. Ya que se perderá los productos que según la UMAT (Unidades municipales de Asistencia Técnica), se calcula que en los corregimientos de Ibagué se producen 2.278 toneladas de arracacha, 1.516 toneladas de aguacate, 4.500 toneladas de banano, 81 toneladas de cacao, 6.424 toneladas de caña panelera, 21 tonelada de frijol y 19.235 toneladas de plátano. ¿De quién es la responsabilidad?

La actual situación del campo en el departamento y en el municipio de Ibagué no es confortante, debido a la falta de inversión estatal en vías de acceso, sin el apoyo mediante subsidios para el campesinado, garantías de cosecha, comercialización, fungicidas, entre otras. Sumado al desalentador panorama, el Secretario de Infraestructura y Hábitat de la gobernación del Tolima, Andrés Fabián Hurtado expresó: “la situación rural actual del Tolima se encuentra olvidada por el gobierno nacional y red terciaria no cuenta con un inventario. Los recursos se encuentran destinados en las zonas rurales de alta montaña con diseños tipo INVIAS y placahuellas”. Lo que desde la administración ratifican los argumentos brindados a lo largo de esta investigación y da a entender que no solamente el departamento del Tolima sus zonas rurales se encuentran de esta manera, sino a nivel nacional. A pesar de contar en las arcas del departamento con un presupuesto para el año del 2018 de aproximadamente 781 mil millones. Estos recursos terminan siendo insuficientes o toman otras rutas menos para las que fueron destinadas, es lo que más de un habitante en la vereda Charco Rico dice.


Acerca de la situación rural en las vías de acceso a las veredas San Francisco, Cataima, San Ignacio, añadió el Secretaria de Infraestructura y Habitat que el mantenimiento se ha hecho en su totalidad de la vía Boquerón-Toche-Cajamarca, pero en el sector hay varias fallas geológicas que incomunica precisamente esas veredas y que las vías terciarias están a cargo del municipio y no del departamento, sin embargo han llevado inversión para garantizar conectividad. En este caso, don Alfredo no podrá movilizarse ni en su carro y mucho menos a pie y a pesar de que es un medio de transporte eficaz, las vías a este paso seguirán de la misma manera, ¿y que pasara con los productos del campesinado? Veredas en estado de emergencia

La vereda San Francisco, ubicada a 1 hora de la ciudad de Ibagué, cuyas vías se encuentran en estado crítico desde la alcaldía de Rubén Darío Rodríguez en el año 2001, que en el momento se encuentra otra administración y estos desconocen lo que sucede en su interior. De igual manera, Fernando Torres, presidente de la Junta de Acción Comunal de la vereda San Francisco aseguró, “La Alcaldía y la Gobernación han contribuido en la vereda, pero el mal estado de la maquinaria no facilita el mantenimiento de la malla vial, las llantas se deslizan y no andan”. Si tan solo unieran fuerzas y dejaran a un lado sus diferencias, ambas administraciones realizarían una labor de cumplimiento con la comunidad y escuchando por supuesto a los voceros de cada vereda de Ibagué, las maquinarias estarían en buen estado para ejecutar dicha labor. Asimismo, veredas como el Cedral y el Cural, ubicadas a 1 hora y media del casco urbano de Ibagué, viven la misma situación de movilidad como la vereda anteriormente enunciada. En épocas de invierno, la situación se agrava notoriamente debido al deslizamiento de tierra sobre la vía y el desvanecimiento de la carretera, ya que no cuenta con un material sólido y resistente para soportar la ola invernal. Entonces, ¿Cuántos don Alfredos, profesores como Carmenza, estudiantes como Juan David y campesinos hay dentro de estas veredas que sufren de la misma problemática que es la malla vial? Los favorecidos

“En el más completo olvido nos tiene la actual administración de Guillermo Alfonso Jaramillo”. Así lo denunció Felipe Ordóñez, presidente de la Junta de Acción Comunal de la vereda La Cima, zona rural de Ibagué. El presidente de la JAC de este sector, indicó, que al parecer César Picón, Secretario de Desarrollo Rural tiene inclinaciones hacía algunas veredas, esto se evidencia en inversiones y mejoramiento de vías principales y alternas de zonas aledañas al Cañón del Combeima, específicamente de Villa Restrepo, Juntas, El Silencio, Llanitos, entre otras. El día 17 de abril del presente año, fue radicado en el despacho de Infraestructura y Desarrollo Rural de Ibagué, un derecho de petición en el que se solicita conocer licitaciones públicas acerca de contratación, proyectos elaborados y ejecutados, asimismo aquellos consorcios encargados de la pavimentación y mantenimiento de las vías en lo que comprende a la vereda San Francisco y sus alrededores. No obstante, hasta la fecha no ha existido un pronunciamiento oficial en respuesta a este recurso judicial por parte de ninguna secretaría o despacho.

A pesar que en numerosos esfuerzos se buscó contactar a alguna fuente oficial de la Secretaría de Desarrollo Rural de Ibagué, ninguno está autorizado para hablar delante de los micrófonos. El motivo es poner en conocimiento los motivos por los cuales se ha engrosado la de desigualdad entorno al sector de la inversión rural en Ibagué y acerca de los interes particulares que se tengan en las diferentes zonas del municipio. Secuelas de una ruralidad

La falta de atención en la ruralidad ibaguereña no ha permitido que problemáticas de movilidad, la deserción escolar y el déficit en centros de salud. Se erradiquen o al menos bajen sus índices. Lo que también hace que los habitantes requieran una mirada más allá de la administración pública, para tratarlas al instante, mejoren las condiciones de vida y no corran el riesgo de desplazarse a la ciudad, dejando en el olvido sus tierras y se pierdan los cultivos autóctonos de la región.

En las dificultades de movilidad tenemos un claro ejemplo y es en la vereda La Tigrera, cuenta Magali López una vecina del sector que una vez la vía colapsó por un deslizamiento de tierra. El trabajador a cargo de la maquinaria tenía que subir hacia la vereda y como la tigrera queda a dos horas de Ibagué, realizó incompleto su trabajo con la excusa de que lo necesitaban de carácter urgente en otro lado, tomó su foto como evidencia de que había ido y finalmente se fue. Negligencias como estas dan a entender que lo rural no es tan significativo para la ciudad y que las personas externas evitan el trayecto por el que deben cruzar para llegar a su destino.

Otra consecuencia de la ignorada ruralidad es la deserción escolar en los jóvenes del campo. Juan David Pérez un estudiante del grado décimo de la Institución Educativa San Francisco es el único hijo varón de su familia, él todos los días acompaña a su padre desde temprano en las labores que se requieren en la finca alimentar a los animales, estar pendiente de los cultivos y demás. Juan David dice que, hay veces en las que por estar pendiente de lo que su papá le delega no le alcanza el tiempo para hacer sus trabajos y en ocasiones no va ni a la escuela. Este caso de hecho es muy común en la zona, la docente Carmenza Montoya afirma que los estudiantes en noveno grado suelen retirarse de sus estudios básicos para trabajar en las labores del campo, por lo que es más rentable y porque están en mejores condiciones físicas son más solicitados en edades de 15 a 22 años de edad. En la vereda El Cedral son precarias las condiciones, que cuenta el profesor Juan Manuel Cortes que quienes van son los estudiantes de básica primaria, los grupos de secundaria están incompletos porque no se cuenta con el mayor número de estudiantes ya que al inicio van todos pero después poco a poco van dejando las aulas de clase en el olvido.

Dentro déficit de estabilidad se encuentra la salud, en estas zonas alejadas de la ciudad se presentan debilidades dado a la baja atención de los entes gubernamentales en estas se encuentran la inadecuada infraestructura de los puestos de salud, la escasa calidad del servicio por lo que no se cuenta con el número de personal o de equipamientos a la hora de atender y lo que se suple con brigadas de salud en donde pese a la gestión no se cubre ni la mitad de la población, lo que obliga a muchos al traslado hacia la ciudad. A lo que se suma el mal estado de las vías para recurrir a una urgencia o atención en los pocos sitios de salud, con base a los reportes generados por la USI (Unidad de Salud de Ibague) solo en los corregimientos de Coello Cocora, Tapias, Villa Restrepo y El Totumo se encuentran entre 2 a 3 puestos de salud y en los 17 corregimientos se carece de Unidades Intermedias, Clínicas y Hospitales.


Estas diversas situaciones ponen en desequilibrio las condiciones del campo y cuestionan cada vez más el vacío acompañamiento que ejerce la administración municipal y que no solo porque ofrecer algunos apoyos se pueda cubrir con las complicaciones que ha diario viven. Docentes, jóvenes, padres, vecinos y campesinos de las distintas veredas se sienten imposibilitados para actuar frente a lo que ocurre, es por ello Fernando Torres Presidente de la Junta de Acción Comunal y hasta el rector Andrés Emilio Torres representan la voz de aquellos olvidados por la estructura organizacional de la ciudad. Contratos aprobados y obras no realizadas

La Gobernación del Tolima, durante la administración de Óscar Barreto ha realizado numerosas contrataciones públicas con el fin de mejorar la maquinaria para efectos de calidad del pavimento en el sector urbano y rural del Departamento. El holgado presupuesto para la compra de vehículos, repuestos, herramientas, no se evidencia en el mejoramiento de las vías de acceso al sector. Asimismo, la Alcaldía de Ibagué, en la vigente administración de Guillermo Alfonso Jaramillo, ha realizado cuantiosas licitaciones, en lo que concierne al mejoramiento de malla vial del sector rural. Presupuesto que se ejecuta en diversas carteras, una de ellas, en la prestación de servicio de maquinaria.

Pero a ello se le añade que, las contrataciones que realizan ambas administraciones las ejecutan diversos entes que sirven como contratistas y que el primero que tome el contrato así lo realiza y que es muy complejo, pedir información del caso porque son personas que en ocasiones, se cambian a medida de que cumplan con lo establecido. Es por esto que, algunas obras quedan incompletas o simplemente no se realizan. En San Francisco se evidencia que en sectores de la carretera posee una placa huella que en su defecto ya ni se ve pero no seguida en la carretera sino que a kilómetros de lejanía, se podría decir que en el inicio e intermedio se encuentra. ¿En dónde está la inversión?

El presupuesto destinado al Municipio de Ibagué para el 2018 fue de $580.000 millones, ha tenido un alza del 33% desde el año 2015. En el año 2015, el Municipio invertía cerca de $300.000 millones. Tras la firma de los acuerdos de paz en la Habana, Cuba, con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, el presupuesto nacional ha tenido una serie de modificaciones.El Ejército Nacional, en convenio con la Alcaldía de Ibagué ha firmado un acuerdo para colaborar en la pavimentación de vías, agenda que hace parte del fin del conflicto en Colombia. Con la mano de obra garantizada y eficiente, las actuales administraciones cuentan con un apoyo fundamental además de un mediano ahorro a la cartera. A pesar de contar con todo a su favor, comunidades como Cataima, El Cural, San Francisco, San Ignacio, Potosí, entre otras, continúan en estado de calamidad. El ingeniero Harold Leal adscrito a la gobernación del Tolima manifestó: “existe la presencia de un buldócer en la zona de San Francisco con la intención de prever alguna emergencia que se pueda presentar. Las obras están en curso y en ejecución, algunas veredas más que otras, pero están”. Pero, ¿Por qué se realizara sectorialmente? Finalmente, en completa incertidumbre continúa el sector rural de Ibagué por cuenta de la dudosa administración de los recursos públicos, más cuándo se aproxima la época invernal, que ya ha cobrado sus primeros damnificados, con el desbordamiento del río Combeima en el sector de Villa Restrepo a inicios del mes de junio del presente año. ¿Existirá alguna solución ante este calvario?, ¿Qué alternativa tendrán que inventar los habitantes de estos sectores para llevar el mercado a las plazas de Ibagué?, ¿Cuántos estudiantes desertaran por el mal acceso a las vías?

La conclusión simplemente queda a la deriva y la manera en la cual se verá la ruralidad no será solamente de estar para los fines de semana, lo que pasa aquí es grave y no solo tendrá repercusiones para quienes vivan allí sino que para los citadinos despreocupados de ese mundo del campo que provee nuestros hogares de mercado para subsistencia humana.


 
 
 

Comentarios


  • Facebook
  • Twitter
  • Instagram
  • YouTube
  • Icono Social SoundCloud
Asset 34PNG.png

Pa' la gente
2023

bottom of page