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Las mascotas: una compañía basada en el amor


Fotografía por Santiago Cabrera

Los animales han estado al lado de las personas desde tiempos inmemorables. El sentimiento de amor brindado por unos y otros en respuesta a la compañía y la fidelidad que la otra parte otorga, comprenden una parte de las muchas historias entre seres humanos y animales.


Miles de años atrás, en las antiguas civilizaciones, las mascotas ya existían, y fueron los lobos (según las muestras fósiles recolectadas) quienes ocuparon esa posición dentro de la estructura social. A lo largo del tiempo, y con el proceso evolutivo en marcha, los perros (animales domesticados más cercanos a los lobos), gatos, aves, y demás especies, han venido situándose como figuras casi infaltables dentro de las composiciones hogareñas de las familias.


Las mascotas acompañan a cada ser que los acoja, y establecen una relación de fuertes lazos. De acuerdo con estudios realizados por organizaciones dedicadas al tema de la salud y los animales, se ha comprobado la influencia de las mascotas en la vida de las personas.


Por ejemplo, el Instituto Nacional de Salud de los Estados Unidos, en asocio con el Centro inglés WALTHAM para Nutrición de Mascotas, han adelantado investigaciones que constatan los múltiples beneficios de tener una mascota: la interacción constante con animales ayuda a disminuir los niveles de cortisol (hormona del estrés), la presión arterial, el sentimiento de soledad, así como su impacto en la mejora de las emociones y los estados de ánimo. Además, la función educadora de las mascotas se basa en el afecto y la compañía que estos irradian de forma natural, complementando muy bien el papel de acompañamiento terapéutico que los animales ejercen en beneficio de la salud de las personas.


Frente a estos beneficios de las mascotas, la médica veterinaria y zootecnista egresada de la Universidad del Tolima Nelsy Urueña, contextualiza de manera sencilla las diversas funciones que cumplen los animales en el trato y mejoramiento de la salud de los seres humanos:



La adopción responsable, sinónimo de un resurgir

El fenómeno adoptivo de mascotas ha tomado una curva ascendente en los últimos años, tanto así que es difícil conocer un hogar donde no coexista o haya habido un animal como mascota. Así mismo, el mercado de animales, tan frecuente también, refleja la cantidad de ejemplares que son adquiridos por las personas con la intención de tener un animal cerca.


Fotografía por Santiago Cabrera

La necesidad de una compañía, la presencia de niños y/o adultos mayores en las familias, el rescate ante el abandono y otros tantos factores influyen en el aumento de estas cifras en todos los niveles sociales. Es muy alto el porcentaje de personas que consideran a los animales como parte de sus familias, y los números reflejan el amplio alcance que ha tenido la adopción de animales en condiciones inicialmente desfavorables.


Al año 2017, los datos indicaban que un 43% de los colombianos tenían mascotas, según una serie de encuestas realizadas a nivel nacional por parte de Cifras y Conceptos, una firma dedicada a la consigna de datos estadísticos que reflejan el actuar de distintos eventos de tipo social. Con la pandemia del Covid, las cifras tanto de abandono como de acogimiento de mascotas se dispararon, siendo este último ítem el que tomara la ventaja y reflejara un incidente de avance:


Con datos de referencia del año 2020, la consultora Raddar detectó a través de sus cifras una población de 5 millones de mascotas a nivel nacional, repartidas a través de un 30% de hogares. Fenalco, por su parte, registra un 43% de familias con mascotas, y Bancolombia, a través de su estudio sobre el mercado de mascotas pone la cifra del 84.9% de crecimiento de este en los últimos 5 años. Sin embargo, la cantidad de animales en condición de calle también es bastante alta y desoladora.



Dos historias, un mismo sentir

Dentro de estas cifras negativas estuvo incluida en algún momento Lulú, una perrita criolla que vivió momentos donde el hambre, el sol en el día y el frío en la noche eran sus únicos acompañantes. Este animal de corte similar a un perro salchicha, de ojos claros y mirada profunda; de baja estatura, pelaje corto y de colores claros, y con alguna pequeña deformación en sus piernas, conoció los castigos de la calle en medio del hambre y la desolación que tiempo después serían cambiados por una familia que le dio la vuelta a su situación.


Lulú fue rescatada y llevada al Coso Municipal, un albergue donde, por lo menos, estaría temporalmente mejor que en medio del asfalto caliente y polvoriento que tuvo que soportar.


Archivo personal de Karol Palacio

A esta historia se conecta otra que aunque pareciera no ser tan cercana, sí es muy parecida. Medusa, una gata de tonos cafés adornados de rayas oscuras, ojos verdes y orejas puntiagudas que la asemejan a una especie de felino salvaje, arropan un tierno ser que fue sacado de un atiborrado basurero donde yacía desesperada por la falta de aire dentro de una bolsa de plástico. Los maullidos constantes alertaron su situación y alguien que pasaba cerca se dio a la tarea de rescatarla en un acto que para muchos pueda parecer simple, pero que fue el final de un sufrimiento y la transición hacia un mejor futuro de este indefenso y miedoso animal.


La vida de estos dos animales ha cambiado bastante desde el momento en el que llegaron a sus nuevos hogares. Lulú fue acogida inicialmente por Valeria Palacio, quién en busca de compañía encontró en esta perrita un ser incondicional que llegó a llenar vacíos. Con el paso de los años, la adaptación de Lulú al hogar fue bastante positiva, y ante las diversas ocupaciones de Valeria, fue Karol, su hermana mayor, quién arropó a la mascota y adoptó el papel de madre junto con su pareja y Mona, otra integrante más de la familia que en medio de su alegría canina encontró en Lulú una amistad sincera para toda la vida.


Por su parte, Medusa, tan tímida en principio debido a las secuelas de violencia y abandono que sufrió, le tomó cierto tiempo acoplarse a su nuevo estilo de vida. El amor, las caricias y la comprensión de parte de Melany Cabrera y su familia han hecho de la estadía de la gata en este hogar una historia llena de anécdotas y mucha felicidad.

Fotografías por Santiago Cabrera

“Medusa nos ha llenado de alegría” dice Melany, quien con una sonrisa en su rostro y con su mirada atenta a las volteretas y ademanes hechos por su mascota, habla con la tranquilidad y la felicidad que le transmite el saber que está haciendo parte de un bonito proceso en beneficio recíproco.


Karol, en medio de la alegría que sus dos mascotas le transmiten mientras les masajea su estómago, destaca que “estos dos animales han sido muy importantes en nuestras vidas”, en referencia a ella y su novio, quienes han estado al tanto de todo lo que Mona y Lulú necesiten. Así mismo, señala que la mejor retribución por parte de sus mascotas ante lo que han hecho por ellas es el amor que constantemente les transmiten.


A estas conclusiones han llegado tanto Karol como Melany, y muchas de las personas que tienen mascotas, reflejando la importancia que los animales tienen en la vida de los seres humanos y el aura positiva que transmiten a quienes hacen parte de su existencia.




El abandono, la otra realidad

A pesar de la gran acogida que ha tenido el fenómeno de adopción y su elevado crecimiento en los últimos años, las cifras de abandono animal siguen siendo altas y bastante preocupantes. En Colombia, los datos, aunque no recogen la totalidad de los casos, sí dan una idea general de esta realidad: el año 2020 marcó un lamentable registro de más de 100 mil animales en situación de calle en Bogotá, al igual que en Barranquilla; mientras que en Medellín se viene dando un promedio de 50 mascotas en esta situación cada día.


Entre tanto, en otras capitales como Manizales, Ibagué, Bucaramanga, Cali y Cartagena, los números no son muy ajenos a esta realidad y marcan un promedio alto de perros y gatos callejeros que aún no cuentan con un hogar, de acuerdo a cifras suministradas por entidades gubernamentales e instituciones de tipo privado dedicadas a recolectar este tipo de información.


Fotografía por Santiago Cabrera

El contraste entre abandono y adopción es latente, y aunque sacando cálculos con las cifras oficiales la ventaja se inclina hacia el proceso de acogida de mascotas por parte de las personas, son muchos los casos de animales que siguen sufriendo el calvario del abandono y aunque ante oído de todos no lo puedan expresar, estos sí merecen una mejor calidad de vida, basada en el cuidado y el amor.


 
 
 

1 comentario


Invitado
18 oct 2023

Excelente nota!!!

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